Martes, 27 Enero 2015 14:46

Manos Unidas nos llama a la solidaridad

Escrito por Atilano Rodríguez
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El papa Francisco, como sus predecesores en la silla de Pedro, cuando habla de la pobreza en el mundo de hoy, no centra su discurso únicamente en la pobreza material. Señala que, además de la pobreza material, existen nuevas formas de pobreza cultural, social, humana y religiosa, a las que tendríamos que prestar especial atención y cuidado. 

Al describir estas nuevas pobrezas,  el Santo Padre pone rostros y nombres concretos a los millones de personas que sufren en sus carnes los efectos de las mismas. Entre estos hermanos, señala a los sin techo, a los toxicodependientes, a los emigrantes, a los niños por nacer, a las mujeres que sufren maltrato o exclusión, a los que son objeto de la trata de personas, a los ancianos cada vez más solos y abandonados, etc. 

Como vemos, son muchas las pobrezas existentes en nuestro mundo y detrás de cada una de ellas aparecen los rostros doloridos de millones de hermanos, amados por Dios y necesitados de compañía, cuidado y ayuda. Al escuchar sus gritos desesperados y al contemplar en cada uno de ellos el rostro sufriente de Cristo, no podemos cruzarnos de brazos, esperando que sean otros los que resuelvan sus problemas. Hemos de salir a su encuentro para ofrecerles nuestra mano, para acompañarles en su dolor y para ayudarles a integrarse en la sociedad como miembros vivos de la misma.

Ciertamente, hemos de reconocer que durante los últimos años se ha avanzado mucho en la lucha contra la pobreza debido a la colaboración y coordinación de los estados a la hora de buscar soluciones para la erradicación de la misma. Concretamente, se ha reducido a la mitad el número de personas que viven en situación de pobreza extrema, ha disminuido la tasa de mortalidad materna, se ha avanzado en la lucha contra algunas enfermedades y el agua potable llega a más personas. 

Pero, a pesar de todos estos avances, no podemos sentirnos satisfechos mientras no se erradique totalmente el hambre en el mundo. No podemos admitir que una de cada ocho personas muera al día por falta de comida, cuando está demostrado que habría alimentos para todos, si existiese una buena distribución de los recursos materiales y relaciones justas entre los distintos países del planeta para establecer la seguridad alimentaria.

Al contemplar esta realidad, los miembros de Manos Unidas, desde su fe en Jesucristo y desde la contemplación del sufrimiento en el mundo, nos invitan a mirar más allá de nuestras fronteras y a poner los medios para el logro de un desarrollo integral de cada ser humano. En el lema elegido para la campaña de este año nos preguntan si estamos dispuestos a apuntarnos en la lucha contra la pobreza. Seguramente todos contestaremos que sí estamos dispuestos a hacerlo. Pero, concretamente, ¿qué podemos hacer?

Además de pedir al Señor que nos ayude a todos a salir de nosotros mismos al encuentro con los pobres y que ponga criterios de justicia y equidad en quienes tienen responsabilidades de gobierno, todos podríamos colaborar al establecimiento de unas relaciones más fraternas, promoviendo una cultura del encuentro y cambiando el estilo de vida que, en ocasiones, puede excluir a nuestros semejantes. En la medida de nuestras posibilidades, podríamos también colaborar con alguno de los proyectos propuestos por Manos Unidas. 

Con mi bendición y sincero afecto, feliz día del Señor. 


Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara
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