Covarrubias enamora con el claustro de San Bartolomé en Lupiana

El claustro de Alonso de Covarrubias ha sorprendido a numerosos visitantes.Las I Jornadas Peregrinas Camino Real de Guadalupe se han cerrado con mucho éxito de público, de hecho, se han superado todas las previsiones, ya que, han acudido a las charlas y posterior visita al monasterio de San Bartolomé en Lupiana al menos 200 personas que han mostrado gran interés por este edificio, que conserva un bello claustro trazado y construido, al menos en parte, por Alonso de Covarrubias.

Ha sido una mañana intensa que remataba unas jornadas que comenzaban el viernes y que se han desarrollado en Guadalajara, Lupiana y Horche, ayer, la mayor parte de las actividades consistían en realizar visitas a estas tres localidades. En la cita de hoy, comenzaba Antonio Herrera Casado impartiendo a los asistentes la charla "El arte en el Real Monasterio de San Bartolomé de Lupiana", que servía de previo para la visita posterior.

Tras él, José Mª Revuelta Somalo hablaba del "Origen y expansión de los Jerónimos en la Península Ibérica: 1373-1414", ante un numeroso público, que ha ocupado todas las sillas que se habían dispuesto e incluso muchas personas asistían de pie. Otras, no podían pasar y esperaban para poder realizar la visita al monasterio que, excepcionalmente, abría hoy sus puertas. Normalmente, las visitas son los lunes por la mañana.

Han asistido al menos 200 personas a las charlas y la visita.Los inicios de la orden Jerónima

Explicaba Revuelta Somalo cómo se originó la orden Jerónima, que es española. Fue fundada por Pedro Fernández Pecha y Fernando Yáñez de Figueroa. El primero nació en Guadalajara en 1326, tenía un hermano que era obispo de Jaén y cuatro hermanas. En la Corte, desempeñó distintos cargos para Alfonso XI y Pedro I.

Mientras que Fernando Yáñez de Figueroa nació en Cáceres, fue capellán de la Capilla de los Reyes Viejos de la catedral de Toledo, de donde tuvo que huir y se estableció en una ermita, Villaescusa, entre Orusco y Ambite que llegó a tener fama de mucha caridad. Por eso, cuando en 1366, Pecha tuvo que huir de la Corte, terminó dirigiendo allí sus pasos.

Mientras huía de la Corte, Fernández Pecha se encontró en su camino con monjes llegados de Italia que acudían a España creyendo en la palabra profética de Tomás Succio de Sienna que dijo que veía que el Espíritu Santo descendía sobre nuestro país en la fundación de una religión. Unieron sus pasos y se les fueron sumando otros religiosos.

No tenían residencia fija y, finalmente, llegaron a Villaescusa, donde Fernando Yáñez de Figueroa estaba. Se fueron sumando más hombres y como ya no cabían, Pecha marchó hasta la ermita que su tío Diego Martínez de la Cámara había fundado en la ladera sur de Lupiana en 1330, y dónde fue enterrado siete años después.


La iglesia ahora es un jardín interior.Se trasladaron allí todos los religiosos, que no eran monjes aún. En 1372, Pecha viajó a Avignon a ver al Papa para pedirle permiso para crear una orden religiosa. El papa Gregorio XI les recibió y les preguntó en honor a quién fundarían la orden y le contestaron que a San Jerónimo.

En la misma época, en el siglo XIV, surgieron en Italia distintas congregaciones bajo el patronato de San Jerónimo, como los Jesuatos y la congregación de Pisa. El cardenal Pedro Orsini pidió a la comunidad del monasterio de Santa María del Santo Sepulcro, en Florencia, que les cediera las constituciones y reglas y los españoles las aceptaron como propias.

En 1374, Pedro Fernández Pecha fundaba el monasterio de San Bartolomé de Lupiana, el primero de la orden Jerónima, aunque continuaba siendo seglar. A la fundación, asistía el arzobispo de Toledo, Gómez Manrique. Pedro Pecha a pesar de no ser monje, fue nombrado prior por el Papa que le dio permiso para formar otros cuatro monasterios jerónimos.

A su vuelta a España, Pecha apenas se quedó en Lupiana porque tenía que crear esos tres monasterios. Se enteró de que Guadalupe era una potencia económica y, por eso, construyeron allí el segundo monasterio, yéndose la mitad de los monjes de Lupiana allí para poder hacerlo posible. De hecho, Pedro Pecha murió allí, donde también lo enterraron, porque dieron más importancia a aquel que a éste.

