Un zángano en el palmeral

PORQUE LAS MEDUSAS NO NOS HAN PICADO

Descontamos el octavo mes. Uno menos de los de 2011. Arrancaremos la hoja del calendario mañana. Y, aunque queda verano, a pesar de los días laborables y festivos restantes-  porque, como el toro es toro hasta el final del rabo, concluye el verano cuando el verano concluye- estamos, por fin, ingresando en nuestro verdadero ser…


Sí, de regreso de la holganza, de vuelta tas el intermedio laboral del estío, otra vez aquí para hacer lo que hacíamos y dar por finalizado ese episodio de carnestolendas o anacrónico periodo de festividad alocada a la que denominamos vacaciones. Sí, sí, sí, porque el común de los mortales que no es “europotentado” inicia un éxodo durante los meses de julio y agosto cuyo destino puede describirse como, “localidad costera levantina cuya población se cuadriplica en verano con residencia en apartamento lo más próximo posible al metro cuadrado de arena disponible entre la multitud aparcada a la orilla de un mar que pareciera andén del metro de Madrid en hora punta”. Se marchan de su casa para hacer lo mismo que hacen en sus domicilios, salvo que cambian la tasca por el chiringuito o la boutique por el puesto de artesanía. Es decir, quienes obran así simulan que son otros, que son felices y se divierten, hasta que una voz programada vocea la hora de abandonar el paraíso y atraviesan el espejo para encarnar, de nuevo, lo que es- puedo asegurarlo- purito descanso… La rutina no envilece, dignifica, como el trabajo. Y ese estar por estar, más amodorrados que seres vivos, pagando gambas a precio de vaca lechera sin sacrificar, exponiendo la propia naturaleza a los caprichos ascendentes del ácido úrico y a riesgo de cancelar los dispositivos de control que previenen el advenimiento de la ruina, es un desorden origen del cansancio monumental que padecemos y luego atribuimos a la actividad habitual del resto del año. Por lo tanto, ahora viene lo bueno de verdad. Disfrutar de los días y de las horas con una buena esperanza por añadido. Esperar por doble o triple motivo… Esperar, porque muchas de las cosas que se desean exigen un tiempo determinado hasta que se consiguen. Porque lo que se desea y espera es- incomprensiblemente- otro nuevo periodo de ociosidad. Y porque esperar, según establecen los especialistas, tener esperanza, contribuye al buen estado de salud que se estima media a la que aspirar para cualquier individuo… En fin, agua en caudal como corresponde, referiremos los detalles de un viaje magnífico a quien quiera escucharnos y a quien no también, contabilizaremos lo apropiado de la estancia de la que disfrutamos una y mil veces, discutiremos para imponernos a los demás y bendeciremos la tecnología por haber llegado en nuestro auxilio evitándonos tantos tiempos muertos y sus funerales: es realmente fatigoso eso de no saber qué hacer,  y, enchufados, ofrecemos una dimensión distinta y mucho más al día a los demás y a nosotros mismos. Vengan pues películas, series de televisión, “tele realidades”, retransmisiones deportivas, concursos, intercambio de fotos, videos recomendados, eslóganes que originan afinidades y otras atracciones logradas mediante internet o telefonía: ¡viva la vida alegre y divertida*!



(*) Frase que popularizada a finales de los sesenta o principio de los setenta el genial Luis Sánchez Polack, TIP




TRAS LA ALGARADA EN EL TEATRO BUERO VALLEJO
PACO

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