Bellido con los gancheros y el Tajo como bandera

Bellido con los gancheros y el Tajo como bandera

Nos ha gustado, y mucho, la reflexión que en su perfil de FB realiza el presidente de las Cortes de Castilla-la Mancha, tras su visita hoy a la la Fiesta de los Gancheros en Poveda de la Sierra. Aquí la compartimos con todos nuestros lectores.

 Contó alguna vez el escritor José Luis Sampedro que su amor por los gancheros del Alto Tajo fue un amor a primera vista. Una admiración que, por cierto, llevó hasta sus últimos sus días y que surgió muy temprano en su vida, el día en que, siendo un niño que vivía en Aranjuez, fue a bañarse al Tajo y se encontró las aguas completamente atestadas de troncos. O, como él diría, tomadas por un “bosque flotante”.

No sólo le impactó la impresionante estampa. Aquel niño –relató Sampedro– aprovechó esos días extraordinarios para conocer a esos “hombres de bronce, de hierro y de cuero” que cada año pastoreaban “un rebaño de troncos” desde los bosques del Alto Tajo hasta Aranjuez. Unos tipos que almorzaban “pan y navaja” y que le impresionaron por su autenticidad. Los veía “como los más legítimos pobladores de nuestras tierras”. Con los años, el novelista convertiría aquel flechazo infantil en una trepidante y lírica novela, ‘El río que nos lleva’, que constituye un canto a una de las comarcas más bellas de nuestra región, aunque también una de las más castigadas por el fenómeno demográfico de lo que hoy llamamos “la España vaciada”.

Este fin de semana en Poveda de la Sierra estamos celebrando una nueva edición de la Fiesta Ganchera que rescata la memoria de estos gancheros y del propio novelista y referente intelectual que los inmortalizó en su libro, más tarde convertido también en película protagonizada por Alfredo Landa. Sampedro, fallecido en 2013, volvió muy a menudo a estos pueblos después de publicar su novela y siempre tuvo palabras de cariño y de agradecimiento hacia la provincia de Guadalajara, así como más de un hueco en su agenda para volver a departir con las gentes, que en los últimos años le colmaron de homenajes.

La fiesta que la Asociación de Municipios Gancheros celebra cada año por estas fechas se ha convertido en una ocasión fantástica para que homenajeemos al Tajo, que es el río que confiere identidad a nuestra Península y, por supuesto, a nuestra región. Quiero agradecer el esfuerzo que cada año hacen los ayuntamientos de Peralejos de las Truchas, Taravilla, Poveda de la Sierra, Peñalén y Zaorejas, pero también a cuantos se implican en la organización de la programación de la Asociación de Municipios Gancheros, para mantener viva esta singular cita que cada año crece, ahora también con la creación de una Escuela de Gancheros. Porque esta celebración es un momento para el disfrute, pero también para honrar nuestra memoria y para hacer comunidad.

No entendemos Castilla-La Mancha sin sus llanuras manchegas, con sus ecos cervantinos, pero tampoco podemos entender nuestra comunidad autónoma sin este “río que nos lleva” desde las sierras de Guadalajara y Cuenca hasta Toledo y Talavera, y que prosigue su camino hasta entregarse al mar en Lisboa, donde, en palabras de José Saramago -otro novelista nacido en una aldea próxima a su ribera- el Tajo, “cansado de hojas damasquinadas y de graves sones de viola, se abre todo para recibir la luz del sol y reflejar la llanura azul del cielo”.

Defender el Tajo es preservar los intereses económicos de nuestra región, como no puede ser de otro modo, pero es también conservar nuestro paisaje, con su memoria, su cultura y su medio ambiente. Si los gancheros para Sampedro eran algo más que un oficio, el cauce del Tajo para los castellano-manchegos es mucho más que una simple corriente de agua.

La defensa de nuestro río es un asunto irrenunciable para cualquier castellano-manchego que se digne de amar este territorio. Su reivindicación constituye el reclamo de una herencia cultural que se remonta a la Celtiberia y que se prolonga a lo largo de los siglos hasta antes de ayer, en esa época que tan bien supo retratar ‘El río que nos lleva’ en sus páginas. Pero la defensa del Tajo lo es también de un monumento natural cuyo caudal sigue amenazado de muerte por el cambio climático y por un trasvase que a lo largo de 40 años ha desangrado la cabecera atendiendo siempre en primer lugar a los intereses meramente económicos del otro lado del acueducto.

Esta mañana, a orillas del río Tajo en Poveda, en un ambiente alegre, empapado de naturaleza, al son de las dulzainas, con el sabor de las rosquillas de sus abuelas y compartiendo anécdotas con los hijos, las hijas, los nietos y las nietas de aquellos hombres y mujeres de bronce, hierro y cuero, quisiera animaros a enarbolar el Tajo como una de banderas de nuestra región.

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