Herreros y otros trastos viejos

Libros, libros

Para una bibliófila como yo, que comience hoy la Feria del Libro en Guadalajara, así como el Festival de Poesía Arriversos, es una estupenda noticia. Desde muy pequeña, me ha gustado leer, leía todo lo que caía en mis manos, desde novelas a prospectos médicos, pasando por las etiquetas de los productos más variopintos. Ahora, sigo leyendo, aunque no tanto como desearía.


Por eso que me gusta tanto leer, temo por el futuro de muchas editoriales y, sobre todo, de muchos autores que, en estos tiempos, donde la coyuntura histórica ha hecho coincidir una crisis económica con un espectacular avance de la tecnología, tienen la supervivencia un poco complicada, no voy a decir imposible, que es una palabra que no me termina de gustar.

La mayoría de las personas no tienen dinero para pagar el coste de algunos libros y, como solución a su innegable necesidad de devorar el título elegido, aprovechan para descargárselo de la red sin coste añadido. Otros, con la finalidad de un ahorro posterior, invierten en libros electrónicos o tablets en los que podrán leer decenas de libros a coste cero.

El problema de esto es que el mercado de la literatura no es como los otros grandes mercados susceptibles de ser pirateados. Me explico. El músico que lamenta que la gente no compre sus discos, puede sacar beneficio de las giras y actuaciones en directo. En el cine, las películas se venden a televisiones y cobran derechos de autor por emisión.

Pero, ¿qué le queda al escritor? Una lectura pública no gusta demasiado y, si se hace, ha de ser gratis, porque nadie entiende una lectura pagada. Si acude a las librerías o ferias con su volumen para firmar y añadirle un plus a una obra, nadie acudirá con su falsa copia electrónica. Así que, ¿cuál es la alternativa para estos escritores? Ninguna.

Bueno, una: dejar de escribir y dedicarse a otra cosa. El editor no podrá editar y cerrará y al final, no habrá libro ninguno que leer: ni gratis ni pagando. Resistirán los best sellers de las grandes editoriales, pero el mundo de la literatura es tan amplio y diverso que entristece matar poco a poco a una de sus enriquecedoras partes.

Puede que me haya puesto catastrofista, pero a los negocios ya no les quedan más riñones para aguantar esta prolongada crisis económica y, como oía decir a un responsable de una entidad bancaria, "hay que abrir los ojos e invertir en negocios que funcionen, no estamos para perder dinero".

Es lamentable que el mercantilismo y una convención humana, como es el dinero, marquen el futuro de una actividad cultural que nos ayuda a soñar, la lectura. En la medida de mis posibilidades, porque todos estamos en el mismo barco, ayudaré a este sector.

Espero veros en la Feria del Libro y, especialmente, en Arriversos, el Festival de Poesía de Guadalajara, que cumple (gracias al Ayuntamiento de Guadalajara) diez años promoviendo la poesía, ese género literario capaz de emocionar y trasgredir a la vez. Feliz Feria del Libro.

 

Tormentas primaverales
Los ojitos llenos de ayer