Aviso Gorra

Violaciones invisibles

Poniendo todo el extremo cuidado para no revictimizar a la víctima, creo que las violaciones no deben ser invisibles y que los medios de comunicación y la sociedad debe tener conocimiento de ellas  para revelar su verdadera inmensidad, para poder investigar sobre las causas y sobre todo para poder combatirlas en prevención más allá de que la justicia haga frente al delito.

Pero no, en Guadalajara, no existen violaciones, ni violadores, ni víctimas, salvo excepciones, en las que hay un testigo ciudadano, o como en este último caso de la violación grupal de Azuqueca a una menor, un periodista que investiga, y otros muchos que somos el eco. Quienes tienen el acceso directo a estos sucesos, siempre han preferido no transmitirlos a la prensa, más allá de algún resumen estadístico. Yo todavía no se el por qué.

Si preferimos esconder debajo de la alfombra la violencia sexual, individual o grupal, que no es lo mismo que la violencia de género,  y hacerla invisible, no es ya solo que no se pueda advertir de los riesgos, que es un derecho para la sociedad, y un modo licito y lógico de prevenir, si no que tampoco se puede actuar en las causas y corregirlas.

En el caso de Azuqueca, tanto víctima como agresores son menores, salvo uno, y si preferimos creer que solo hay un culpable o culpables, los agresores, y no somos capaces de reconocer en autocrítica que nuestra sociedad está haciendo algo mal, no tendremos la capacidad de acción.

El mensaje de "No es no" ha sido un magnífico altavoz para prevenir y advertir de los riesgos, y al mismo tiempo se ha erigido en el cómplice perfecto para difundir las agresiones, y para que se incrementen las denuncias, pero creo que es bastante insuficiente para atajar esta moda “grupal” donde se habla incluso de pandillas que la imponen como prueba de iniciación para mantener relaciones sexuales. 

Este es un mensaje en la diana de la población que puede ser víctima o agresor, pero creo que debe haber otro mensaje para maestros, monitores, padres, y todos los que intermedian en un proceso educativo, no ya solo para educar en igualdad, sino para una educación en valores en la que la sexualidad es una asignatura más y una asignatura pendiente. 

Qué la sociedad en general condene las violaciones, es otro modo de no invisibilizarlas, para que después de la rabia y el dolor, nos preguntemos los por qué y sobre todo, los cómo evitarlas. Además es el único modo de decirle a una víctima  y a su familia, que no está sola.

Igual que hay un Plan nacional contra la violencia de género, debería haber un plan contra las agresiones sexuales, que por lo pronto manejara los datos, esos que en Guadalajara nos hurtan a los periodistas,  con las variables que se presentan ahora, porque en las estadísticas  que el Ministerio del Interior ofrece anualmente, solo se habla de violaciones denunciadas o con actuación policial, pero no aparece nunca detallado el número de los agresores que perpetran los hechos. 

Y conocer todos los datos que identifican a los agresores y su entorno también es importante para actuar en la prevención, la edad, la situación social e incluso el origen étnico, por si hubiera otros componentes culturales sobre los que actuar, aunque haya que ir al mismo tiempo de apagafuegos con la xenofobia, que es mucha y muy bárbara.

Al igual que no tiene sentido, por ejemplo, realizar una campaña sobre la mutilación genital femenina entre las etnias que no lo practican, lo mismo habría que insistir en la educación sexual entre esas etnias que tienen disociada la libertad sexual. Ojo, que otros muchos la tienen disociada sin importar la etnia.

Lo de si los periodistas investigamos más o menos es debate para otro día, pero ya les adelanto que es mucho menos de lo que deberíamos y algo más de lo que podemos. En estos tiempos de transparencia, abundan más la fake news, o paparruchadas, que los datos y los periodistas escasean cada vez más. Por eso gracias a Roberto Mangas, de El Mundo,  por investigar este caso, por difundirlo y por denunciar de paso como nos silencian, aunque tengo que discrepar con él, en algunos aspectos del cómo ofrece la noticia.

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