Herreros y otros trastos viejos

Lobos

Resulta que matar lobos para que no ataquen al ganado tiene justo el efecto contrario: hace que aumente el número de reses muertas. Eso es que se explica en un interesante artículo publicado en la revista Plos One (http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0113505) titulado “Effects of wolf mortality on livestock depredations” (efectos de la mortalidad del lobo en los ataques al ganado). Concluye que matar un lobo, hace que los ataques crezcan entre un 4% y un 6%.

 

El estudio es serio. Se ha llevado a cabo en distintos países de todo el mundo durante años. Los datos que han recabado se reflejan en cuadros y estadísticas y, curiosamente, siempre que se aplica el control del lobo a través de su caza, se obtiene el efecto contrario al deseado: en lugar de disminuir los ataques, estos aumentan.

¿Por qué? La respuesta que ofrecen es que, al matar a un lobo, se rompe el modo en que funciona la manada, la familia. Si una pareja de lobos está criando y uno de los progenitores desaparece, el otro no se podrá hacer cargo de todo y los lobeznos empezarán a cazar por su cuenta. Su falta de pericia en la caza y el hecho de no contar con un aprendizaje por imitación de sus progenitores hace que se comporten de forma más agresiva, que cacen más, que se emparejen antes y que críen antes. Cuando están criando, les resulta más fácil atacar al ganado. De ahí, el incremento en el número de ataques.

Pero claro, ¿cómo se puede evitar que el lobo ataque al ganado si no es eliminando a los especímenes? En el estudio proponen diversas opciones, desde aumentar el vallado hasta poner luces o ganaderos montados a caballo (dependiendo del país). En su opinión, manteniendo una población adecuada de lobos, estos preferirán cazar animales silvestres que los domesticados.

Hacen una interesante defensa de lo necesario que ha sido siempre el lobo. Leyendo esto, recordé un vídeo que vi hace unos años y que me impresionó. El título era llamativo: “Cómo los lobos cambian el curso de un río”. Recuerdo que pensé: imposible. Y lo vi con la esperanza de que fuese una suerte de broma.

Pues no. Pueden verlo en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=dB1KKBpYxvE.

El experimento se llevó a cabo en el parque de Yellostone de Estados Unidos, ese que empezamos a conocer en España gracias al oso Yogui y su inseparable Bubu. Resulta que, igual que en la comarca de Molina de Aragón, los ciervos estaban suponiendo un auténtico quebradero de cabeza a los responsables del parque.

Al no tener enemigos naturales, estaban en la parte más alta de la cadena trófica y estaban acabando con el ecosistema del parque nacional norteamericano. Después de intentar varios métodos de control poblacional y fracasar, optaron por reintroducir en el parque a los lobos. El modo en que todo se revolucionó con su presencia es espectacular ya que desencadenaron una cascada trófica.

En el vídeo, se ve con claridad cómo la vegetación se recuperó, volvieron al parque diversas especies de pájaros, pequeños mamíferos e incluso peces. Se recuperó la población de osos y águilas y, finalmente, hasta se modificó el curso de los ríos que atraviesan el parque.

La reintroducción de los lobos no sólo controló la inmanejable población de ciervos, sino que logró modificar (para mejor) todo el ecosistema de Yellowstone. Va a resultar que los lobos no son tan malos.

Dos mil años barajando
LOS VERSOS MÁS TRISTES