Una de las imágenes del rodaje de Miguel Ángel Langa en la cara sur del castillo de Zafra. Una de las imágenes del rodaje de Miguel Ángel Langa en la cara sur del castillo de Zafra.

Una noche de rodaje timelapse al pie del castillo de Zafra

Es noche cerrada en la comarca de Molina de Aragón en esa transición del 2 al 3 de agosto. En el cielo la luna está ausente, pero también las nubes, y el manto negro ofrece un maravilloso espectáculo de miles de estrellas con una vía láctea perfectamente definida, con esa leche derramada por el pecho de la diosa Hera que relataban los griegos, que resulta mucho más brillante hacia Sagitario y que tiene ese aspecto de un gran neón envuelto entre algodones.

Sobre ese telón de fondo se dibuja la silueta del castillo de Zafra, ese castillo tan de moda gracias a Juego de Tronos. Sin nada de luz artificial, y solo con el destello de las estrellas se puede ver perfectamente sus formas, el roquedo, el paño de almenas y esa desafiante torre del homenaje retando a la gravedad, que ya será para siempre la Torre de la Alegría, bautizada así por la serie en su sexta temporada. Entre las sombras todo parece una maqueta de cartón piedra, no solo porque se pierden los volúmenes, sino también porque el de Zafra es un castillo pequeño.

Cuesta imaginar dentro del pequeño recinto amurallado a esos 500 hombres armados que cuentan las crónicas históricas que acompañaron al tercer señor de Molina, Gonzalo Pérez de Lara, en 1222, resistiendo no solo el ataque del monarca Fernando III, sino incluso dos meses de asedio posterior. Dicen que había grandes cuevas excavadas, pero nada de eso queda.

Con el picado que hace con su cámara Miguel Ángel Langa el castillo de Zafra no solo se agranda, sino que además se ilumina. Es la magia de la fotografía nocturna, donde el objetivo es capaz de captar en esta penumbra mucho más de lo que  ve el ojo humano, con una larga exposición y la ayuda de dos flashes sincronizados. No solo se ven los colores y volúmenes del castillo, también esos cientos de estrellas y la vía láctea tan cercana que parece que se puede tocar.


Miguel Ángel Langa preparando el equipo para el rodaje de “Night Lights”, en el castillo de Zafra. FOTO: J.Fraile


Miguel Ángel Langa, para quien todavía no lo conozca, es un molinés  de 38 años apasionado por el timelapse, esa técnica fotográfica que capturando fotografías fijas en determinado intervalo de tiempo es capaz de mostrarnos en movimiento aquello que ocurre tan lento que no se ve, como el anochecer, el movimiento estelar o el paso de las nubes.

Empezó en la fotografía casi por casualidad, cuando hace cuatro años se apuntó a un rally fotográfico en Molina, con una cámara compacta prestada y quedó ganador. Se dio cuenta que tenía ojo para ver dónde estaba la foto y aquello lo motivó. Luego vino la compra de su primera cámara réflex y el timelapse, con el castillo de Molina como protagonista, que definitivamente le enganchó al objetivo, a la paciencia y a ese querer enseñar al mundo entero lo bonita que es su tierra, la comarca molinesa.

Todo ello con un carácter totalmente autodidacta, donde no solo hay que aprender fotografía, sino informática y electrónica, para apañar los dispositivos que automatizan los disparos a intervalos de la cámara o su recorrido sobre una especie de railes, llamados slider.

Al primer timelapse de “El Castillo”, le siguió “Un año en el barranco de la hoz”, creado hace dos años, que resume en 4 minutos las cuatro estaciones sobre este enclave geológico de Ventosa con más de 250 horas dedicadas, 125 días, más de 4.000 kilómetros recorridos y más de 10.000 fotografías, montadas en un video que ya tiene más de 37.000 reproducciones en Vimeo.

Luego vino el trabajo del “Alto Tajo”, con otros siete meses de tomas fotográficas que se exhibió en la última edición de Fitur y ahora se encuentra en la elaboración de “Night Lights”, donde de nuevo los paisajes molineses son protagonistas, salvo que ahora bajo la óptica nocturna, algo que realmente solo se puede hacer con el timelapse y que enseña un paisaje imposible de ver de otra manera.

