Visionando monumentos con las gafas 3D en el Infantado. Visionando monumentos con las gafas 3D en el Infantado.

El Viaje a la Alcarria reivindica el Infantado universal y 3D

Se acostaron como estudiantes, pero han amanecido como los viajeros, así en sustantivo,  porque durante diez días, estos diez jóvenes de siete nacionalidades diferentes, dos hombres y ocho mujeres, van a recorrer las trochas de la Alcarria como hiciera el escritor Camilo José Cela hace ahora 70 años. 

Este no es un viaje, sino “El Viaje a la Alcarria” que les emplazaba a primera hora de la mañana en el mismo portal de la que fuera la casa de Cela cuando tenía 30 años, que es cuándo y dónde emprendió la aventura que inmortalizaría para siempre el paisaje y el paisanaje de La Alcarria en ese libro célebre, tan conocido como admirado o singular.

Ahora, en el marco de la conmemoración del centenario del nacimiento de Cela, se convierte en viaje renovado, a mitad de camino entre el curso de verano, la ruta turística internacionalizada y el homenaje al escritor Nobel, con tres promotoras: la Diputación de Guadalajara, la Universidad de Alcalá y las chicas de “Arte en Marcha”, Laura, Sara, Gracia y Nati que ya hicieron el viaje hace dos años. Es el “Journey to the Alcarria” o #JTTA, que se escribe en redes sociales, donde siguen los pasos del itinerario de Cela, caminando también a través del libro,  pero además plantean sus propias acciones artísticas, porque como dijo el escritor sobre su filosofía de andar, “todo lo que surge, es lo mejor que puede acontecer”.

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Y bastante más tarde del alba, a las 8 de la mañana de este 6 de junio, han comenzado el viaje en Madrid, en la calle de Alcalá 185, donde ya no hay tranvías. Dos vecinos de ese portal, Marga y Julio, han regalado ramos de flores a los viajeros y el presidente de la Diputación, José Manuel Latre, enfundado en esa camiseta de la ruta, que lleva hasta morral impreso a la espalda, se ha sumado, junto a la directora general de la Fundación de la Universidad, Maite del Vals y a otros diputados provinciales, al primer paseo de casi una hora hasta llegar a la estación de Atocha, bordeando el Parque del Retiro. Las botas de siete leguas han dado paso a las deportivas como calzado de los caminantes.

En el tren ya no hay campesinas con cestos, ni guardias civiles, ni pescadores. Tampoco desde las ventanillas se ven prados de amapolas, ni toros pastando, ni muleros en Azuqueca, porque el tiempo no se ha detenido, salvo en la novela. Dentro del tren tampoco hay rifa de cartas, pero Marina Yamauchi, de Japón, que es la Camila del día (cada jornada lo será un estudiante), se encarga de amenizar la hora de viaje, recordando que estaciones existían y cuales no, cuando Cela hizo este mismo trayecto ferroviario. Marina destaca que el tren va muy vacío y le choca, acostumbrada a esos trenes de Japón donde hasta existe el oficio de “empujadores”, para meter a toda una multitud dentro, apretujados como sardinas en lata.

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El infantado en 3D

Los viajeros llegan a la estación de Guadalajara, una ciudad que tenía 24.000 habitantes, en ese 1946 del viaje de Cela, y que ahora, según el último censo llega a 83.846 habitantes, pero que sigue teniendo su estación descolgada de la urbe, aunque ahora los viajeros tienen dos puentes y no solo uno para cruzar el Henares y subir hasta la ciudad por la calle Madrid.

Bizcochos

Ya no duelen las ruinas del Palacio del Infantado, aquí el paso del tiempo ha jugado a favor de este monumento destruido por la aviación en 1936 y los viajeros lo encuentran no solo remozado, sino repleto de globos con esa corazonada ciudadana de querer que sea Patrimonio de la Humanidad. Se suman al guiño de la suelta de globos corazones, con sus mejores deseos para el Infantado. Aquí también hacen su primera actividad de Arte en Marcha, que ha consistido en visionar a través de unas gafas 3D,  imágenes de monumentos y lugares muy conocidos del mundo, entre ellos el Palacio del Infantado. Es el primer encuentro con la prensa y de nuevo es la Camila del Día, que se identifica con un pendón con su bandera de Japón, la encargada de dar las impresiones a los periodistas, de un viaje que les emociona, ante un revuelo de cámaras que les intimida. A Marina el palacio le encanta, pero más su historia, sobre todo el detalle de esa boda real de Felipe II, que le hace pensar en su propio príncipe azul.

