Apuntes de un becario

La política no es un oficio para cínicos

El ser humano es un animal político. Es decir, que es el único ser vivo de la Tierra que tiene capacidad para relacionarse políticamente, o, en otras palabras, que cuenta con herramientas para crear sociedades complejas. Así lo dijo Aristóteles en el siglo IV a.C. Y, a lo largo de la historia ha sido una aseveración que se ha confirmado.

 

De hecho, todo lo que nos rodea es política. La gestión de una ciudad, la labor al frente de un ministerio, un discurso en el parlamento o una campaña electoral. Incluso, las ruedas de prensa de Encarnación Jiménez también lo son. Todo servicio en favor de una comunidad o grupo de personas tiene una faceta politológica muy clara.

Además, muchas de nuestras actividades diarias –prácticamente todas– se pueden enmarcar en esta categoría. Ir a la escuela y formarse, con el fin de prepararse para el futuro; protestar por el cambio de una línea de autobuses; o hacer la comprar y elegir determinados productos por cuestiones monetarias o de responsabilidad social, son maneras de contribuir al progreso de la comunidad.

Por ello, me rechina cada vez que se censura a aquellos que se implican en buscar un futuro mejor para todos. “Es que hacen política”, se suele argumentar. Este tipo de testimonios lo que demuestran es una gran falta de miras. Quien lo asegura no es consciente de la relevancia de las actitudes que critica, ya que de las mismas todos nos beneficiaremos antes o después.

El último en tomar esta cuestionable postura ha sido el delegado de la Junta de Comunidades en Guadalajara, José Luis Condado. El pasado sábado, 6 de septiembre, estuvo en la romería del Alto Rey en representación de su partido, el PP, y de su gobierno, el presidido por Cospedal. Y allí se encontró con el reproche de la Plataforma de la Sierra Norte y de decenas de vecinos de la comarca que, a través de pancartas y camisetas, denunciaban los recortes aprobados por Toledo y la gestión del incendio de Bustares realizada por el Ejecutivo regional. Un fuego que se mantuvo activo un mes y medio, constituyéndose así como uno de los más largos de la historia.

No hubo consignas, no hubo gritos. Simplemente, carteles y prendas de ropa con mensajes en contra de algunas de las acciones del gabinete castellano-manchego. Sin embargo, Condado se molestó, y censuró a los vecinos. “Es malo hacer política con cuestiones serias”, afirmaba, después de que este periodista le preguntase al respecto. Sin embargo, el guadalajareño olvidó que ocupa un cargo de libre designación en una administración pública debido a su afiliación partidaria.

A pesar de ello, él insistió en su posicionamiento, señalando que estaban mal las protestas, y que todo se había gestionado bien. Sólo le faltó decir que la Serranía está mejor que nunca, aunque se hayan cerrado escuelas, se intentasen quitar los servicios de urgencia, y que, tras este verano, la comarca esté arrasada por las llamas.

Así, y ante declaraciones como éstas, desde la humildad, me voy a permitir hacer una recomendación bibliográfica al delegado de la Junta. ¿Ha escuchado alguna vez hablar de Ryszard Kapuściński? Fue un periodista, historiador, ensayista e intelectual polaco que escribió “Los cínicos no sirven para este oficio”. Se trata de una obra en la que se reflexiona, entre otras cosas, sobre diversos aspectos relacionados con la deontología y la ética del oficio de comunicador. Todo con un estilo ameno y muy interesante. Creo que es un libro magnífico del que, si se traspone al ámbito político, también se pueden extraer lecciones muy relevantes y útiles.

Siguenza (II)
CIUDAD AL AGUA