Primer vistazo

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Hoy me he levantado extrañamente optimista. Extrañamente porque los problemas acucian y es presumible la tormenta... No sé, quizás luchar contra los elementos sea una temeridad angustiosa que no trae más que desasosiego. Por esas cosas de la autodefensa y tal, que diría Jesús Gil, el cuerpo ha producido endorfinas y hago coñas hasta con el dolor de muelas, dejando que San Pedro me las bendiga... ya que me las ha dado Dios.

Alguien dijo una vez que un optimista es un conformista y un pesimista es un optimista cuya visión  de lo que debería ser es utópica.  Puede, pero yo a eso le llamo ser un triste y ya sabemos lo contagiosas que son estas sensaciones, sobre todo las negativas. Menos mal que éste no es el caso y hoy el desayuno con leche desnatada, queso fresco y galletas sin azúcar me lo he podido tomar sin acordarme de la muela... Ah, ¿ que me la saqué el viernes?... ¡ Ahora vas y la cascas, muela de la muerte!...

¡Hum, vaya!, con la diabetes me he quitado un niño de la chepa y otro de la barriga y no me duele nada; ya tengo dos motivos para estar contento. ¿ qué soy diabético y mellao?; ya, pero estoy más delgado y me estoy poniendo unos piños de pega, que últimamente te hacen hasta guapo - hasta la Virgen de Lourdes no puede con según que casos; a veces ni Picasso podría con algunos como el mío, por lo que les excuso si al menos dejo de ser raro de ver-.

Tal vez sea mejor mirar que es lunes, que el sol tiene todo de un bonito que pá qué” y que el personal pinta con otra cara, más alegre, de mejor tono. Probablemente sea mi deseo más que la realidad pero es que llevo unos días que hasta los políticos me parecen majetes... No, no he tomado nada... es que veo al pesimismo en retirada. Y es que el corazón de Guadalajara está latiendo fuerte.  La Ciudad ha decidido tomarse a sí misma y no para. Aunque le faltan algunos dientes en forma de solares vacíos la vieja Arriaca está dejando de tener miedo a mostrarse. Ha comprendido que de poco sirve verse mellada y con complejos, de temer la burla, el desdén, el victimismo. Y es que se sabe guapa pese a todo, pese a olvidarse de sí misma embarcada en dislates de psiquiátrico.

¡Ni pastillas ni soluciones de emergencia!. Sólo recordarse y buscar en el armario sus mejores trajes, en la cómoda el maquillaje y en el alma a sí misma. Sólo eso, un poco de sol y un montón de paisanos hartos de estar hartos, aburridos de pesimismo. Hasta en el discutódromo del ayuntamiento  parecen tener pocos motivos para tirarse los trastos... A ver, ¿Quién es el guapo que lanza una crítica o decide un impuesto para cargarse este oasis de buen rollo?

Seguimos sin un euro, pero algo nos dice que ya vale, que nuestros abuelos tenían menos y se daban enteros de puro hospitalarios... No sé, tal vez el influjo de Cela y el cariño que muestra en sus vivencias de viajero en La Alcarria hayan jugado en el subconsciente colectivo, y recordar que las cosas que hacemos juntos, las que se hacen nuestras, siempre nos salen bien.
Recuerdo las “zofras, o zafras”, nunca lo supe bien, que llamaban en el pueblo de mis años de acné juvenil a los trabajos comunales. Arreglábamos la carretera y con lo que nos pagaban hacíamos una fiesta para todo el pueblo o pintábamos el baile; a escote no hay nada caro ni ningún esfuerzo es inútil.

Y es que en esa colaboración colectiva hay otros valores más importantes que los prácticos o los económicos; cuando algo se hace entre todos cobra seña de identidad, se hace nuestro. Hay mil ejemplos para referir pero en Guadalajara, mi casa, desde que tengo uso de razón - y cada cual tiene la que tiene – son los culturales los que se llevan la palma. A todos nos viene a la cabeza el Maratón de cuentos por ser el más longevo y estar más reciente, pero no podemos echar al olvido los certámenes de teatro de ATA y Ciudad de Guadalajara, el tenorio mendocino o los versos a Medianoche, Arriversos... 

Estamos condenados a la Cultura porque estamos enseñados a amarla, a nuestro modo, pero amarla.

