Herreros y otros trastos viejos

Generación Sésamo

Ahora que Sesam Street cumple 40 (en España, Barrio Sésamo tendría 32), se me ocurre que todos los que crecimos con Espinete y compañía podríamos ser una generación, llamémosla por ser originales, Sésamo. Además de haber crecido con las aventuras de Don Pimpón, Ana, Chema, Ruth y demás personajes (personalmente, me gustaban mucho el Conde Drácula y Triki); tenemos en común más cosas, algunas no tan entrañables.

Somos la generación de los sobrenombres. La mayoría somos mileuristas, gorrones (los padres se las ven y se las desean para echarnos de casa), consumistas (somos el target de la mayoría de las firmas comerciales), fiesteros (muchos dicen que somos la última generación que realmente disfrutó de su infancia)... Estamos tan encantados de conocernos que circulan decenas de correos electrónicos describiendo lo bien que vivíamos antes, cuando no había tanta tontería.

Me refiero a eso de que los parques tengan que estar forrados como si los niños estuvieran en la sala blanca de un psiquiátrico al aire libre, que no te dejen defenderte de los matones en clase, que los padres hayan dejado de ser padres para ser malos colegas, que sea políticamente incorrecto llamar al gafotas cuatro ojos y al gordo, grasas. Cuando iba al cole, no recuerdo que hubiera un sólo compañero que no tuviera algún tipo de mote. Y aquí estamos.

Claro que, siendo mileuristas y sin poder ir a Ikea para convertir algo en una república independiente. ¿Tendrá algo que ver el hecho de que pudieras salir a la calle sin padres? ¿Que fuera más importante jugar que saber inglés, francés, informática, kárate, fútbol o cualquier otra cosa a la que apunten a los pobres infantes de hoy? ¿Seremos la generación Sésamo así porque merendábamos nocilla o chocolate mientras veíamos a SúperCoco?

Y es que claro, empezamos a ser competitivos en el insti o incluso en la universidad, en lugar de partir de los 8 años; no vivíamos tan sobreprotegidos (solo un poco) y somos carne de cañón de cualquier producto que diga que come las grasas que se acumulan entre los músculos y la piel y de los gimnasios y de cualquier cosa y/o lugar que asegure que adelgazas... tanto chocolate...

Debe ser eso de haber visto a Triki devorando galletas a escondidas y encontrarlo divertido, lo que hace que no nos escandalicemos de la cantidad de chorizos que hay relacionados con la política y que, incluso, lo encontremos gracioso. Quizá sean Epi y Blas los que nos acostumbraron a las broncas blandas y, por eso, el Congreso de los Diputados nos parece de chiste. Como la cancioncilla de los números en el pinball sólo llegaba a 12, debe ser por eso que cuando hablan en los presupuestos de grandes cifras, se nos escapan y somos escépticos.

Pero que nos quiten lo bailao. Después del cole, jugábamos en la calle hasta que se hacía de noche (a las seis en invierno, más o menos) y veíamos Barrio Sésamo comiendo pan con chocolate. Disfrutábamos con la Pandilla Basurilla y siguiendo los casos del Sherlock Holmes (perro) y su archienemigo Moriarty. Aprendimos a llamar por nombres equivocados a los mosqueteros de Dumas convertidos en mosqueperros y nos sabíamos de carrerilla la canción de la abeja Maya.

Podíamos pasar varias horas en la calle jugado a cosas distintas, desde cualquier juego de pelota al escondite, las canicas o las chapas. Conocimos a Michael Jackson como negro y a Madonna cantando "Like a virgin", elegíamos ser seguidores de Alaska y Dinarama o Mecano; imitábamos a Diana de "V" con ratones de gominola, sabíamos perfectamente que para ser un buen karateca había que aprender a dar cera-pulir cera o si no, aprender los movimientos de los Caballeros del Zodíaco.

Veíamos tan normal que Herman Monster (una suerte de frankenstein) estuviera casado con una vampira y tuviera un hijo hombre lobo, (aún no habíamos aprendido quién era Mendel ni nos importaba). Según te vistieras, podías ser un hortera, heavy o pijo, es decir, llevar calcetines de deporte con minifalda, camisetas de Guns'n'Roses o jerseys con cocodrilo, como los Hombres G.

Como ahora hay más canales de televisión donde elegir (antes era la primera y la UHF) y la tele pública da asco (entre grandes hermanos, vocingleras y maleducados, a ver qué canal pones) ya no habrá más generaciones que compartan el haber crecido con la tele con más homogeneidad. Quizá tengan suerte y no sean mileuristas.

Mientras tanto, la generación Sésamo seguirá recordando con añoranza las series de los 80, sintiéndonos un poco como Silvester Stallone en "Demolition Man" (propicios días). Como canta el Reno Renardo: "crecí en los 80 y sobreviví haciendo la grulla como Karate Kid. Crecí en los 80 y sobreviví, elásticos rosas y parches de Kiss".

A parque revuelto…
LO DECENTE

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