Aviso Gorra

Guarros

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Podemos hablar sobre el cambio climático, la capa de ozono, la eficiencia energética, el reciclaje, el problema de los residuos nucleares, la muerte de un lince o el ahorro del agua y sentir que tenemos una gran conciencia medioambiental porque todos estos temas nos preocupan. Pero no es cierto si no vemos una relación directa entre nuestras acciones diarias y estos acontecimientos.

 

Es por ello que no entiendo la estampa que ilustra este blog. Es el paraje de la Fuente de la Falaguera, el pasado jueves 29 de julio, en pleno cañón del Alto Tajo, término de Zaorejas. Un paraje declarado Parque Natural, Geoparque con consideración de la Unesco y uno de los orgullos turísticos de la provincia de Guadalajara.

La basura que se puede ver totalmente esparcida, en la que hay un poco de todo, desde compresas hasta platos de plástico, pasando por botellas de vidrio o pañales, es cierto que estaba el domingo bien ordenadita en bolsas de basura a pie de pista, pero como ya no hay contenedores, ni recogida de basura, los zorros, ginetas, ardillas y demás fauna de esta zona, que es bien abundante, ya se afanaron por hurgar en la basura.

Y la brisa del Tajo se encargará de terminar esparcir todos esos restos de plástico que acabarán engarzados en la rama de un pino, flotando por el río, cuando no en el buche de un buitre o en el estómago de una trucha.

Vamos a poner el primer toque de atención para esas autoridades medio ambientales y administrativas que han decidido que el Alto Tajo ya no tenga contenedores de basura ni recogida, porque aún pudiendo entender que ello sea obligado en la falta de recursos económicos, por la crisis, no entiendo como no se advierte a los visitantes de la obligatoriedad de no dejar las basuras. Hay carteles nuevos en todas las pistas del Tajo que indican las direcciones y distancias, cuanto más necesario uno que diga Llévese la basura a casa, o al menos hasta el contenedor del pueblo más cercano, visto lo visto.

Pero el auténtico rapapolvos va para ese ciudadano que ha acudido al Alto Tajo, que presume ante familiares y amigos de las aguas cristalinas, del buitre que sobrevuela en el cañón y del corzo que ha avistado en la carretera y es incapaz de razonar lo obvio, que su basura se quedará allí, para disfrutarla cuando vuelva, o para que la disfrute el que venga detrás.

No imagino yo a ninguno de estos ciudadanos dejando en fila sus bolsas de basura en el salón de casa esperando a que el funcionario de turno venga a recogerlas.

Y aún habrá alguno que me argumentará que lo mejor es dejar la basura y que contraten basureros, que así se genera empleo, como si tuviéramos que ir rompiendo ventanas, para que trabajen los cristaleros, o partiendo piernas, para que tengan tarea los traumatólogos.

Lo más seguro es que estos ciudadanos que obran así repitan visita a este uno de los parajes más hermosos de la provincia, y cuando vuelvan, incluso reniegan del guarro, sin darse cuenta ni de su ignorancia ni de su autoría.

Hay demasiados guarros que además son escrupulosos y muchos que se creen que todo lo que existe fuera de la puerta de su casa le es ajeno.

Propongo un ejercicio estúpido de conciencia medioambiental en estos tiempos tan mediáticos y de exhibición en redes. Que todo aquel que acuda al campo, además de fotografiar el paisaje y la manduca, fotografíe su propia basura, porque pueda reconocerla y saludarla, cuando vuelvan a encontrarse, y de paso, que la exhiba en redes sociales para que reciba los me gustas de sus seguidores y amigos y de ese basurero que le agradece eternamente el empleo.

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