¡Vivan los novios y viva Guadalajara viva!

¡Vivan los novios y viva Guadalajara viva!

Se trataba de reinvindicar el Palacio del Infantado a través de la historia, con ese episodio de boda real, que tuvo lugar en febrero de 1560, con una recreación teatral que se convirtió en fiesta y que echó a toda Guadalajara a la calle, sintiendo el orgullo no solo por un monumento, sino por ser de Guadalajara,  empezando a conocer su historia de la manera más divertida y vistosa  con esos personajes renacentistas como el duque de Alba, Catalina de Médicis, Juana de Austria, cobrando vida y representando lo que sucedió hace 456 años, con la boda de Isabel de Valois y Felipe II, en el Infantado, que confirmaba esa otra boda por poderes, meses antes celebrada en París, donde no estaban juntos los novios. En esta boda ya en Guadalajara Felipe II  conoció por primera vez a la joven esposa – tenía entonces 14 años Isabel de Valois – y hay que decir que según el testimonio de los cuadros históricos, ambos personajes estaban ayer perfectamente caracterizados en la recreación. 

La reina, era una de las estudiantes del colegio Maristas que participó en el DJ Tenorio y el rey del colectivo de Gentes de Guadalajara. Y junto a ellos allí estaban más de 200 figurantes y actores representando la recepción de la novia francesa, casi infante, en el Parque de la Concordia, en el bosque mágico que precisamente se construyó con motivo de su entrada triunfal a Guadalajara, y su trasiego por la calle Mayor, con la recepción de populacho con sus bailes en el Jardinillo y la otra recepción oficial en la Plaza Mayor para recibir las llaves de la ciudad.

Y el desposorio en el Palacio del Infantado, con la ceremonia religiosa oficiada don Francisco de Mendoza, a la sazón obispo de Burgos, que era representada por José Luis Gómez Recio, que de poeta se pasó a actor y que contó con los cantos del Orfeón Joaquín Turina. La boda se celebró en el patio de los Leones, aunque aquella otra boda real se celebró en el salón de linajes. Y después la fiesta con bailes y fuegos artificiales en los Jardines del Infantado, con mercadillo renacencista en el exterior y un campamento militar y con exposición de artilugios de la época en el interior. 

Y todo esto repleto de gente y de algarabía, con una Guadalajara más viva que nunca, en este regreso al pasado para orgullo del presente, que arrancó a las 18:30 horas y casi se alargó a la media noche. Toda una representación magistral, de teatro de calle, con rigor histórico, y con un atrezzo maravilloso, que merece más que un largo aplauso y que no hubiera sido posible sin el grupo de  Gentes de Guadalajara, Asociación de Damas y Caballeros de Pastrana (un autobús entero llegó con personajes y trajes del festival Ducal), Soldadesca de Mazuecos, Tambores de la Cofradía de la Pasión, Coro Joaquín Turina, Grupo de Bailes y Dulzainas de la Cotilla,  Escarramán Teatro y otros muchos voluntarios .

Todos ellos capitaneados por una mujer de tablas tomar, Abigail Tomey, que una vez más, como hace desde hace años con el Tenorio Mendocino, supo aunar participación, arte e historia, para hacer un teatro vivo, con Guadalajara como protagonista, y embeber a más de 7.000 espectadores, en una fiesta de todos y para todos que resultó magnífica, porque actores, músicos, bailarines, malabares, figurantes lo dieron todo, a pesar de sudar la gota gorda, por el calor agobiante que no compaginaba precisamente con los ropajes renacentistas. También a tener en cuenta la logística de El Muro Producciones y Ecoaventura, en esos detalles entre bambalinas, que no se  perciben pero que hace que todo funcione.

 No era fácil conducir la comitiva cortesana, desde Santo Domingo, donde antes estaba la puerta del Mercado, con caballerías y carrozas incluidas, por una calle Mayor repleta de gente, donde además otra boda, esta de verdad, se celebraba en la iglesia de San Nicolás, con la anécdota de coinidir la salida de la boda del templo, con los novios y los invitados de gala, con el paso de corte mendocina acompañando a la boda Real. Pero hasta este incidente supo resolver con simpatía Abigail Tomey, que tras pedir disculpas a los novios, provocaba el saludo de Felipe II a la pareja de recién casados y esas imágenes de su boda para el recuerdo, con un matiz del pasado, que nunca podían imaginar.

Y en la Plaza Mayor el tumulto se organizó a modo de anfiteatro, con los escenarios de la representación enfrentados a pie de la fachada, a un lado el palio real, al otro los comendadores y el el centro el espacio para los bailes y ofrendas de la ciudad, y todo el público en semicírculo cerrando la plaza e intentando no perderse detalle de esa entrega de llaves por parte del Corregidor de Guadalajara a los Reyes, que no era otro que José Luis Matienzo y que tuvo como retazo real, el saludo del actual corregidor o más bien alcalde, Antonio Román, al cortejo real, antes de que partieran para el Infantado.

En el Infantado cientos de ciudadanos esperaban la llegada de los reyes, con todo el Patio de los Leones abarrotado de gente y con otras muchas sin poder entrar, empujando desde el exterior. La ceremonia civil y la religiosa de las velaciones, con el velo sobre los novios,  repitió textualmente muchas de las plabras que se dijeron en aquel momento histórico, recogidas de actas de la época, sobre todo a través de la labor del historiador Pedro José Pradillo. Impresionante el Orfeón de Joaquín Turina cantando la boda y los rostros con la boca abierta del público, sobre todo de los más pequeños, que por una vez comprobaban que las historias de príncipes y princesas, no son solo parte de los cuentos .

Tras la boda, los abanderados de la Soldadesca de Mazuecos hicieron su ritual baile de banderas ante los reyes y después la fiesta se trasladó al fresco de los Jardines del Infantado, con bailes, malabares, actuaciones teatrales, y limonada con unos pequeños fuegos artificiales  al filo de la media noche que remataban una boda condensada en una jornada, pero que según cuenta la historia tuvo en su día casi una semana de celebración.

Toda una experiencia esta boda real, que habrá que repetir, y que coloca al Infantado en el contexto de su historia con toda Guadalajara celebrándolo para empujarlo a esa universalidad, como Patrimonio de la Humanidad, que puede o no llegar, porque el camino es largo y difícil, pero que ya está consiguiendo que el Infantado sea todavía más patrimonio de los guadalajareños.

Vaya por tanto también desde aquí, como anoche lo recibieron desde la ciudadanía, nuestro mayor aplauso para la organización, desde las institucional hasta la de la práctica teatral, y para todos todos y cada uno de los que lo han hecho posible. Nuestro vivan los novios, es también un viva el Infantado y viva Guadalajara viva.


Galería fotográfica Boda de Felipe II e Isabel de Valois
FOTOS: J. Fraile. Guadaqué


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