Precisamente en el rodaje de la última secuencia de este nuevo trabajo, en el castillo de Zafra, es donde acompañamos a Miguel Ángel Langa, para comprender un poco más esta loca pasión, que no tiene ningún ánimo de lucro y sí mucha dedicación y amor por su tierra, y que tiene como resultado esos vídeos que enamoran.

Comenzó a rodar este trabajo el 8 de junio y ha sido una carrera contrarreloj, al que Langa ha dedicado todo el tiempo libre que le deja su profesión de conductor de ambulancias, para tenerlo listo y poderlo presentar el 20 de agosto en la IV Muestra Internacional del Timelapses “El Castillo”, que el propio Langa impulsó desde SOCUMO (Sociedad Cultural Molinesa) y que ha colocado a Molina de Aragón en el mapa de los principales certámenes de este tipo, con trabajos que llegan de todo el país e incluso del extranjero.

“Vaya la vía láctea está más lejos de lo que yo pensaba, lo mismo tengo que empezar más tarde”, comenta Langa, excusándose, mientras empieza a colocar los trípodes de los flashes y el slider de la cámara a pie de la fortaleza, en su cara sur. Son las once de la noche y en contra de lo que pudiera parecer no somos los únicos visitantes nocturnos del castillo de Zafra. Hay otros tres madrileños, Alberto Ablanque, Armando Diosdado y Enrique Escobedo, también locos apasionados por el timelapse, que ya conocen a Langa y su trabajo y que han acudido por acompañar y realizar sus propias tomas, aunque al otro lado del castillo, para no estorbar.


La silueta del castillo de Zafra se dibuja en la oscuridad a pesar de la ausencia de la luna con la luz de miles de estrellas. FOTO: J. Fraile

Los 18 grados de temperatura de esta noche estival molinesa se agradecen con una chaqueta encima, pero la brisa que se mueve, preocupa también un poco a Langa, porque si hay demasiado viento puede fallar la estabilidad de los equipos. Con ayuda de un APP de móvil uno de los fotógrafos madrileños calcula para Langa cuando pasará la Vía Láctea justo encima del castillo, que es lo que Langa quiere conseguir en esta última secuencia, pues ya tiene otra desde la perspectiva más vertical de la Torre del Homenaje. Sobre las tres de la madrugada entrará la vía láctea en la toma, así que habrá que esperar casi a la una y media para empezar.

Langa avisa por móvil a su mujer de que la noche será más larga de lo esperado, y que puede acabar casi a las cinco de la madrugada, y luego continúa montando todo el material y haciendo repetidas pruebas, pues hay un flash que se resiste a disparar. Serán más de 300 fotografías tomadas en intervalos de 34 segundos, con 30 segundos de exposición, pero afortunadamente la máquina fotográfica, una nueva Sony A7s, con los motores automatizados del slider, trabaja sola una vez que empieza, si todo va bien.  Y todo este trabajo con más de 3 horas de rodaje y otra de preparativos apenas será después una secuencia de  8 segundos en el vídeo.

Así que no es de extrañar ver a un Langa algo nervioso disponiéndolo todo, ajustando el enfoque, el encuadre, la distancia de los flashes, y muchos más detalles. Comprueba una y otra vez que los focos y las linternas de los compañeros del otro lado del castillo no se colarán en su toma.

Por fin la máquina empieza a tomar fotos y nos alejamos un poco de su radio de acción, para poder encender nuestra linternas sin interferir y compartir una cerveza y con algo de picoteo. Tumbados sobre una manta en la ladera del castillo, nos dedicamos a contemplar el cielo estrellado y hablamos un poco de todo y mucho de fotografía, pues casi cuatro horas de espera dan para largo.

Los madrileños nos cuentan que acaban de perder su trabajo con un ERE y que acarician la idea de vivir de la fotografía, pero que resulta muy duro, sobre todo a la hora de facturar y cotizar como autónomos cuando todavía se tiene pocos encargos.

Langa también es de esa opinión y su experiencia tratando de vender fotos o secuencias en bancos de imágenes tampoco ha sido muy rentable. “Si Vimeo te coloca uno de tus vídeos en portada la cosa empieza a rentar”, comenta, al tiempo que apunta que “nadie es profeta en su tierra”.

