Melendi sale al escenario de la Fuente de la Niña en las Fiestas de Guadalajara y se mete al público en el bolsillo. Melendi sale al escenario de la Fuente de la Niña en las Fiestas de Guadalajara y se mete al público en el bolsillo.

Melendi cierra los conciertos de ferias con la emoción a flor de piel

Tras la cancelación de su último concierto en Molina de Segura, Melendi sale al escenario de la Fuente de la Niña en las Fiestas de Guadalajara y se mete al público en el bolsillo.

El sino de estas fiestas ha sido la meteorología, a la que ha habido que ir pidiéndole permiso para  celebrar cada uno de los eventos. El concierto de Melendi no iba a ser distinto. En un día que amanecía con previsiones nefastas y un gran nubarrón planeando sobre nuestras cabezas, los fans miraban la entrada con recelo, se convertiría en uno de los peores recuerdos, aquellos que nunca jamás sucederían. Pero las nubes se disiparon.

Se encendían las luces y sonaban los primeros acordes. El público respondió sobresaltado, como tras ese pellizco que te devuelve a la realidad, no era un sueño, el temporal había amainado y se hizo su voz. Bueno, su voz, su sonrisa, sus saludos y sus guiños desenfadados. Sin duda su personalidad iba a ser lo más destacado de la noche.

Las canciones se iban sucediendo intercaladas con historias y contextualizadas en su vida. Arrancó enunciando el porqué ha podido llegar a ser lo que es y reconociéndole el mayor mérito a su madre, que de pequeño ya le auguraba esa profesión, y él se lo creyó, como un pollo al que le dicen que puede volar, y vuela. 

Con todo, Melendi no sólo conseguía que los fans coreasen cada uno de sus temas sino que emocionaba. Los conciertos se han convertido en ese espacio que los artistas deben monetizar. Estructuran un formato y lo reproducen tantas veces como puedan. Y está bien, si está bien planteado, es eficiente y funcional. Todos contentos. Contentos, satisfechos, sudorosos, afónicos, pero pocas veces emocionados. 

En mi caso no es su música, es su actitud, su entrega en el escenario y su respeto al respetable. Desde el primer momento Melendi saludó a todos sus fans, buscando entre las masas caras, miradas con las que cruzarse de tu a tu, como queriendo dar una respuesta personalizada a cada parte del cariño que recibía. Y la gente respondía, las cámaras captaban las lágrimas y la emoción de las primeras filas mientras el de Asturias seguía escudriñando las historias de su vida, sus amores, sus amigos y su mensaje. 

Tras escucharle en el concierto yo le definiría como un cantautor con un mensaje muy social, muy de las pequeñas cosas. De la sonrisa a la cajera, la ayuda al ancianito y el beso de buenas noches. Contrasta radicalmente con el primer Melendi, el que yo recordaba. Pero no suena a farol. No está excusando su cambio. Está contando su historia.

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