Un zángano en el palmeral

NI TIRIOS NI TROYANOS

Claro que hay gente honrada. Naturalmente. Gente honorable gracias a la cual, por el ejemplo de sus actos, respiramos algo de verdadera humanidad. Digo, entendiendo humanidad, no sólo como el conjunto de seres pertenecientes a la especie sapiens, sino en el acuerdo de usar el nombre para designar un concepto de excelencia posible. Así pues, vale la pena experimentar el día a día con confianza. Algo que en tiempos de crisis es todo un aval. Pero los tramposos quieren pasar por gente respetable también... ¿A qué viene tal afirmación?

Cronista GUADAQUE* de lo que les acontece a las personas, ofreció, recientemente, el relato de uno de esos episodios tan habituales en estos días, cuyos protagonistas, una pareja de propietarios a los que les urge hacer incluso lo imposible para evitar que la pérdida de su vivienda, por impago, suponga sólo un capítulo más del calvario deudor al que se han visto sometidos, creen estar experimentando una epopeya personal. Leída la noticia sin embargo, de épica empresa nada. Concedamos, todo lo más, que la naturaleza del conflicto se asemeja, mejor, al brete de pícaros que sin privarse de su propia incorrección medran y medran hasta salirse con la suya. Perjudicadas son las dos partes: los del banco que facilitaron dineros en suma adecuada para que los pipiolos, entonces sin trabajo, pudieran adquirir su nidito de amor, y los dichos enamorados, ahora morositos y vengadores. ¿De qué? De su dignidad y economía los unos… “Que se queden con la casa”, pongamos que hayan dicho, “Que se queden con ella esos usureros. Y si no, que no nos hubieran prestado nada: ¡si por amarrarnos al yugo capitalista, fiaron la bolsa prometida sin exigir aval alguno!”... Los otros los depositarios del parné, respaldados por la ley, a lo que entienden les corresponde: cobrar, cobrar y cobrar. Al fin, una villanía que se opone a otra. Porque temerarios son quienes pretenden un bien cuyo importe supera la renta de la que disponen, temerarios y chulos si se jactan además de su lamentable audacia, y escasamente considerados socialmente los que, conscientes de utilizar unas artimañas comerciales donde se imponen verdades a medias, suplen la ponderación que debiera estar presente en toda humana inteligencia por el enroque legalista más inoportuno, origen de desconfianzas y enconos muchas veces más que razonables. Pocas voces se atreven a decir bien alto que lo que venimos padeciendo durante este ciclo de desmoronamiento inacabado tiene responsabilidades varias. Las de los gobernantes, la de los empresarios, la de los trabajadores, la de los profesionales y las de la gente de a pie. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora queremos que nos resuelvan los problemas otros. Nos decimos engañados, en perenne estado de ruina por estafa, callando que los dados que llevábamos para jugar también estaban trucados. Nos rasgamos las vestiduras porque la letra pequeña y porque la ley eran redacción de la que nada se dice en TWITTER o en FACEBBOK, pero callamos que desconocer tales términos es responsabilidad de cada uno de nosotros. Ahora que las vacas flacas se han presentado nos volvemos vegetarianos apresurándonos a esconder las astas de las reses que hace cuatro días devorábamos protestando de lo engañados que nos tenían los ganaderos, los carniceros y todos los demás “ceros”. “Siempre quisimos comer cebollas”, decimos ahora que no tenemos otra cosa que cebollas para comer, y lloramos… Porque, hay gente honrada. Poca, pero la hay. Ninguno de nosotros. Ni bancos, ni hipotecados, ni tirios ni troyanos. Eso es lo que hay.  


(*) http://www.guadaque.com/index.php?option=com_content&view=article&id=22081:la-pah-apoya-a-una-familia-que-quiere-la-dacion-en-pago-para-cancelar-su-hipoteca&catid=1:local&Itemid=53

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