Herreros y otros trastos viejos

Necesitan gafas

Leer el último informe FOESSA sobre pobreza es descorazonador. En el séptimo informe de esta fundación de Cáritas para analizar la sociedad y la población, queda en evidencia que desde arriba no se están haciendo bien las cosas y la errónea y continuada toma de malas decisiones está teniendo como consecuencia una polarización de la población entre ricos y pobres y un terrible aumento de la pobreza.

 

El informe completo es muy largo, muy exhaustivo y muy frustrante –aquí pueden leer un resumen http://guadaque.com/sociedad-guadaque/item/16217-caritas-alerta-que-uno-de-cada-cuatro-espanoles-esta-en-situacion-de-exclusion-social.html-, porque se sabe lo que se está haciendo mal, pero ningún gobernante está haciendo nada para solucionarlo.  Y lo peor de todo es que aunque quisieran cambiar algo, se encontrarían con un muro formado por grandes multinacionales, bancos y bancos centrales empeñados en que la macroeconomía (la que les favorece) vaya bien aunque la microeconomía (la que nos afecta) sea un auténtico desastre.

Estos días, la noticia es que el barril de petróleo está más barato, mucho más que en verano, unos 30 dólares menos. Sin embargo, en las gasolineras no se nota ni un céntimo. ¿Por  qué? La respuesta evidente es: porque si el precio de venta se mantiene mientras que el de adquisición del producto baja, la consecuencia para la empresa es multiplicar y multiplicar las ganancias. ¿Por qué quieren ganar más dinero? ¿Para contratar a más personal? ¿Para aumentar el porcentaje de participación social? Me da que no va a ser por eso.

El motivo por el que quieren ganar cada vez más es porque sí, sin más. Igual que Pujol y familia no se contentaron con los supuestos primeros 1.000 millones de euros de desfalco y pensaron que habría que seguir robando. ¿Por qué? Si no les va a dar tiempo a gastárselo aunque se conviertan en vampiros (en los novelescos, que experiencia vampirizando ya tienen) y vivan mil años…

Reflexiono sobre esto y no me cabe en la cabeza que haya personas con tanta falta de empatía y tanta avaricia por adquirir más y más dinero, esconderlo, emplearlo en seguir haciendo mal las cosas. No les importa en absoluto que la consecuencia de su latrocinio sea la reducción de gastos sociales, la falta de políticas en pro del beneficio de las personas.

Les da igual lo que les pase a otros. Y eso es descorazonador. Porque no hay forma de solucionarlo. Es su forma de ser y las personas no somos muy dadas a cambiar nuestra forma de actuar a no ser que nos veamos fuertemente obligados.

 Y mientras unos se enriquecen más y más (dinero llama a dinero), otros son cada vez más pobres. Y no hay que irse a los países en vías de desarrollo o aquellos que no se van a desarrollar jamás porque las empresas armamentísticas, sus propios gobernantes y los traficantes de drogas, personas, petróleo y joyas no se lo permiten. Ahora, la desigualdad está en los portales  de cada calle de cada ciudad de cada país. Y va en aumento.

El informe FOESSA dice qué es lo que está fallando, propone algunas soluciones para actuar. El problema es que en “Bruselas” (ese ente al que todos echan la culpa de las cosas y del que parece que nadie es responsable) primero dice que hay que bajar los salarios y, un par de años después, dice: ¿Cómo qué has bajado los salarios? Es decir, que no saben lo que se traen entre manos.

Y no lo saben porque viven en “su mundo”, en un mundo, donde los cafés no se toman de pie y rápido en la barra de cualquier bar de barrio, sino tranquilamente sentado en una cafetería de diseño. Y claro, las cosas no son igual. Escuché hace unos días a una chica de unos 19 años en la radio a la que le preguntaban si usaba el transporte público para moverse y respondía: “Hombre, hago lo que hace la gente normal, contrato un chófer, porque no tengo carnet de conducir, o llamo un taxi”.

La gente que ella considera “normal” coge taxis o contrata chóferes. La realidad no es la misma para todos. Un niño que siempre ve la pizarra emborronada a partir de la tercera fila de pupitres pensará que eso es lo normal. Si le revisan la vista, le ponen gafas y vuelve a mirar, observará que la pizarra se ve igual desde la primera o desde la última fila.

Quienes nos gobiernan necesitan gafas. FOESSA se las ha dejado en la mesilla. Ahora, habrá que exigirles que se las pongan y que vean la REALIDAD, no la que les rodea, con sus dietas y viajes pagados, teléfonos y tablets gratis, invitaciones en buenos restaurantes y dejar de ir a trabajar cuando les apetece. Sino la otra realidad, la que ha dejado al 25% de nuestros vecinos en la miseria.

Señores, señoras, hagan el favor de ponerse las gafas y actúen en consecuencia.

Sed de mal
Viaje otoñal