El Pelagallinas, el río más frío

El Pelagallinas, el río más frío

La riqueza natural y monumental de Guadalajara es interminable. Y todavía, mucho del patrimonio provincial está por descubrir. Es el caso de uno de los entornos más impresionantes de la sierra arriacense. Se trata del valle del río Pelagallinas, cuya  ruta se inicia en el pueblo de Condemios de Arriba (1300 m) subiendo por pista entre el pinar norteño hasta el collado de Cabezo Encimero (1478 m), por donde cruzaremos a la vertiente sur para ir a cruzar la carretera de Condemios, continuando por la orilla derecha del río Pelagallinas hasta alcanzar el pueblo bonito pueblo de Prádena de Atienza, donde finalizará esta verde y boscosa ruta.

Cuenta la leyenda  que una mujer que tenía siempre sueño, cansada de bostezar durante todo el día, oyó una conversación que decía: “si en la mañana de San Juan, te levantas antes de amanecer, y te lavas la cara con agua fresca del río, no tendrás sueño durante todo el año”. Aquella mujer espera a la mañana del citado día y antes del amanecer, metió las manos desnudas entre las aguas del Pelagallinas, para después echarse el agua por su cara serrana. Cuentan también, que después de aquel día, no hubo en el pueblo, persona más despierta y lozana, más alegre y jovial durante toda su vida.

En las turberas de este río, de aguas muy frías, crecen plantas carnívoras, las drosseras. ¡Pero calma!, sólo son mortales para los insectos. Su curioso nombre proviene del latín "pera galena" o "pela galena" (piedra blanca), en referencia a la piedra blanca que se da en la sierra del Alto Rey y que la diferencia de la pizarra negra de la zona del Ocejón. Ello es una característica que singulariza perfectamente este río de los muchos otros existentes en una zona toda de pizarra. Con el devenir de los años, el nombre fue cambiando al actual Pelagallinas.

Cuando el viajero llega al Pelagallinas, queda impresionado por la frondosidad del bosque. Las ramas de los árboles apenas dejan atravesar los rayos de Sol. Al lugar se accede por la carretera que une Aldeanueva de Atienza y Condemios de Arriba. A mitad de camino entre ambas localidades es donde se encuentra el enclave. Allí hay un merendero, con posibilidad de aparcamiento en una pequeña explanada. En este punto existen, a disposición del público, un refugio y unas mesas. También hay unas barbacoas, cuya ubicación es extremadamente peligrosa. Se encuentran construidas a pocos metros de los árboles.

Todo el que se acerque hasta la zona, podrá observar que, desde el merendero parte una pista forestal, paralela al río. En este caso, la ruta recomendada es la que sigue la dirección del agua del Pelagallinas. Es decir, la que, para poder acceder a ella, hay que cruzar la carretera. Es un camino que, por su buen estado general –salvo cuando llueve-, permite recorrerse en coche o andando. Según se avanza, se irán sucediendo zonas más frondosas de bosque o pequeñas praderitas, donde no es raro encontrar rebaños de vacas pastando o antiguas parideras –o tainas-, donde se resguardaba el ganado. Todo ello sin perder de vista el río.

Poco a poco, el pinar irá dejando paso a un paisaje mucho menos denso. La claridad irá ganando terreno hasta llegar a una pradera, donde la pista forestal vira a la derecha y se vuelve a internar en el bosque. Este será el momento de que aparquen el coche todos aquellos que hubieran decidido hacer el camino en vehículo. La ruta debe finalizarse andando. Para ello, hay que acercarse hasta el río –que siempre se ha mantenido paralelo a los viajeros-, y atravesarlo. Una vez en el otro lado, se seguirá su curso hasta llegar a unas pozas aptas para el baño, sobre todo en verano. Es precisamente esta estación la más agradecida para conocer el agua del Pelagallinas, puesto que su temperatura pasa por ser una de las más bajas de la provincia.

Pero si el viajero quiere finalizar la ruta propuesta, tendrá que cruzar estas balsas –con chapuzón de por medio, o no- y acercarse a un abrigo rocoso que surge a pocos metros del lugar de baño. Se trata de una cavidad con una impresionante entrada, aunque de escasa profundidad, que surge en las faldas del Alto Rey –sierra que delimita el río protagonista del itinerario-. Es el paraje conocido como Cueva del Oso. Un enclave de inigualable belleza, que bien merece una tarde de paseo.

Durante la caminata, se habrán podido observar diversas especies arbóreas. Entre ellas, pinos silvestre, álamos temblones, melojos, jarales o brezales. Además, en las turberas formadas por el río se albergan un gran número de especies protegidas. Y si se tiene suerte, y no se hace mucho ruido, se podrán observar algunos de los componentes faunísticos de la zona, como la nutria, el gato montés, el mirlo acuático, el buitre leonado, el águila real o el halcón Peregrino, entre otros. De hecho, la gran importancia de las aves de presa rupículas de la zona ha hecho que el Pelagallinas haya sido incluido dentro de la Zona Especial de Protección para las Aves (ZEPA) de la Sierra de Ayllón.

Los accesos al lugar

Para llegar al Pelagallinas desde Guadalajara, hay que optar por la carretera que une la capital con Humanes de Mohernando. Una vez en esta localidad, se debe tomar el desvío que lleva hasta Cogolludo, desde donde habrá que seguir el camino de Atienza hasta el desvío de Hiendelaencina. Se atraviesará esta localidad para ponerse en dirección Villares de Jadraque, Bustares y Aldeanueva de Atienza. A medio camino entre este último municipio y Condemios de Arriba, es donde se encuentra el valle del río Pelagallinas.

La zona, además, permite muchas opciones de hostelería, tanto para comer como para dormir. En el primero de los casos destaca el Mesón Sabory en Hiendelaencina. En cuanto a las pernoctaciones, hay varias casas rurales en Bustares, tanto de alquiler íntegro –La Taina o La Hiruela- como por habitaciones –Pájaro Bobo-.

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