Víctor Erice, Alberto sanz, Blanca Calvo y Jorge Gómez en la Mesa Redonda dedicada a Picazo en la Biblioteca de Guadalajara. Víctor Erice, Alberto sanz, Blanca Calvo y Jorge Gómez en la Mesa Redonda dedicada a Picazo en la Biblioteca de Guadalajara.

Miguel Picazo, un genio generoso

Cuando Blanca Calvo, junto con otros técnicos de la Biblioteca de Guadalajara, comenzó a acudir  en 1999 a casa de Miguel Picazo, a recoger esos libros de su biblioteca personal que el cineasta había donado a la Biblioteca de Guadalajara, la tarea no fue nada fácil. Picazo sentía la necesidad de despedirse libro a libro, e incluso de decir repetidamente “ese no os lo llevéis todavía”, en un ritual de espurgar, voluntario pero penoso, donde en realidad nada parecía sobrante. Tal era el amor que Miguel Picazo sentía por sus libros, donde había desde clásicos de literatura, a libros de arte y cine, cómics o incluso de gastronomía, “y hasta la cocina la tenía llena de libros”.

La anécdota aunque conocida, la contaba repetida este jueves Blanca Calvo, en el homenaje que la Biblioteca de Guadalajara rinde durante este mes de marzo a Miguel Picazo, cuando se cumplen los 90 años de su nacimiento, porque aunque Picazo naciera en Cazorla, siempre se sintió guadalajareño e incluso era su voluntad pasar en Guadalajara sus últimos días, (llegó a visitar varias residencias de mayores) y hasta pidió que sus cenizas fueran esparcidas por las laderas del Pico del Águila, camino de Tórtola desde la A-2, “en lo que él llamaba su lugar del alma”, aunque finalmente fuera enterrado en Jaén, en abril del año pasado.

La Mesa redonda “Miguel Picazo y Guadalajara” celebrada en la Biblioteca de Guadalajara este jueves, como primer acto del homenaje, permitió esa aproximación al Picazo más íntimo, desde la óptica de Blanca Calvo, como amiga personal, pero también al cineasta y actor vocacional desde otras anécdotas contadas por el director de cine Víctor Erice, con quien compartió  algunos proyectos, o datos reveladores  de su relación con Guadalajara como la creación de ese Cine Club Estudio en 1954, que desvelaba el presidente del Cineclub, Alberto Sanz.

Pasión por los libros

La devoción que Picazo sentía por su madre, Antonia, una mecanógrafa separada que llegó a Guadalajara con sus dos hijos pequeños, el divertido aspecto gourmet de un Picazo al que le gustaba cocinar y también comer bien, su trayectoria estudiantil en el IES Brianda de Mendoza, estudiando por libre mientras ya trabajaba como auxiliar administrativo en la empresa Taberné, fueron algunos de los aspectos desvelados por Blanca Calvo, emocionada en el recuerdo de Picazo contando cuentos en el Maratón, “siempre de temática oriental, por lo que este año hubiera disfrutado de lo lindo, ya que es el tema del Maratón”.

“Miguel Picazo era un hombre generoso” aseguraba Blanca Calvo explicando que el deseo de la donación de sus libros a la Biblioteca partía de esa necesidad de devolver lo mucho que la Biblioteca le había dado, cuando siendo joven era su único recurso para acudir a los libros que tanto amaba, estando la Biblioteca todavía instalada en el Brianda de Mendoza.

“Si hubiera llegado a venir a vivir aquí sus últimos días le hubiera dado una llave de la Biblioteca, para que entrara a cualquier hora a acariciar los libros”, apuntaba Blanca Calvo para significar esta pasión por los libros.

Blanca Calvo también leyó  un precioso cuento que escribió Picazo cuando tenía 16 años, cuyo manuscrito conserva el Brianda de Mendoza, que ya delata no solo su pasión por los libros, sino ese narración casi cinematográfica que recala en todos los detalles visuales.

Un cineclub llamado Estudio

Y Alberto Sanz, director del Cineclub Alcarreño, que este año cumple su 40 aniversario, desveló otro interesante dato desconocido hasta ahora de Picazo, y es que en su juventud, él también fundó otro cineclub en Guadalajara, llamado Estudio, junto con el periodista José de Juan, y Antonio Fernández Molina entre otros. Fue sobre 1956 y tal y como le contaba a Sanz el hermano de Miguel Picazo, José Picazo, realizaban proyecciones en super8, con mucho secreisimo y la mayor parte de las veces en domicilios particulares.

