Un zángano en el palmeral

OJALÁ CUALQUIER 8 DE MARZO

Coincide que es la fecha del cumpleaños de una joven que me es bastante familiar, pero eso no es sino un detalle que utilizo como pretexto para el inicio de esta pieza… A ocho de marzo de 2019 sabemos que se sigue celebrando el día Internacional de la Mujer Trabajadora cuyo origen tiene que ver con una iniciativa que pone en marcha Partido Socialista de Estados Unidos- declaran Día Nacional de la Mujer el 28 de febrero de 1909- y con la elevación de rango, según acuerdo de la Internacional Socialista reunida en Copenhague en 1910. Además, entre un variado surtido de actos y convocatorias, en nuestros días, la jornada será de huelga general…

 Probablemente, cuando se publique este texto ya habrá acontecido todo lo previsto para la fecha, con éxito para unos y acreditado sinsentido para otros. Siempre hay oportunidad para la disconformidad y no debe considerarse cosa que escandalice salvo que las confrontaciones de pareces se demuestren o resuelvan mediante actos violentos. Es el caso de la agente judicial que acaba de comparecer en el Tribunal Supremo para ser interrogada por fiscales y abogados, sometida por la turba que se congregó en la ciudad de Barcelona, como todos los que le acompañaron el 20 de septiembre de 2017 al efectuar un registro en la Consellería de Economía de la Generalitat de Cataluña, al sitio, la amenaza y el miedo. Desde aquella ocasión nada se ha sabido- y tampoco ahora- acerca de declaraciones o manifiestos en apoyo de esta trabajadora. Ninguno de los colectivos de mujeres feministas, en especial los que son partícipes y organizadores de todo lo que concierne a la festividad que empecé mencionando, han utilizado sus propios medios o los que la sociedad facilita para exigir respeto y reparación- más allá de lo que la justicia pueda decir en su momento- en favor de esta persona que se llama Monserrat del Toro. Como tampoco se conocen bríos similares que acompañaran y defendieran a las esposas y novias de los guardias civiles que recibieron una paliza salvaje en Alsasua. Callaron y callan como puertas. Un silencio revelador que podría indicar el etiquetado de lo moralmente admitido según las circunstancias ideológicas de las personas o de sus actos. Para algunos… y algunas, si no son de su cuerda, ni agua. O, dicho de otro modo. Sin que invalide lo relatado- valga como ejemplo porque la lista es mucho más amplia- la lucha política y el empuje social en favor de las mujeres, sin que emborrone siquiera la legítima reivindicación de derechos y seguridad que han de tener y que todos haremos bien en procurar en la medida que nos toque, la coherencia quebrada, la sospecha de sectarismo, hace un profundo mal a lo que con tanta justicia se persigue. Por lo tanto, vendrán más días, vendrán más huelgas- esperemos que libres, no manipuladas mediante la extorsión o las coacciones como suele ocurrir con todas las huelgas- y la sociedad cambiará. Ojalá entre las muchas cosas que se erradiquen esté este filtro intolerante con el que se considera si alguien es merecedor de lo que se quiere para todos. Ojalá.

Peregrinando en pos del Buen Toreo...
Los asuntos pendientes y la feria primaveral 2019