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Guadalajara es una ciudad bohemio-conservadora, es decir, que o hacemos lo que nos parece dentro de un orden o vamos cada uno a lo nuestro y nos dedicamos a protestar o a fabricar solares. Si nos aburrimos mirándonos al ombligo en un rincón de casa, y últimamente así eran las cosas, la ciudad se vuelve gris. ¿ Acaso no pensaban que la calle mayor es triste?

Pues no. Es estupendo ver que cada casa de la “ aorta” arriacense tiene un detalle en el que fijarse, quizás nada especial o histórico pero sí bonito o divertido; que los colores de los edificios, de los escaparates, abarcan toda la gama y que ahora las terrazas llaman a la gente que se sienta y se queda... y da vida porque disfruta de su gente y de su calle.

Como diría aquél personaje de la serie Vicky, el vikingo “ ¡ Estoy entusiasma.. do! “, porque la Concordia, pese a tener en andamios menores el kiosko está viva como nunca; la fuente del parto ya da luz, esta vez LED que es más barata, y los niños y los fotógrafos damos el coñazo a las palomas, mientras los abuelos le dan al bolo castellano o la petanca.  En las anochecidas de Junio en San Roque, otra calle para estarse,  el paseo se vuelve río de paseantes dándole al tiempo su pausa.

Estoy convencido de que mientras lee esto alguno de ustedes está pensando que estoy describiendo una utopía;  que estamos en una crisis galopante y que no tenemos cabeza que nos rija, que no están las nuestras para alegrías....

Y tiene razón pero...
¿ Por qué no trata de salir de ese rincón oscuro, de destapar el espejo, de salir a la calle y ponerse una camiseta de colores? ¿ por qué no se fija en que también las crisis se superan cambiando el estado de ánimo? ¿ por qué no ve que se está fijando el mundo?

El tío Pelozorra decía “ Fuera miserias, que de esas Dios da muchas”.  Y eso exactamente es lo que está pasando; sin muchos cuartos le estamos dando portazo a la miseria, todos a escote.

Y se ponga usted como se ponga, me quedo con eso, con una Guadalajara en la que se me hace bonito hasta el naranja de la espuma aislante de los solares y los dibujitos que hizo el que la esparció; una Guadalajara que las ardillas pueden visitar de punta a punta sin bajarse de un árbol;
una ciudad de gente conocida, no esa otra que se empeña en destruirse y desconfía.

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Pero sí, soy consciente como he dicho de que ésta es una visión particular, quizás una deseada ducha de optimismo que he obtenido tras negar a tanto agorero su razón.
Como Blanca Calvo, nuestra reina de cuento, me siento afortunado de vivir en la ciudad que se da toda para sentirse bien.
Por eso quiero mirar en positivo, negarle la razón a la evidencia, ponerme cabezota. En este rincón no cabrán las puñaladas, ni las quejas idiotas, ni aún las razonables. Para eso ya están los demás empeñados en ahogarnos en dolorosas realidades.  

“Nada es verdad ni es mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”...
Yo, pues este blog lo hacen mis ojos, he buscado unos cuantos cristales, o mejor dicho, filtros, desechando aquéllos de tonos pardos, oscuros y tristes.
Guadalajara, mi tierra, sus cosas son  mucho más que  ese tipo que en el bar justifica su voto a los nuevos porque “odio al PP”, sin más historias, o el que le contesta que nos espera “Siberia en la República Bolivariana de Expaña”; esos dos que en esas cositas que hacemos juntos, uno es espadachín en el Tenorio, cuenta cuentos en el Maratón y escucha atentamente la poesía que el otro escribe en el tiempo que le deja libre su trabajo de artesano en las ferias medievales de mil sitios, incluido el maratón... quedan juntos para ver los cortos del FESCIGU o pagar la Peña en la que llevan veinticinco años, por supuesto discutiendo de “esta mierda de país”

Pues de eso, del brillo de la foto, de la sonrisa, del pequeño detalle que nos permite saber que la felicidad es un instante bello en cualquiera de sus formas y expresiones es de lo que daré cuenta. Así que ahora que estreno dientes aprovecharé para explicar porque Guadalajara es más chula  con la faz relajada y El color del cristal con el que miro.

Las penas ya las tengo; que vengan alegrías… Yo las cuento.

Espero que les guste la propuesta.

18 y 19 de julio, Riveras y Ribera
De ediles solitarios, de laboratorios, de ingleses...