Historia de Guadalajara

Historia de una provincia con un pasado mucho más apasionante del que a simple vista parece.

LA DESTRUCCIÓN DEL PALACIO DEL INFANTADO

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Para desgracia de todos los arriacenses nuestro palacio del Infantado vuelve a ser objeto de debate debido a su estado de salud. La joya de la corona de la ciudad, nuestro edificio más emblemático y aquel que nos sirve de argumento demoledor cuando algún ignorante nos dice aquello de que “en Guadalajara no hay nada que ver”, está cerrado desde el mes pasado debido a la posible existencia de aluminosis. Este problema es característico de los edificios construidos en los años cincuenta del siglo pasado, cuando se usaba un tipo de cemento muy poroso, que absorbe la humedad y provoca la corrosión de los elementos metálicos, como las vigas.

Este hecho remite a épocas ciertamente mucho más oscuras que la actual, puesto que si bien nuestro palacio es mucho más antiguo que las décadas que nos separan de mediados del siglo XX, no hay que olvidar que el edificio fue prácticamente destruido en la Guerra Civil, y vuelto a edificar varios lustros después, con la apariencia que tiene ahora. Quizá sea un buen momento de recordar aquella historia.

Retrocedamos al 6 de diciembre de 1936. España se encontraba inmersa en la guerra y, tras el fracaso del golpe en la localidad, Guadalajara se había mantenido fiel al gobierno de la República. Aquel día la aviación de los sublevados sobrevoló la capital alcarreña y comenzó a bombardearla sin distinguir objetivos civiles de militares. Una parte importante de las viviendas fue destruida, y el palacio del Infantado fue uno de los edificios que más daños sufrieron, siendo pasto de las llamas en un momento en el que la población estaba más preocupada por esconderse y salvar sus vidas que de proteger el tesoro arquitectónico de la ciudad. La acción de las bombas fue más mortífera si cabe debido a que se había colocado muy cerca del palacio un arsenal de la CNT, que voló por los aires impactando al edificio. Es interesante reproducir aquí la opinión del profesor Juan Pablo Calero, quien sostiene que muy posiblemente el bombardeo lo efectuó la legión Condor alemana, la misma que asoló Gernica, cuyo objetivo fue en Guadalajara el mismo que en la localidad vasca: asesinar a tanta población civil como fuera posible. En ese sentido, tanto el bombardeo del palacio, sin importancia militar alguna, como el barrio de la Estación, de mayoría obrera, apuntalan esta hipótesis.

El hecho fue silenciado tras la guerra, pues los responsables de su destrucción fueron también sus vencedores. En ese sentido es muy interesante reproducir aquí las palabras del historiador local Layna Serrano, cuya obra está salpicada de afirmaciones de simpatía hacia la nueva dictadura: “el 6 de diciembre de 1936 sufrió Guadalajara, ocupada por los rojos, el bombardeo de la aviación que perseguía como objetivos los acuartelamientos marxistas, y unas bombas incendiarias destinadas a un cuartel cercano cayeron sobre las viejas techumbres del palacio del Infantado, declarándose pronto voraz incendio que los milicianos rojos impidieron sofocar”. Sin duda, la versión oficial de aquel momento, expresada por el reputado historiador, contrasta con la que hoy dan los investigadores, pero en su momento sirvió para cerrar en falso cualquier intento de esclarecer la responsabilidad de la sinrazón que sufrió Guadalajara aquel día.

El ataque supuso un golpe muy duro para los arriacenses. Muchos de sus habitantes en aquel momento acababan de llegar de los pueblos de la provincia huyendo del frente de la guerra, y el miedo se extendió por toda la ciudad. La noche del bombardeo se asaltó la cárcel y, como represalia, se fusiló a todos aquellos que habían sido apresados por apoyar la sublevación.

Entre los años 1937 y 1939 apenas se pudo hacer nada por recuperar un palacio que se había convertido en un amasijo de ruinas, pues la guerra no permitía desviar dinero a nada que no fuera el esfuerzo bélico. Así, se retiraron escombros, y se pusieron a salvo los pocos restos que había sobrevivido a la tragedia, apuntalando los muros que quedaban en pie para que la destrucción no fuera a mayores.

Tras la guerra, el palacio cayó en el olvido de la nueva administración, que no tenía ningún interés por invertir dinero para recuperarlo. Es entonces cuando debemos mencionar de nuevo a Layna Serrano, quien dedicó sus energías en fomentar la recuperación del edificio. En 1939 redactó un informe para que el palacio, una vez reconstruido, fuera sede de un museo, biblioteca y archivo, y lo mandó al Director General de Bellas Artes y al Servicio de Defensa del Tesoro Artístico. Además, publicó una de sus obras principales, “El palacio del Infantado en Guadalajara”.

Sin embargo, a pesar de la acción del historiador, la administración seguía mostrándose inoperante. Por ello, publicó un artículo en 1946 denunciando la situación: “Así está aún el palacio del Infantado”, y luego otro titulado “Problemas que plantea la reconstrucción del palacio del Infantado”, a los que acompañó con varias conferencias que hicieron que el gobierno se comprometiera en 1948 a tomar las acciones pertinentes para la reconstrucción. Finalmente, en 1950 comenzaron las obras, que si bien tenían una dotación presupuestaria escasa, se mantuvieron durante muchos años, consiguiendo que en 1973 se pudieran inaugurar varias salas del Museo Provincial. Cabe destacar que la restauración se permitió ciertas licencias, eliminando algunos añadidos posteriores, especialmente aquellos realizados por el V duque, duramente criticados por Layna, y tratando de devolver al palacio la forma que se suponía debía haber tenido a finales del siglo XV. Ciertamente, la restauración es hoy muy discutida entre los expertos, pues se hizo con medios escasos y siguiendo los cánones de la restauración en época franquista, sin realizar un estudio pormenorizado del edificio, especialmente de las zonas menos nobles y edificios auxiliares. En ese sentido, la posible aluminosis sería una consecuencia más de una restauración bastante precaria a la que, sin embargo, debemos que nuestro palacio siga todavía en pie.

LAZOS AMARILLOS
ZIDANE