Campisábalos y su iglesia del S.XIII

Campisábalos y su iglesia del S.XIII

Lo que más llama la atención al llegar a la plaza de Campisábalos, es su iglesia de San Bartolomé. Se trata de un templo románico del siglo XIII, donde coexisten diversas influencias, como las cistercienses o las mozárabes. Sin olvidar que la torre del campanario es un añadido posterior al resto del conjunto.


El santuario se alza como el punto neurálgico de este pueblo de la serranía de Guadalajara, que según el Instituto Nacional de Estadística (INE) cuenta con 65 habitantes empadronados, aunque apenas una treintena se atreven a vivir de continuo durante todo el año.

El acceso al edificio se abre en el lado sur, protegida por un atrio, al que se entra por dos puertas, y en el que se distinguen hasta cuatro columnas. El pórtico de entrada al edificio es típicamente románico, compuesto por cinco arquivoltas. Es precisamente aquí donde se pueden distinguir las influencias mozárabes, al ser la parte inferior polilobulada.

En el interior del templo, se distingue claramente la cabecera, gracias al arco de medio punto que la separa del resto de la estructura. La nave mantiene las antiguas proporciones, según se asegura en la obra de Ruiz, Frontón y Pérez “La Herencia Románica en Guadalajara”. La bóveda de cañón se encargará de cubrir la extensión interna del monumento.

Como dato curioso, antiguamente, la parte trasera de la iglesia acogía un cementerio románico. Tras diversas reformas, ese camposanto desapareció. Sin embargo, se quisieron conservar algunas lápidas, exponiéndolas en el atrio. Así, se han conseguido preservar unos buenos ejemplos de arquitectura funeraria.

Capilla de San Galindo

Pero si la iglesia de San Bartolomé ya es impresionante, no lo es menos la capilla anexa. Adosada al muro sur, se encuentra dedicada a San Galindo. También de estilo románico, se accede directamente desde la calle, sin atrio de por medio. Para ello hay que atravesar un pórtico cuya estructura es parecida al de San Bartolomé, aunque, en esta ocasión, con sólo cuatro arquivoltas. Eso sí, se sigue respetando la composición polilobulada en la inferior.

El interior de la capilla, más recogido que el del templo, se cubre también por una bóveda de cañón. En el prebisterio hay un pequeño rosetón, que deja entrar la luz procedente del atrio de San Bartolomé.

En el medio de dicha composición –de una clara influencia mudéjar-, se puede observar el Sello de Salomón y la Cruz de la Orden Militar de San Juan. El primero de los dibujos, el referido a Salomón, consiste en “dos triángulos equiláteros entrecruzados entre sí, formando seis esquinas”, recordaba Manuel Granado, guía de la expedición que CEOE-Cepyme organizó hace unos días para que periodistas de toda España conocieran este rincón de Guadalajara.

Pero si hay un elemento destacable en la capilla de San Galindo, ese es el friso que representa las labores labriegas a lo largo de los 12 meses del año. Se ubica en el muro exterior que une la portada de la capilla y el atrio de la iglesia. El hecho de que se encuentre a la intemperie, junto con que se construyese con caliza –una piedra relativamente blanda-, ha hecho que el relieve no tenga el mejor estado de conservación posible.

A pesar de ello, se pueden distinguir 14 escenas, que se leen de derecha a izquierda -¿herencia islámica, quizá?-. En las dos primeras se representan el enfrentamiento ecuestre entre dos caballeros –posiblemente uno cristiano y otro islámico-, y la caza del jabalí. A partir de ahí, comienzan las labores agrarias desde enero a diciembre.

Para entrar a la iglesia, llamen a Severino

Tanto la iglesia de Bartolomé de Campisábalos, como su capilla aneja, son visitables por el público. Sólo hay que llamar a Severino Simeón, un vecino de la localidad que es el encargado de abrir el templo. “Antes la enseñaba el alguacil, pero ahora no hay alguacil y me dejaron a mí a llave”, señala Simeón, quien señala que a cualquiera que le pregunte por el santuario, se lo enseña.

Severino recuerda que, no hace tanto, la localidad llegó a tener 600 habitantes, médico, dos escuelas o un cura que vivía de continuo en el pueblo –ahora, en invierno el sacerdote sólo va cada 15 días, y en el verano, todos los domingos-. Después, llegó la emigración, y Campisábalos vio mermado su número de vecinos. Sin embargo, en época del estío, los residentes en la localidad pueden incrementarse hasta los 400.

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