El blog de la señora Horton

Sigüenza

b2ap3_thumbnail_03TAPICES_ALN-647x350.jpgVaya por delante que he nacido en Sigüenza, que he pasado en ella mi infancia, que he rehabilitado varios de sus viejos y preciosos edificios y que le he escrito libros. Incluso confieso que todo lo que haya de creativo en mí se lo debo a ella, aunque no fuera más que por aquello de que la verdadera patria de los hombres es la infancia.

 

He leído mucho este verano sobre Sigüenza pues alguien, con muy buen juicio, se está ocupando de colocarla en el lugar cultural que le corresponde. Ha tenido Sigüenza muy buenos días este verano del 2014. No solo ha participado con La Anunciación, en el homenaje al Greco, no sólo aparece profusamente en las redes sociales con una espléndida página dedicada a la Catedral, no solo han abundado los  conciertos y exposiciones sino que, saliendo de una timidez muy seguntina, se ha abierto en canal mostrando sin pudor sus tesoros, pues la historia de mi ciudad –que es la de ustedes– está trufada de gestas y menudencias, de éxitos y días oscuros, pero si algo es lo que parece (y contra el criterio de la sabiduría popular afirmo que  las cosas suelen ser lo que parecen) Sigüenza tiene mucho que decir y que enseñar, pues ha sido el centro de una historia al mismo tiempo hermosa y terrible.  Y como en este espacio que cultivo no caben muchas palabras, me voy a centrar de su último éxito: la exposición de tapices referidos a la Alegoría de Palas Atenea.

Al margen de lo que ustedes ya saben, por los documentados comentarios de gentes importantes como Antonio Herrera Casado, Felipe Peces y Rata o Fernando Meza, me ocupé hace tiempo de por qué estaban allí estos tapices y qué significaban. De esto ya hace años, la friolera de treinta años, cuando escribí el libro "El eterno día de Sigüenza" (Institución de Cultura Marqués de Santillana de la Diputación Provincial de Guadalajara, 1984) y entonces supe que fueron un regalo de uno de sus obispos en el siglo XVII. Era frecuente regalar reliquias o tapices a los templos y don Andrés Bravo, obispo, los encargó en Flandes, pues de sus telares es de donde salían las piezas más preciadas; estos son obra de Ian le Clerq y D. Eggermans de Bruselas ¿Sobre qué cartones? Parece ser que sobre cartones de Charles Poerson, flamenco que vivió entre 1609 y 1667, ­ según supone la profesora García Calvo.

 Una de las incógnitas es por qué han estado abandonados cerca de trescientos cincuenta años, y hasta el día de hoy nadie se ocupó de restaurarlos: pues sencillamente porque son de tema mitológico y casaban mal con una catedral católica. Más suerte tuvieron los de Pastrana, magníficos tapices también flamencos, que fueron apreciados años antes y conservados y restaurados. Quizá porque se trate de tapices de tema histórico.

Al margen de su mérito y su belleza (alto lizo y orlas deslumbrantes con armas, frutos y flores) el personaje central es una alegoría fascinante: Atenea, protectora de Atenas, hija de Zeus, que en principio tuvo forma de mochuelo y/o serpiente.  Palas Atenea en sus varias formas fue una diosa pagana llena de virtudes. Inteligente y sabia, inventó los números y fue defensora de la ley escrita; entregó a los atenienses la simiente del olivo para su cultivo, al estilo de las leyendas prehistóricas que narran como los dioses entregaron al hombre el grano de trigo dando lugar al fin de la vida nómada de cazadores y dando principio a la agricultura. El arte despojó a Palas de sus alas de ave para representarla como mujer y, como además era una diosa valiente –si visitan la exposición comprenderán que no se corta un pelo ni siquiera en presencia de dioses/héroes varones– es por tanto uno de los símbolos del feminismo.

Hay mucho que contar sobre Sigüenza y sobre su Catedral, que guarda muchos secretos y leyendas. Algún día volveré sobre aquellos antiguos personajes mitad de carne y mitad de fantasía, pero por hoy basta con dar las gracias a las personas que meten tiempo y dinero en adecentar esta magnífica ciudad. Y alentar a todo mis lectores a que no se pierdan estos tapices. Porque aún vendrán más... y pronto.

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