Esto último lo dice porque después de ceder de manera gratuita sus vídeos tanto al Ayuntamiento de Molina como a la Diputación de Guadalajara, para promocionar el Alto Tajo o Molina, nadie se ha acordado de él en encargos de pago, y sin embargo el material de video con el que ahora se promociona turísticamente la zona no es de mucha calidad.

Langa sueña con vivir algún día de la fotografía, pero mientras tanto habrá que seguir con las ambulancias “donde cada vez trabajamos más y nos pagan menos”.

Los mismo le ocurre a la hora de buscar apoyos económicos para las muestras de Timelapse, donde hasta los trofeos del concurso, que son esculturas en madera, los hace el propio Langa.

Aparte de los apoyos económicos, escasos, Langa agradece y mucho el apoyo en su trabajo, sobre todo acompañándole en las largas noches de rodaje, pues se confiesa bastante miedoso para ir solo por el campo de noche, donde son demasiadas horas y hay que cargar mucho material, a veces con kilómetros de caminata y cualquier percance puede resultar faltal sin ayuda.

Y aunque ha habido alguna noche en soledad, en las 25 dedicadas a este trabajo, reconoce que la mayoría ha estado acompañado, destacando, sobre todo, la colaboración de Mariano Valero, un agente medio ambiental que es fuente inagotable de conocimientos sobre la comarca.

Los madrileños también nos cuentan su propias anécdotas nocturnas con algún encontronazo con la Guardia Civil, que se pregunta qué hacen estos locos con las linternas horas y horas en mitad de la nada y de noche.

Hay otras muchas conversaciones en las que nos perdemos, pues los cuatro fotógrafos hablan su propio lenguaje, lleno de tecnicismos, sobre cómo mejorar los motores, como programar, sobre sistemas operativos, sistemas de edición, estabilizadores, milésimas de segundo, etc.

En otros momento la conversación divaga por otros derroteros, como la astronomía, donde todos los presentes reconocemos que sabemos distinguir poco más allá de la osa mayor y la estrella polar, que Langa señala con un puntero láser, pero que nos gustaría saber mucho más.


Imagen de otra de las secuencias de de “Night Lights” en los chozones de Escalera.

También hay tiempo para ver otros trabajos realizados por todos ellos en la tablet y el avance de este “Night Lights”, donde solo queda una escena en negro, que es la que se está grabando y otra que Langa quiere repetir, porque asegura que hay una trepidación que se nota mucho. Nadie la aprecia, pero él es así de perfeccionista, aunque tendrá que esperar al 11 de agosto pues esta es una secuencia con luna llena. El primer vistazo a “Night Lights” que nos enseña Langa ya montado y con la música nos deja boquiabiertos... impresionante como aparece una luna enorme sobre el castillo de Molina, los chozones sabineros de Escalera bajo la luna, y otros muchos rincones del Geoparque de Molina Alto-Tajo rescatados de la oscuridad.

El resultado final se podrá ver el 20 de agosto en esa IV Muestra Internacional de Timelapses El Castillo, a partir de las 19:30 horas, en el Centro Cultural Santa María del Conde de Molina de Aragón, en la que Langa participa fuera de concurso, aunque también quiere preparar un preestreno algunos días antes para los colaboradores en el proyecto.

Parecía que cuatro horas en la noche y a la intemperie iban a ser largas, pero al igual que ha corrido la Vía Láctea sobre nuestras cabezas, han corrido las horas en el reloj y el trabajo de rodaje está terminado. Langa echa un rápido vistazo al visor de la cámara para comprobar que están ahí las 300 fotos y que nada ha fallado, mientras empezamos a recoger todo el material y el fresco nocturno es ahora casi frío.

Nos despedimos con sentimiento de amistad y la recomendación de tener cuidado con los corzos y jabalíes que salen a saludar en las carreteras molinesas al amanecer y con ganas de ver lo que pasó al otro lado del objetivo de la cámara. Lo de este lado de la cámara ya lo hemos descubierto: que el paisaje y la afición por la fotografía generan amistad, camaradería y noches mágicas al pie del castillo de Zafra, donde esta vez no había un juego de tronos, sino un juego de locos por el timelapse que también hacen grandes hazañas.

Y para quien quiera asomarse al trabajo de Miguel Ángel Langa, un poco más abajo de este reportaje encontrarán una muestra de sus vídeos.

 


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