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Aquí les ha acompañado el concejal de Cultura del Ayuntamiento, Armengol Engonga, el vicerrector del Campus de Guadalajara de la UAH, Carmelo García y otros concejales y han probado por primera vez bizcochos borrachos de Guadalajara. Los viajeros también hacen parada en la librería de Ascen, amiga de Cela, que tiene todo el escaparate repleto con sus obras en homenaje al centenario y con un enorme retrato de Cela firmando su dedicatoria. También paran bajo la placa que recuerda la guarnicionería “Casa Montes”, donde junto a los familiares de Daniel Montes, aún han brotado algunas lágrimas por el recuerdo. De paso por la ciudad también han visitado otro monumento por el que Cela no pasó, el Panteón de la Condesa de la Vega del Pozo.

Placa y comida en Taracena

Por la antigua carretera nacional los viajeros llegan a Taracena hacia las dos de la tarde con un sol de justicia, pero sin muestras de cansancio tras recorrer los seis primeros kilómetros ya en La Alcarria. En el centro social, junto al alcalde de Guadalajara, Antonio Román, y la alcaldesa pedánea, Belén Sánchez, los viajeros han descubierto una placa. “A la tierra color tierra le maduró un sarpullido. Bajo el sol de Taracena, cuelga la vida de un hilo”, dice, recordando con los versos del propio Cela, su paso por el pueblo y también la efeméride del centenario.


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Taracena fue uno de los pocos pueblos de la  Alcarria por los que pasó y se detuvo  Cela en 1946 pero que no contaba con esas placas que la Diputación Provincial, en 1972, con ocasión del XXV aniversario de “Viaje a la Alcarria” colocó en los pueblos del Viaje a la Alcarria. Pudo ser debido a que tres años antes, en 1969, se había anexionado como barrio a la capital y no tenía ayuntamiento propio. Algunos vecinos del pueblo también se han acercado a compartir el acto y los más mayores aún recordaban a Cela, aunque sobre todo en su segundo viaje a la Alcarria con la choferesa negra, “porque en el primero era una mocosa, y ni me enteré", cuenta Vicenta.

Los viajeros no han llenado sus cantimploras de vino blanco, pero si que se han encontrado con una taberna limpia y fresca en donde aplacar su sed, pero no es la de Cela, sino una bien moderna, pero con nombre antiguo, La Tasca, que la gerenta un simpatico navarro casado con una de Taracena. Todavía vive en Taracena uno de los personajes celianos reales, Pepita Sánchez, la alumna ejemplar que se levantaba sola para ir a la escuela, que era la hija de la tabernera, pero al alzheimer le ha hecho olvidar al viajero ilustre, entre otras muchas cosas.

Y a la sombra de un toldo, han dado buena cuenta los viajeros de bocadillos de hamburguesas, butifarras y chorizos. La Camila del día, la japonesa Marina, ha enseñado su edición en japonés del Viaje a la Alcarria, que se abre de atrás hacia delante, se lee en vertical. ya además de derecha a izquierda, vamos todo al contrario.

La sobremesa se ha estirado en conversaciones, mensajes de móviles y digestión y les ha comido el tiempo previsto, así que al final han acortado en coche su paso por Valdenoches y parte de la cuesta de Torija, para poder llegar al castillo cerca de las seis de la tarde, como estaba programado.

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El castillo de Torija y el Parador

En Torija lo primero que han visitado el Museo del Libro El Viaje a la Alcarria, único museo dedicado a un libro, que  fue inaugurado el 10 de mayo de 1995, con motivo de cumplirse el 50 aniversario de la publicación del libro que ha hecho universalmente famosa esta comarca de Guadalajara. Aquí han podido contemplar la colección de recuerdos personales del escritor utilizados en su recorrido por tierras alcarreñas, entre los que destaca un facsímil de su cuaderno de notas empleado en el viaje, así como ediciones únicas de la obra en distintos idiomas, fotografías de la época, utensilios artesanales de aquellos años de la posguerra, cartillas escolares y monedas y billetes de curso legal en ese tiempo.

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También en Torija han hecho parada en casa de Delia y Jesús Campoamor, otros dos grandes amigos de Cela, que han compartido con los viajeros anécdotas del escritor, mientras disfrutaban de una merienda en el jardín y los viajeros se veían en el telediario, siendo conscientes por vez primera de la enorme dimensión mediática de su viaje, porque Cela lo merece. 

Y bajo una noche estrellada y limpia, los viajeros se acostaban bajo el mismo techo que Cela hace 70 años, pues aquel Parador, es hoy hotel rural rehabilitado y coqueto, “El Salero”, que guarda muchos de los aperos de aquel entonces. 

"El Salero" era el mozo que en Torija cantó  la jota aragonesa de madrugada que despertó a Cela y que era hermano de la posadera. "El Salero" era el padre de Pilar Paniagua, que es quien hace cuatro años emprendió la aventura de rehabilitar un tercio de este antiguo Parador, el que le tocó en herencia, y crear este Hotel Rural y Restaurante con tanto encanto, que ha puesto cena y cama para la primera noche de los viajeros, aunque ya no hay colchones de paja. Mañana con la fresca les despertarán con jotas y partirán hacia Brihuega.

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