Vaya por delante: me parece muy bien que la libertad de elegir suponga la adopción de costumbres, por ejemplo relacionadas con la alimentación, que limitan la ingesta de determinados productos. Y lo digo por quienes así lo hacen a la vez que optan por saborear sólo platos confeccionados con seres del mundo vegetal. Lo que me pone, sin embargo, en guardia, es ese proselitismo lleno de amenazas que vaticina la hecatombe o la condenación. Pero este preámbulo ha lugar a propósito de dos noticias. La primera, de lo más normal por cierto, a disposición de todos los lectores de GUADAQUÉ con fecha de 27 de junio de este año.

Hace referencia a los “cenadores veganos”, “la primera cita de intercambio de comida y recetas” auspiciada por Ecologistas en Acción. Esto me llevó a conocer qué es un “vegano”, término que, conforme a lo que suscita mi palabra, aún no recoge el diccionario de la Real Academia. David Román de Unión Vegetariana Internacional*, lo explica así: “El veganismo es un estilo de vida que excluye toda forma de explotación y crueldad hacia el reino animal, e incluye la reverencia por la vida. Se aplica a la práctica de vivir de los productos del reino vegetal para excluir la carne, el pescado, las aves, los huevos, la miel, la leche animal y sus derivados, y promueve el uso de alternativas para todos los artículos cotidianos derivados en su totalidad o en parte de los animales”. Entonces, visto así, ¿si las lechugas, las hortalizas, las acelgas o los tomates, tuvieran calidad de vida equiparable a la de la fauna?... Para pensarlo. Mas, aquí es donde traigo a colación la segunda noticia. Apareció publicada en el Diario ABC con fecha del pasado 6 de junio. El titular principal dice: “Descubierto el sistema de «mensajería» de los insectos”. Y, en lo que es el cuerpo de la noticia se podía leer: “… las nuevas plantas pueden "contar" cuánto sufrieron sus predecesoras a causa de las orugas que se comieron sus hojas. O de los insectos que devoraron sus raíces. Es decir, transmitir a otros insectos detalles sobre su sabor o grado de comestibilidad”. De modo que, si es cierto lo que proponen estos científicos, la comunicación entre plantas es evidente y tal posibilidad es algo de rango superior al mero devenir “contemplativo” que se suele atribuir al mundo vegetal. Así, desde mi punto de vista, queda anulado el argumento que prima la vida animal sobre la vegetal como salvoconducto para minimizar daños. Si los vegetarianos y los veganos, quieren comer solo judías, altramuces, o infusiones de valeriana, magnífico. Pero, oigan, luego no nos vengan a decir lo malos que somos por comer carne. No es el caso de lo sucedido en Guadalajara, no tengo noticia de que tales jornadas hayan incluido una proclama de esas tan habituales a las que me refiero, pero sirva todo lo dicho para reflexión de los propios y de los ajenos. (*)http://www.ecoportal.net/content/view/full/18738