Pie a tierra

Los deberes escolares

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No entiendo muy bien los vericuetos que sigue una propuesta hasta que es debatida en las Cortes, pero conozco varios casos (temas sociales, sindicales o políticos) en los que tras recoger cientos de miles de firmas y después de varios meses de insistencia se han visto condenados al olvido de sus señorías. De ahí mi sorpresa cuando oí que el tema de la supresión de los deberes de los escolares se había tratado en el Congreso de los Diputados.

Tras los informes Pisa también me ha sorprendido siempre la reacción de la sociedad y de los políticos de mirar a la escuela buscando las razones de los malos resultados. Por un lado es lógico y me parece bien que se acuerden de la escuela, sea cual sea el motivo (normalmente no se le da mucha importancia); pero por otro demuestra cierta ignorancia pues, por muy importante que sea la escuela en la educación de los niños, no es ésta la única que educa y enseña. Creo que la proporción de lo que se aprende en la escuela es cada vez menor, mientras que la familia, la calle, los medios de comunicación, los amigos, internet, la TV y las nuevas tecnologías en general forman, informan y educan cada vez más a nuestros jóvenes.

Pero claro, es más fácil culpar a la escuela de los malos resultados que reflexionar sobre el papel de todos estos elementos y su influencia en ellos. Ese sí sería un debate parlamentario importante y necesario. Un debate pendiente como tantos otros referidos a la educación…
De ahí mi sorpresa por la rapidez y la agilidad del debate de los deberes escolares que no es, a mi juicio, más que cargar a la escuela unas responsabilidades que una parte de nuestra sociedad no quiere asumir.

Y, para mayor sorpresa, lo hacen sin contar con los profesionales, con los maestros y profesores, que es de suponer que algo tendrán que decir sobre el asunto.
Siempre he comparado los deberes escolares con los tratamientos médicos o las rehabilitaciones necesarios tras alguna enfermedad. Vas al médico te atiende, te opera… y te vas a casa, donde deberás continuar los cuidados que el profesional te haya aconsejado. Hay pacientes que lo podrán hacer con una mayor autonomía y otros, en cambio, que precisen la ayuda de la familia. Estamos acostumbrados a ello. No oigo quejas, lo asumimos todos.

No me imagino a nuestros diputados proponiendo y debatiendo en las Cortes que se supriman  los cuidados prescritos para casa por los profesionales de la medicina y que se ciñan exclusivamente al cuidado hospitalario.

Porque lo que algunos pretenden con este debate es, en definitiva, que los niños no trabajen en casa y sólo lo hagan en el horario escolar.
 ¿Por qué no ocurre en la medicina y sí con las prescripciones de los profesionales de la educación?

Por la poca importancia que esta sociedad nuestra (en general) y quienes la dirigen dan a la educación, a la formación y, en consecuencia, a la escuela y a los profesionales que en ella trabajan.

Desde mi punto de vista de una vida dedicada a la enseñanza diré brevemente que los deberes escolares son imprescindibles como entrenamiento (a leer se aprende leyendo), como repaso, fijación y comprobación de lo aprendido, como refuerzo…  es un momento crucial del aprendizaje cuando el niño, solo, se enfrenta a eso que ha hecho en la escuela por la mañana y comprueba si es capaz de resolverlo por sí mismo o necesita ayuda.

Para el profesor es una herramienta de evaluación individual, personalizada, que complementa a lo observado en clase, a los exámenes…
Pero la escuela no es solo adquisición de conocimientos. Muchas veces éstos no son más que herramientas para desarrollar las capacidades de los alumnos y su formación como personas y ciudadanos responsables. Y para esto también son imprescindibles los deberes.

El trabajo en casa pone a prueba la responsabilidad de los niños, su capacidad de trabajo, su autonomía, la organización de su tiempo… les sirven de entrenamiento para su futuro.

Los estamos preparando además para un futuro en el que el trabajo en casa va a ser un aspecto fundamental de la vida laboral de muchos de ellos. Me parece adecuado prepararlos para ello.

Comprendo algunos argumentos de los padres. Sobre todo cuando dicen que les quita tiempo de juego y de estar con la familia y los amigos. Estoy completamente de acuerdo en que los deberes no deben sustituir nunca aspectos tan importantes para el desarrollo de los niños. Cuando eso ocurre será necesario actuar en estrecha colaboración familia-escuela para corregir esa anomalía. Adaptar los deberes a cada niño, a cada necesidad. Racionalizar. Utilizar el sentido común… Pero de eso a suprimirlos…

Vuelvo al ejemplo de los cuidados sanitarios: hay personas que no necesitan tratamientos especiales, pero otros sí. Hay pacientes que deben seguir medicaciones, otros no… No vamos a suprimir estos cuidados para todos de un plumazo. Por qué vamos a limitar los cuidados médicos a los hospitales si se pueden complementar cómoda y eficazmente en casa…

Sé que también hay diferentes opiniones sobre los deberes entre los profesionales de la educación y creo que es uno de los temas que deberían debatirse de cara a una modernización de nuestro sistema educativo. Pero también sé que casi nunca se ha tenido en cuenta nuestra opinión y que ésta ha sido una de las causas principales de la desmotivación del profesorado en los últimos años.

Estoy completamente seguro que los resultados de los informes Pisa mejorarían si sus señorías en particular y la sociedad en general dedicaran también un tiempo en sus casas a su propia formación.

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