Aviso Gorra

Matrimonio de conveniencia

Emiliano García-Page, al que le salieron los dientes amamantado por Bono, sabe de fontanería política más que los ratones coloraos. Y él sabía desde el principio de la legislatura que ese matrimonio de conveniencia con Podemos, estaba sujeto no solo a lo que conviene, sino también al cuándo conviene.

Manejar a los contrayentes no exigía consumación carnal ninguna, pero los novios son dos y ambos necesarios para Page, como él mismo se encarga de recordar entre líneas, para significar que la discordia entre los dos diputados de Podemos no es conveniente para nadie y menos para él.

Bastaba con el postureo de una fotografía, con dejar que los novios tuvieran su protagonismo mediático y con una declaración de amor, a modo de documento de investidura, en la que se sellaba eso de hoy te quiero más que ayer y menos que mañana, cifrando ese mañana en el último año de legislatura, ante el horizonte de elecciones donde romper el pacto sería lo conveniente.

Pero a García-Page tampoco se le escapaba que ese matrimonio de conveniencia podía romperse en cualquier momento, no ya por la voluntad de los contrayentes, sino porque en For Apache, con Pablo Iglesias manejando el tablero, los peones de Castilla-La Mancha son piezas prescindibles si lo que está en juego es el enroque.

Ocurre que el pacto era de investidura y Page fue investido presidente hace poco más de un año con los 15 votos de los diputados del PSOE, más los 2 de Podemos frente los 16 votos en contra del PP.

Prueba de que este acto “matrimonial” no tenía vuelta atrás, es que Cospedal abandona su escaño en Castilla-La Mancha a los pocos meses para ser diputada en el Congreso.  Y es que a un presidente se le inviste, y el verbo además de ser transitivo no tiene antónimo. Si acaso se le tumba del poder con una moción de censura, pero, ¿con quien?.

El postureo del enfado de Podemos, que no es más que la patada de Iglesias al PSOE en el culo de Page por otra investidura, ha pasado por el alarde de fuerza de querer demostrar que sin su voto no se aprueba nada. Así lo hicieron en el Debate del Estado de la Región, con consecuencias más estéticas que éticas. O yo o el PP, por activa o por pasiva, se encargó de recordar Page en las Cortes regionales, más preocupado por las puñaladas de su propio partido que por los dardos de Podemos.

El entendimiento entre Podemos y PSOE en Castilla-La Mancha está garantizado, al menos con la mitad de Podemos, con García Molina, y es solo cuestión de tiempos y apariencias para que el enfado parezca real.

Otra cosa es la otra mitad, que llegó  a las Cortes de Castilla-La Mancha con los votos de Guadalajara que ya se han perdido por el camino de las generales, porque David Llorente no solo no se habla con el PSOE, sino que tampoco lo hace con su compañero de partido.

A Page le tocará aquí aplicarse a fondo en la teoría del palo y la zanahoria, una teoría que maneja a la perfección.

Pérdida de la arquitectura tradicional campiñera: ...
Pobre de mí