Aviso Gorra

El incendio de Chiloeches y lo que pudo pasar

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Ahora que el incendio de Chiloeches está casi extinguido, que ya casi no humea y ya no huele a chamusquina en las calles de Guadalajara, ni en Alovera o Azuqueca, y que el foco informativo ha cambiado de la nube tóxica al vertido al río o a las estratagemas de una empresa mafiosa, ahora es el momento de dar las gracias a los bomberos que se han jugado el tipo en este incendio, los de Guadalajara, los del Consorcio provincial y los de Madrid, que también acudieron a ayudar.

No son héroes, son solo trabajadores de extinción de incendios, que no tienen ni los mejores medios, ni los mejores sueldos, pero que han trabajado por encima de sus posibilidades y eso no va incluido en el contrato, sino en la profesionalidad. Por eso gracias, sin sensiblería, pero con el mayor reconocimiento por un trabajo bien hecho poniendo el máximo esfuerzo y dedicación, y sí, jugándose la vida, por usted y por mí, no por un sueldo.

“No damos abasto, es de madrugada pero los primeros minutos son tan fatigantes, tan estresantes que en pocos minutos pocas fuerzas nos quedan. Estamos pegajosos de algo, un olor fuerte, explosiones que suenan, bidones que caen a nuestros pies. ¿qué hay en la nave nos preguntamos? Aún así seguimos luchando, hay que controlarlo cuanto antes y entre todos paramos las llamas del terreno forestal y podemos salvar unas naves colindantes. Medio Ambiente nos dice que eso de lo que estamos pringados son productos de la nave, que se está desbordando. Productos inflamables, corrosivos, tóxicos. Y efectivamente, por el barranco baja un arroyo de fuego, el vertido está pasando al arroyo, y el arroyo desemboca en el río Henares”.

Esto es solo una parte del relato hecho por uno de esos bomberos de Guadalajara que ha participado en la extinción, narrando los primeros momentos del incendio de Chiloeches, que a través de este enlace https://www.facebook.com/bomberosciudadguadalajara/?fref=ts que les invito a leer al completo, para tener noción de una realidad que va más allá de asombrosas fotografías y para después, como ellos mismos proponen, seamos capaces de razonar, pensar, valorar y hacer crítica de lo ocurrido.

Porque no ha sido casi nada lo que ha pasado en Chiloeches para lo que pudo pasar. No ya solo a los medios que actuaron en la extinción, sino a una amplia población de todo el entorno, porque si la nube tóxica con la que amaneció cubierta Guadalajara el viernes se llega a pegar al suelo, o hubiera caído una tormenta inoportuna, no estaríamos hablando de olor a chamusquina sino de consecuencias graves y riesgos para la salud o de catástrofe medioambiental.

Que la empresa KUK Medioambiente S.L. ha actuado de manera clandestina y mafiosa con esa actividad de “reciclaje” de residuos tóxicos y peligrosos, que ni trataban, ni clasificaban, ni nada, con tal de hacer dinero, es algo ya evidente. Así que piensen por un momento en bidones de arsénico, o de ácido sulfúrico, de mercurio, de agentes patógenos o infecciosos y de esas otras muchas sustancias tóxicas y peligrosas que se generan en empresas como las farmacéuticas, las químicas y las papeleras, pero todos revueltos y ardiendo a la vez. No sé a ustedes, pero a mí se me sigue poniendo la carne de gallina.

Que la empresa se pusiera por nombre KUK, como el dios egipcio de la oscuridad y las tinieblas, ya es premonitorio. Que esto podía ocurrir ya lo veían venir las administraciones que han actuado clausurando la empresa, principalmente el Ayuntamiento de Chiloeches gobernado por Ahora, que en un solo año de gobierno actuó dentro de sus posibilidades, clausurando y dando conocimiento a la Fiscalía de Medio Ambiente.

Pero si esta empresa ha actuado años de manera irregular, está claro que hay que incrementar los controles, las inspecciones y la diligencia administrativa, porque sino volverá a ocurrir, en cualquier otro lugar o aquí mismo, otra vez, como antes pasó en Seseña, con los neumáticos.

Por eso una vez apagado el fuego, hay que  investigar y conocer todo lo sucedido, no solo sobre el origen del incendio, sino sobre las responsabilidades en la actuación clandestina de esta empresa, ya sea por acción u omisión, y habrá que plantearse que hay que mejorar en normativa y control sobre este tipo de empresas.

Eso y acordarnos de los bomberos, no solo cuando hay fuego, sino también cuando reclaman esas mejoras de sus condiciones laborales, de sus medios y hasta de su formación.

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