Historia de Guadalajara

Historia de una provincia con un pasado mucho más apasionante del que a simple vista parece.
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Una hazaña alcarreña: El vuelo del Cuatro Vientos

Joaquín Collar Serra (a la izquierda) et Mariano Barberán y Tros de Ilarduya delante del "Cuatro Vientos". Foto: www.missing.aero

Una de las señas de identidad de la Guadalajara de principios del siglo XX fue su contribución a la modernización del ejército en España, gracias a instituciones como la Academia de Ingenieros o el Taller de Globos, las cuales fueron claves para entender la vida del ilustre arriacense del que vamos a hablar aquí: Mariano Barberán, el piloto de la hazaña del Cuatro Vientos.

Barberán nació en Guadalajara en 1895, y con apenas 15 años ingresó en la Academia de Ingenieros de la ciudad, logrando el rango de teniente. La capital alcarreña de aquellos años era la cuna de la aviación española, pues en el municipio se había construido el llamado Taller de Globos, donde se realizaban pruebas con aparatos “más ligeros que el aire”, es decir, globos y zepelines, cuya utilidad para la guerra todavía se estaba probando. Como consecuencia de la actividad de este gran laboratorio al aire libre, los arriacenses de la época estaban acostumbrados a ver pasar sobre sus cabezas extraños artilugios, algunos con vuelos exitosos, y otros algo más accidentados, que acabaron siendo sustituidos por aviones, mucho más rápidos y seguros. Quizá fruto de este entorno, Barberán descubrió que su verdadera vocación era la aviación, y pidió, un año después de salir de la academia, ser trasladado a este cuerpo del ejército.

Mariano Barberán  no lo tuvo fácil para ser aviador, pues usaba gafas, pero su tenacidad y su capacidad técnica compensaron sus carencias físicas, y en 1924 consiguió ser admitido como piloto, participando en las campañas de Marruecos, donde destacó en todas las misiones que le encomendaron.

Su formación como ingeniero y su experiencia como piloto se completaron con un incansable interés por experimentar en nuevos campos científicos relacionados con los aviones, como la radiotelegrafía, lo que le llevó a relacionarse con otros militares pioneros, como Ramón Franco, hermano del dictador, a quien ayudó a preparar el vuelo del Plus Ultra en 1926, primero en el que se consiguió cruzar, con escalas, el océano Atlántico. Si bien Barberán colaboró con el proyecto, no llegó a formar parte de la tripulación en este vuelo al haber dejado la aviación voluntariamente un año antes de su partida por diferencias de criterio con su superior.

Pronto se arrepintió de esta decisión, y en 1927 regresó a la aviación, siendo nombrado profesor, y luego director, de la Escuela de Observadores. Quizá dolido por no haber participado en el vuelo del Plus Ultra, decidió en 1932 llevar más lejos a la aeronáutica española, preparando el primer vuelo cruzando el Atlántico sin escalas, desde Sevilla a Cuba. 

El 10 de junio de 1933, acompañado por Joaquín Collar Serra, uno de los mejores pilotos de su época, Barberán salió de Sevilla rumbo a Cuba a bordo del Cuatro Vientos, un aparato de un solo motor fabricado íntegramente en España. Casi 40 horas y 7.895 km después, consiguieron aterrizar en la localidad cubana de Camagüey, siendo allí recibidos como auténticos héroes, y sellando así uno de los grandes hitos de la historia de la aviación mundial. Nada menos que 10.000 personas y las autoridades cubanas les vitorearon posteriormente en la Habana para celebrar la hazaña.

El plan del viaje era volar posteriormente de Cuba a México, donde les esperaba una multitud de 60.000 personas, en lo que sería una travesía a priori fácil. Sin embargo, cuando sobrevolaban el estado de Tabasco, el avión desapareció con sus pilotos, sin que se supiera el por qué. En ese momento, los rumores y las hipótesis acerca de la desaparición comenzaron a inundar los periódicos mexicanos y españoles, destacando por encima de todos el que decía que, por culpa de una tormenta, el avión se había visto obligado a realizar un aterrizaje forzoso en algún lugar de Oaxaca, siendo allí los pilotos secuestrados y asesinados por nativos que habrían desguazado el avión buscando materiales de valor. Lo cierto es que, un mes después de la desaparición, y tras haber desplegado un operativo de búsqueda en el que trabajaron unas 12.000 personas, fue encontrada en una playa una cámara de un neumático que la embajada española de México pudo comprobar que pertenecía al Cuatro Vientos, por lo que se pudo suponer que el aparato había caído al mar durante una tormenta.

A pesar de que la investigación se dio por cerrada en ese momento, los rumores del secuestro y el asesinato de los pilotos nunca pudieron ser acallados del todo, y ocho años después del accidente los medios mexicanos rescataron la inventada historia con un reportaje sensacionalista en el que incluso se ponía nombre y apellidos a los supuestos asesinos. El final trágico del Cuatro Vientos, y los truculentos rumores que le acompañaron, no han conseguido sin embargo eclipsar el hito conseguido por el piloto alcarreño, uno de los más importantes de la historia de la aviación mundial.

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