Herreros y otros trastos viejos

Un sol de revolución

Llamadme tonta, pero esta mañana leyendo la cantidad de cosas que se han publicado de la “revolución española”, el movimiento 15-M o Democracia Real Ya, me he emocionado. Me emociona que la indignación haya saltado de lo digital a lo real. Me emociona que, siguiendo el ejemplo de Ghandi, se quiera conseguir un cambio sin violencia. Y no dejo de preguntarme: ¿Por qué sigue el Gobierno diciendo que le parece bien, pero no hace caso de lo que se pide?

Es como el refrán que decía mi abuela: Dame pan y dime tonto. Es la sensación que tengo cuando oigo a responsables del Gobierno de España decir que las movilizaciones están bien y tal. Manifiéstate, pero no me muevo de mi poltrona. ¿Qué cantidad de gente es la que Zapatero considera suficiente para decir: Señores, tienen razón, la crisis me supera, no sé qué hacer?

Y más aún, si tan mal lo está haciendo Zapatero y su equipo de gobierno, por qué el resto de partidos en el Parlamento, que lo critican en cada miércoles de control al Gobierno, no plantean una moción de censura. Y es que, aunque la democracia no es perfecta, tiene sus mecanismos para lograr las cosas. Y cuando un presidente no lo hace bien, el resto de fuerzas políticas puede presentar una moción de censura.

Haciendo un símil burdo de empleo: ya que está visto que el mobbing contra el Gobierno no está funcionando, ¿Qué detiene al resto para platear su despido?

Ayer, estuve en la acampada que se ha hecho en Guadalajara. Había allí unas 400-500 personas, en su momento más álgido, que de forma tranquila fueron entrando en harina. Primero, los saludos, encontrarse con gente, y tú por qué has venido. Luego, el megáfono dio voz a los ciudadanos, a los “votos” del domingo. Y cada cual dijo por qué había acudido. Y la mayoría empezaba: “Estoy aquí porque estoy harto/a…” y cada cual daba sus motivos.

Eran variados, aunque había algunas cosas comunes, como que no se pueda elegir a los candidatos, es decir, que las listas sean abiertas, como las del Senado, pero todas. Que vayan a votar, pero que piensen antes de hacerlo, que el voto, aunque luego no hagan caso de él, es importante.

Decían que están hartos del paro, de cobrar poco por trabajos en los que no se requiere cualificación cuando tienen una licenciatura o diplomatura, másters y hablan idiomas. ¿Para qué tanta formación si terminamos trabajando de teleoperadoras? Hartos de que hayan sueldos mínimos, pero no máximos, que haya algunos que cobren burradas que lo único que consiguen es aumentar la discriminación.

La gente estamos hartos, en definitiva, de la injusticia, de que no se nos escuche. Y, por eso, se sale a la calle. Por eso, se acampa. Por eso, se reclama un cambio. Y llegan los que mandan y se arrogan lo conseguido por los manifestantes, ¿Y eso?

No sé en qué acabará el movimiento 15-M, ni cómo pasará a llamarse en los libros de Historia. No sé si, tras los italianos, habrá más jóvenes de otros países que se rebelen pacíficamente. Los islandeses, a la chita callando, han hecho su propia revolución y ahí están. Los belgas llevan sin gobierno más de un año, porque no logran ponerse de acuerdo sus representantes y ahí está, funcionando. El mundo árabe se rebela contra los dictadores.

Ahora, habrá que ver cómo se organizan las cosas, cómo se argumenta el cambio, qué soluciones se proponen y si éstas son realizables. Hay que hacer las cosas bien, sentando unas bases sólidas y justas que traten de beneficiar a la mayoría de las personas, sin discriminar por razones de edad, sexo, religión o color de piel.

Muchas ONGDs llevan años diciendo que otro mundo es posible. Quizá ahora, sea posible que ese cambio se ponga en marcha. Será lento, costará, pero nada es imposible.

Arquímedes pedía una palanca para mover el mundo, tiene que ser muy larga porque el mundo pesa mucho, pero no es imposible. Creo que se puede llevar a cabo. Ánimo a todos, podemos hacerlo.
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