Y muy vivos tras 7 años de silencio el grupo Marea despertó de su letargo a miles de fans deseosos de volver a sentirse perros verdes en Guadalajara. Y muy vivos tras 7 años de silencio el grupo Marea despertó de su letargo a miles de fans deseosos de volver a sentirse perros verdes en Guadalajara.

Marea se impuso al temporal

Ayer, en el viernes de Fiestas de Guadalajara, quedó clara la lección de oceanografía. Con luna llena las mareas son mayores, se denominan Marea viva. Y muy vivos tras 7 años de silencio el grupo Marea despertó de su letargo a miles de fans deseosos de volver a sentirse perros verdes.

Desde tempranas horas de la tarde un flujo constante de fans nerviosos transitaba por la zona de la Fuente de la Niña. Las miradas de los amantes del rock and roll zigzagueaban entre las nubes y claros, mientras enfundados en sus camisetas de calaveras piratas se aferraban a ese trozo de papel que les abriría las puertas del paraíso. Sí, todavía mucho papel.

Luter era el encargado de ir caldeando el ambiente y a medida que se acercaba la hora crítica los ojos dejaron de dirigirse al cielo y se postraban ante su altar. Pasadas las diez de la noche se hizo el silencio, aquel que precede a la tempestad, las luces hexagonales auguraban tormenta, él la materializó. Los focos se encendieron y las pantallas enfocaban nítidas y vibrantes una personalidad que lo inundó todo. Kutxi Romero había llegado. Bastón en mano, traje y un sombrero bien calado, todo negro, como un telón de fondo sobre el que resaltaba un pañuelo; rojo, dorado y con toques de leopardo, en sus propias palabras, feo. 

Pero todo eso daba igual, con los ojos cerrados podías vivir intensamente aquel instante porque el verdadero hilo conductor era esa voz cazallera y rota que guiaba con maestría. Presentando ante el respetable El Azogue, su nuevo disco que veía la luz tras un descanso, demasiado largo para los amantes del rock and roll. 

“En las Encías” fue el tema elegido para abrir el concierto y en adelante las canciones se fueron sucediendo, una tras otras sin descanso para las más de 6.000 gargantas entregadas. Novedades y clásicos. Temas como “La noche del viernes santo”, que el propio Kutxi reconocía que le dolía tocar, fueron sucediéndose y desentrañando la esencia del rock and roll.   

El vocalista salía y volvía al escenario, entre solos de guitarra, batería e incluso ocasiones en las que dejaba a Eduardo Beaumont, alias El Piñas a cargo de la voz. Los cigarros se consumían entre sus dedos pero el tiempo quedaba atrapado en un segundo plano, el ambiente del concierto mantenía su línea. El público coreaba y las manos en alto pedían siempre más. Que no decaiga. Los de Berriozar también contaron con la colaboración de Luter con el que tocarían Jindama. 

El público, una multitud, en su mayoría madura y todos ellos devotos. Iban concienciados para recitar la lección, demostrar su fidelidad y disfrutar del rock más socarrón del panorama nacional.  Nadie saldría defraudado. 

Tras varios amagos llegaba el que sin duda sería el momento final. Kutxi volvía al escenario, último amago. Presentó a la banda al completo, aunque poca falta hacía ya y acabó sentenciando que el que no amase el rock and roll no podía querer a su madre. Eduardo Beamount “Piñas”, al bajo, David Díaz “Kolibrí” y César Ramallo con las guitarras eléctricas y Alen Ayerdi y su maestría a la batería.

Un homenaje a los invisibles, toda esa parte del equipo que no salen a escena. Bromas, abrazos, buen rollo y un cumpleaños feliz, en vasco. No sé qué tienen los de Marea que hasta el “Zorionak zuri” quisieron corear los fans, y sonó bien.

Lo que decíamos, instantes finales, primeros acordes y la gente lo sabe, llega uno de los momentos álgidos del concierto, el escenario se tiñe de verde y todos van a ladrar al son del “Perro Verde”.  Da paso al último tema que deja claro quién ha controlado la tempestad que se auguraba para la noche del viernes en Guadalajara. Marea.  

¿Una pega? No haber podido hilar la preciosa luna de anoche con una de las canciones más conocidas del grupo por exceso de ñoñería y andrajosos tintes indis. A nosotros la luna siempre nos sabrá a poco.

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