Sanz también ha investigado si Picazo tuvo relación del el Cineclub Alcarreño y ha encontrado un material documental que testimonia que fue nombrado socio de honor en 1977.

Director excepcional y actor vocacional

El director de cine Víctor Erice, coincidía con Blanca Calvo al definir a Miguel Picazo como un hombre generosos y relataba como siempre estaba dispuesto a colaborar en los proyectos que se le proponía, sobre todo cuando le ofrecían ser actor, “pues le encantaba representar”. Así llegó Picazo a ser el médico del “Espiritu de la Colmena” que Erice estrenó en 1973, pero también con otros directores como Amenazar en “Tesis”, e incluso en una zarzuela en el teatro, como desveló Blanca Calvo.

Erice y Picazo se conocieron en la Escuela de Cine de Madrid, “yo entré cuando él acababa”, explicó el director de cine, que al igual que Picazo, estudió Derecho antes de desembocar en su vocación cineasta. “le recuerdo siempre con el guión bajo el brazo de una película que nunca llegó a hacer “Jimena”, su particular visión sobre el amor del Cid.

“Lamento que Picazo no hiciera más películas”, apuntaba Erice que definía a su compañero cineasta como “un director excepcional”, pero también como“el mejor narrador oral que he conocido, era extraordinario irle contar anécdotas”.

Además Erice confirmaba el sentimiento alcarreño de Picazo, “yo conocí Guadalajara por él, no solo la capital sino muchos de esos pueblos de los que se sentía tan orgulloso”.

A propósito de Erice, Blanca Calvo desvelaba que el Palacio de Dávalos, todavía sin reconstruir,  a punto estuvo de ser escenario del rodaje de ‘El embrujo de Shanghai’, cuando Erice iba a ser el director de esta película que finalmente dirigió Trueba.

“La tía Tula” transgresora

La proyección de la película “La Tía Tula” era la segunda parte del homenaje y de ella también hablaron los ponentes de la mesa. De hecho el estreno en 1964 de la película “La Tía Tula” fraguó la relación entre Víctor Erice y Miguel Picazo, cuando este escribió un artículo sobre el estreno en una revista de cine.

Erice recordó como en aquel año del estreno se celebraba también el centenario de Unamuno y muchos intelectuales de la época arremetieron contra Picazo diciendo que había traicionado el espíritu de la novela.

“La adaptación de Picazo era evidentemente muy libre y claro que desmitificaba la virtud que se impone en la novela, para hablar de la represión y la hipocresía”, señalaba Erice, destacando sobre todo el acierto de Picazo de elegir a Aurora Bautista como protagonista y de saber trasladar ese realismo del mundo provinciano, donde Guadalajara es protagonista.

“Con su primer personaje Picazo fue capaz de sacar todo lo que llevaba dentro y quizás eso le condicionó para siempre”, explicaba Erice.

Sanz por su parte apuntaba las localizaciones de Guadalajara que se pueden ver en la película, como la plaza de la iglesia de Santa María, la calle Benito Hernando, la puerta del Teatro Moderno o la antigua pastelería de la calle Mayor que estaría donde hoy se ubica el bar La Favorita o el cementerio municipal. También dijo haber indagado donde se podían haber rodado las secuencias de interior, “que se hicieron en una casa del Paseo de las Cruces, junto a lo que hoy es la delegación de Sanidad”.

Otras escenas rodadas en Bihuega también aparecen, igual que se puede identificar el paisaje de la cuesta del Sotillo.

También señaló Sanz que la película es un clásico imprescindible y toda una viguería técnica en los planos secuencia y que la mayor parte del film cuenta con sonido en directo.

Algunos aspectos de la censura sobre “La Tía Tula” y de la carga erótica de la película también fueron comentados por el director de la Biblioteca, Jorge Gómez, que además desvelada que muchos de los libros que donó Picazo, están llenos de anotaciones para posibles rodajes cinematográficos, “porque él todo lo veía con los ojos del cine”.

El homenaje a Miguel Picazo tendrá su continuidad el jueves 30 de marzo, con la proyección del documental “Miguel Picazo, un cineasta extramuros”, de  Enrique Iznaola, con una charla previa con el autor y también con las dos exposiciones que permanecen en la Biblioteca, una sobre “la Tía Tula”, que  incluye aquellas escenas del metraje original que fueron sepultadas por la censura y otra sobre el legado de Picazo a la Biblioteca de Guadalajara.

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