Raúl Ramírez. Foto: Juan Pelegrín. www.las-ventas.com Raúl Ramírez. Foto: Juan Pelegrín. www.las-ventas.com

La Rebelión de los Poderosos y La Tauromaquia irreconocible...

Rafaelillo, Ureña, Ferrera, Escribano, Aguilar, Sánchez Vara, Castaño, Robleño, Mota, Pinar.., son TOREROS capaces de hacer frente, con mayor o menor fortuna, a todos los TOROS que salen por toriles y de los que, las llamadas figuras, no quieren saber nada. O lo que es lo mismo: si no fuera por aquellos, deberíamos de olvidarnos de ver lidiar reses que, por pavonearse de ser Toros de Lidia en total plenitud con las características inherentes a los mismos, ya se habrían extinguido como está pasando en algunos casos.

Después de haber transcurrido más de los tres cuartos del largo ferial isidril, con la baja calificación de decepcionante; se nos anunció por la empresa organizadora, una semana torista que se inició el pasado domingo. No puede existir mayor incongruencia taurina en semejante calificativo..; es como si se proclamara a grito pelao y a los cuatro vientos que: ... a partir de ahora les vamos a ofrecer TOROS para compensarles de lo que le hemos endilgado anteriormente..; quedándose, esta gente, tan pancha y sin que ningún profesional figurón se dé por aludido. Así está el patio.., de cuadrillas.

La celebración de estos varios festejos con semejantes ganaderías, no te aseguran sino la realidad, muchas veces cruda, de La Tauromaquia. Lo cual con la que está cayendo es más que suficiente. Toros a los que hay que poderlos, dominarlos, someterlos y, si se puede, torearlos hasta los límites de la razón. Para ello se necesitan toreros valientes y, sobre todo PODEROSOS, que quieran dejar su palmaria REBELDÍA y profesionalidad.

El domingo, fue una alegría la corrida de Baltasar Iban. El lunes, una corrida de Adolfo Martín con más sombras que luces y ayer, para demostrar que todo lo ya expuesto al principio de la crónica no es un imposible, se enfrentaron en Las Ventas a las reses con el hierro de Moreno de Silva con sangre Saltillo, los rebeldes: Sánchez Vara, Alberto Aguilar y José Carlos Venegas.

Lo que ocurrió fue, que desde que saltó a la arena el primer animal hasta que se arrastró el último fuimos transportados, todos los allí asistentes, a un festejo de finales del siglo XIX... y presenciamos una Tauromaquia irreconocible, salvo por los que debido a su pasión por la historia de la misma, la recordamos por las añejas crónicas de la época.

Fue una catarsis sin medida la que sufrimos ante: el pésimo juego, la mansedumbre de todas las clases posibles, la mínima lidia, el peligro, el descontrol, el miedo, el pánico... que de todo hubo por obra de cinco toros, sin excesivo trapío, que no tuvieron más de 510 kgs de media, largos como trenes, escurridas tablas de cuello y que cuatro de ellos fueron simplemente: irreductibles, ilidiables e imposibles.

Si hacemos la salvedad de los dos últimos, que admitieron algo el quehacer moderno, los demás fue una guerra de guerrillas para poder defenderse de: los variados ataques por sorpresa, los arreones, las persecuciones, los acosos... que configuraron una épica sin pausa. Una Tauromaquia decimonónica que, a pesar de todo, tuvo sus héroes y no fueron pocos.

El desastre en el que se convirtió del tercio de varas, ante un ataque sin control y lidia alguna de 29 entradas al caballo contabilizadas y otros tantos intentos para domeñar lo irreductible, fue el mayor argumento para que el caos total se adueñara de un festejo simplemente esperpéntico.

No había posibilidad de aplicar a todo lo que ocurría reglamento alguno, por la simple y sencilla razón de que el festejo era de una época casi sin reglar. Solo eran aplicable los cambios de tercio y que fuera lo que pudiera ser. Y cuando desde el palco se quiso significar las actuales exigencias, simplemente resultaron inapropiadas.

La fortuna quiso que todos los participantes salieran libres hasta del mínimo revolcón, gracias sobre todo a la pericia de subalternos y diestros actuantes. De estos, resaltar el ardor guerrero de Alberto Aguilar, los apuntes de Venegas y la voluntad y oficio de Sánchez Vara. Y por el otro escalafón: David Adalid con los palos, logrando el par de la feria, César del Puerto, Curro Vivas y Rafael González en la brega.

Pero todos, absolutamente todos, fueron partícipes y nosotros espectadores de un espectáculo taurino de unos 125 años atrás. Curiosamente nadie se sintió estafado y mucho menos lo encontró aburrido.

La Tauromaquia nos da estas sorpresas y por eso, simplemente por eso, gracias a la rebelión de los toreros poderosos, será inmortal.

Ficha del Festejo

Plaza de las Ventas 31/5/2016
Toros de Moreno de Silva, mansos, peligrosos e ilidiables salvo los dos últimos.
Sánchez Vara: silencio y palmas.
Alberto Aguilar: silencio tras dos aviso y ovación.
José Carlos Venegas: palmas y tres avisos y palmas.

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