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El Tenorio Mendocino se nos hace mayor

El Tenorio Mendocino se nos hace mayor

Que el Tenorio Mendocino se nos hace mayor lo atestigua el hecho de que su numeración en romano ya lleva más equis que palotes, que sobre el escenario ya están los hijos e incluso nietos de algunos de los que empezaron y que el sonido ya es más que profesional.

Bromas aparte, el Tenorio Mendocino ha crecido y en esta vigésimo novena edición, vigésimo octava para los puristas y trigésimo quinta si nos remitimos a los embozados de la capa con sus versos disueltos en el alcohol, ha demostrado que ha conseguido el ideal de vida, que según mi padre, consiste en tener la ilusión de un niño, la fuerza de un joven y el bolsillo de un anciano.

Y con ese presupuesto holgado, con esa fuerza juvenil y con la ilusión de empezar, el Tenorio Mendocino ha burlado este año a la lluvia y el frío y ha completado aforo en cada uno de sus cinco escenarios y de sus siete escenas, sin que valiera siquiera eso de ver un día las escenas pares y otro las impares, para coger sitio. El Palacio del Infantado se llenaba mientras comenzaban los bailes en Santa María y las colas en el Liceo Caracense y el patio de La Piedad  dejaban a unos cuantos espectadores fuera, mientras que las escenas más abiertas, en la plaza de la concatedral y frente al Palacio de la Cotilla, algunos tenían que conformarse con escuchar, más que con ver.

En el crecimiento del Tenorio Mendocino en público, el mejor apunte es ver entre los espectadores muchas caras de infantes que auguran larga vida al Tenorio Mendocino, porque además esta es una “empresa” que no se puede deslocalizar, como otras. Alcalá ya tiene su Tenorio y a Guadalajara nunca le faltarán herederos de los Mendoza, porque para eso ya se han encargado Gentes de Guadalajara, de hacer familia.

Y aunque el Tenorio Mendocino tiene siempre una misma esencia, cada edición tiene su particular, y en esta la calidad y la organización superan el notable. A los nuevos actores, que este año eran bastantes, ni se les notó que eran nuevos y los repetidores han sabido superar su propio listón. Pongo como ejemplo la brillante actuación de don Juan anciano, con Jaime García  o Nerea González con doña Inés, sin desmerecer a ningún otro. Hasta el patinazo de Ciutti (Israel Podereux), sobre las tablas del Infantado, literal que no metafórico, quedó requetebién resuelto. 

También gustó mucho el nuevo sello de doña Brígida con Ángélica Santos y el de la sombra de Doña Inés con Ana Gutierrez. Pero lo dicho, ni uno solo del resto desmerece, y no me refiero solo a los principales actores, sino también a todos los secundarios y figurantes. Entre esos secundarios estaba Julio Establés, que ha pasado de policía a aguacil, en una rebaja de galones que es júbilo, más que jubilación. 

Mucho más ágiles las sucesiones de escenas con la música, con especial relevancia para la banda del Conservatorio que amenizó la espera en el Infantado, y por poner un pero, creo que se hace un poco larga la tercera escena en el claustro de la Piedad y que el coro de monjas en el piso superior no termina de llenar, aunque lo bordan con la costura, y nunca mejor dicho.

Esta vez los versos más famosos, no hicieron brillar la luna desde el sofá, sino en pie, pero la muerte de Don Luis Megías si fue con la espada en el gaznate, a doña Inés desmayada la subieron por las escaleras y las ánimas tuvieron espectacular baile en el Panteón. 

Yo también me sumo a “esa directora como mola”, que coreaban los actores al final, con mi aplauso para Beatriz Ortega en este su segundo año, y sus simbolismos, aunque me alegra seguir viendo a Abigail Tomey coordinando la figuración y a Gema Mínguez en la regiduría.

Y aunque hubo más espectadores el viernes que el sábado, los dos días se llenaron las escenas al completo y eso que el segundo hacía bastante viento y hasta llegó a caer alguna gota. 

La sorpresa inicial, que no fue mucha sorpresa, fue encontrar a políticos de casi todos los colores, en ese otro rito y mito de saludar. Son habituales en los inicios y este año más, que estamos en campaña, aunque para ser justos, hay que decir que el alcalde, Alberto Rojo, y su comitiva, aguantaron hasta la cuarta escena. A Echániz y Román solo se les vio por la concatedral y la compaña de Ciudadanos apareció en la jornada del sábado.

La sorpresa final no fue para tanto, pero nos tuvo en vilo. Y es que esta vez triunfa el amor sobre la muerte y don Juan joven vuelve a abrazar a su amada Inés, mientras que el Tenorio mayor marcha con la sombra de su amada.

Más sorpresa fue ver al elenco de actores saludar al cierre con la sintonía de “Vacaciones en el Mar” (Love Boat) como telón, desfilando con un largo y sentido aplauso, iniciando así el baile discotequero, de su merecida fiesta de fin de obra, y hasta aquí puedo leer…

Pues a por los 30, gran familia del Tenorio Mendocino, como siempre, con este estilo y este sigilo.

GALERÍA GRÁFICA TENORIO MENDOCINO 2019

 


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