Juan José Padilla fue cogido poniendo un par de banderillas al primero. Foto: Juan Pelegrin. http://www.las-ventas.com Juan José Padilla fue cogido poniendo un par de banderillas al primero. Foto: Juan Pelegrin. http://www.las-ventas.com

El Pentecostés de Juan José Padilla

Bajo el dictado de la tradición, que señala a uno de los jueves del año más relucientes, se celebró el festejo vigésimo del ferial isidril. Lo hizo bajo la dirección de la lidia de Padilla, Fandiño y José Garrido, sobre los pupilos de Juan Pedro Domecq herrados con la marca Parladé. Que viene a ser lo mismo.., pero que como de esto no saben ni los ganaderos, salieron todo lo contrario a los del otro hierro de la casa, el de Veragua, que resultó un fiasco de aquí te espero en el día del Santo.

No habría pasado un cuarto de hora y quiso la Providencia que no se estropeara la festividad, ante la traicionera agresión del primer toro a Padilla, cuando ladinamente el bruto, se medio frenó en el embroque del primer par de banderillas: lo encunó, arrolló, derribó.., lo apisonó y le envió sin tino una sarta de cornadas que dejaron al jerezano maltrecho y finiquitadas las siete moscas que andaban por allí revoloteando.

El Ecce homo que resultó de aquello, dejó compungido al personal hasta que el torero volvió de la enfermería. Pero hasta entonces Padilla puso en marcha lo que podemos declarar como la mejor actuación suya en Madrid. Se peleó en el tercio de franela con valor, cierto logro de toreo y sobre todo con las agallas que tiene este hombre curtido en mil batallas. Mató rápido con decencia a un toro que duró muy, muy poco debido a su excesiva romana.

Su segundo enemigo, una preciosidad de toro, inició un cambio en el comportamientode las reses hasta ese momento lidiadas y que se habían agotado por la misma razón antes esgrimida. Si la corrida hubiera tenido cinco arrobas menos en cada toro, la tarde..; en este toro lució Fandiño con un ajustado quite por gaoneras. Repitió Padilla con banderillas para, incluso haciéndolo mejor, dejar constancia de que, él habrá perdido un ojo en acto de servicio, pero la vergüenza torera la tiene intacta. Una faena corta, pero vistosa y ajustada, dio paso a una buena estocada y el sonoro reconocimiento general del sanedrín taurino.

Volvía Fandiño y lo hacía apurado de triunfo. Para que cogiera ánimos y facilitarle las cosas, el toro resultó un manso de aviesas intenciones declaradas a la salida de dos encuentros con el penco escupiéndose, más que suelto, de las citas. El buen banderillero Iván García, puede dormir tranquilo el resto de temporada porque ya pasó lo que tenía que pasar. Marrajo de tomo y lomo, en la muleta metía la cabeza para acabar dando trompazos que rápidamente convertía en calamocheo apuntando a la cabeza, tronco y extremidades del de Orduña. Un imposible, que en la suerte de matar le cortaba la salida y como saludo le decía: luego nos vemos... Fandiño, lógicamente se descompuso y terminó como pudo. Una entremezcla de música de viento, al final del todo, me pareció...

Como esta vez el quinto fue bueno, aunque duró poco, con el recibo de capa estuvo bien lanceando a la verónica con gusto; y con la muleta lució al toro de largo y se lució él en dos series, con un hacer que gusta realizar cuando puede y sobre todo le dejan. Como el funo se apagaba por momentos, acortó distancias y aquello bajó el tono de su labor. Desprendida la espada y muerto el toro, la pequeña división en los tendidos fue un final con sabor agridulce. Se le vio un esfuerzo por salir del atolladero donde da la sensación de estar. Esperemos.

El joven Garrido muestra un buen estilo de toreo que tiene su personalidad; aunque en formación. Le cupo el mejor lote, con un primero que no se picó porque, además de no ser necesario, el toro llegaba andando al caballo, saludaba al piquero y volvía grupas educadamente... y así embistió en la muleta; educadamente. Igual trato le dio el torero ante la sosería de su enemigo. Pero como de formación hablamos, debió enfadarse al menos un poco. La espada ya conocíamos que no es su fuerte y esa asignatura es de las que hay que aprobar en junio. Siempre.

El sexto, de nombre Recaudador, ya le vale... además en época de declaración anual, simple y llanamente fue un buen toro. Lanceó con clase el torero y embistió con raza el toro. Peleó en varas con ganas apretando con estilo y fue pronto y noble mientras duró. En la muleta acudió franco y alegre de largo, con tranco de bravo completando una colaboración con el pacense que rayó a buen nivel. Pero como a toda la corrida el exceso de peso le pasó factura y, en las cercanías, el animal mucho se lo pensó. Repitió Garrido de nuevo su calvario con la espada y aquello se acabó con el convencimiento generalizado de que pudo haber sido bastante más. O sea: la obesidad... y otras cosas.

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