El artesonado es sencillo, pero bonito.El monasterio o lo que queda de él

Ya tenían la orden fundada, pero no tenían donde vivir. Construyeron un claustro de barro, con sus propias manos, y unas cuantas casillas para habitar, pero vivían en una gran pobreza. En 1472, el arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo, visitó a los monjes y al ver cómo vivían, decidió que les costearía un claustro mejor. Se construyó un claustro gótico que fue muy alabado en la época. Tanto que atrajo las ayudas y parabienes de otros nobles.

En 1418, aproximadamente, fue cuando se construyó un segundo claustro, que se dedicó a Hospedería. Con la ayuda económica de Aldonza de Mendoza, hermana del Marqués de Santillana, se agrandó la iglesia. Después, se construyó el tercer claustro, dedicado a Enfermería, creen que fue entorno a 1506-1507.

El edificio sufrió otras transformaciones, una ampliación de la iglesia dedicando la capilla mayor a panteón del Conde de La Coruña; luego, fue capilla real (cuando Felipe II crea el Señorío de Lupiana en 1569). Entonces, se derruyó la antigua estructura y se construyó otra de estilo postherreriano, en el siglo XVII.

Los monjes permanecieron en este monasterio hasta 1835, cuando les llegó el decreto de expulsión. Abandonaron el lugar en 1836, cuando pasó a manos de la familia Páez-Xaramillo y, por matrimonio, pasó a ser propiedad del marqués de Barzanallana, que demolió los edificios ruinosos. La iglesia, que se había transformado en pajar cuando los monjes se marcharon, se recuperó para el culto en 1895.

En 1932, las bóvedas desaparecieron, hay teorías que dicen que se cayeron solas y otras que, ante la amenaza de ruina, se derribaron, y se convirtió la nave en el jardín interior que podemos contemplar hoy en día. En 1931, fue declarado Monumento Nacional. Aunque la iglesia sigue estando muy mal, cuenta con grapas metálicas para sostener algunas partes. De hecho, comentaban en la visita que se ha realizado con motivo de las I Jornadas Peregrinas Camino Real de Guadalupe, que la iglesia está asentada en sustrato arcilloso y que, tarde o temprano, se derruirá.

La portada de la iglesia que creen que terminará derruyéndose.Claustro de Covarrubias

"Hay mucha gente que no conoce el monasterio y he visto que se sorprenden cuando ven este claustro" decía Eduardo Pastor que junto a Antonio Herrera Casado han realizado las visitas guiadas. Pastor explicaba que el claustro conservado es de Covarrubias y añadía que existe una firma en una parte, sin revelar cuál. Este claustro se edificó sobre el que mandó construir el arzobispo Carrillo, que había sido en origen el claustro de los Santos. Aclaraban que Covarrubias estaba limitado a construirlo donde estaba el anterior.

En la parte norte, actuó directamente Covarrubias (1636) y la piedra es de más calidad, mientras que el resto de partes tienen piedra más basta. Además, las columnas de Covarrubias son rectas y las demás son más tripudas, no son tan esbeltas. Como curiosidad, comentaban que uno de los capiteles podría aludir a la historia de Cristóbal Colón, según algunas teorías de historiadores, pero Eduardo Pastor, que dirigía una de las visitas al monasterio, cree que es un simple vanitas, es decir, que representa lo efímero de la vida.

En uno de los lados del claustro, estaba el refectorio y las cocinas, (donde está ahora el jardín con el busto de Barzanallana). En el lado opuesto, está la sala capitular que está en ruinas y no se puede visitar, aunque comentaba Eduardo Pardo en la visita que la familia propietaria está pensando en restaurarla.

Eduardo Pastor, en el centro de la imagen, y Antonio Herrera Casado han realizado la visita guiada.Al lado, la capilla, que tampoco puede visitarse porque es de uso privado. En el zaguán que comunica con el jardín, se ven los frescos en los que se distingue a San Bartolomé y Santa Bárbara, que podrían datar del siglo XV. También, hay algunos resquicios de lo que pudo ser arte mudéjar, en un lateral de la puerta de la capilla.

El edificio permanece cerrado todos los días, salvo los lunes por la mañana, cuando los propietarios abren las puertas para que quien esté interesado pueda visitarlo. Aunque, normalmente está sin habitar, en verano, sí que acuden a pasar allí las vacaciones de estío. Además, ocasionalmente, se celebran bodas.

El espacio desprende un aura de antigüedad y paso del tiempo que se mete por los poros del visitante, imbuyéndolo en su atmósfera medieval. Ahora, hay más verde que piedra, puesto que lo que queda del monasterio está rodeado de jardines, bien cuidados y bellos que mostraban su mejor cara, la de la primavera.

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