Herreros y otros trastos viejos

El fantasma de La Alcarria

Camilo José Cela no pudo escribir sobre el fantasma de La Alcarria porque en aquella época del viaje, aún no habían matado La Idea. Ya asesinada, como tenía sus cuentas pendientes con los matarifes, volvió convertida en fantasma y, ahora, atormenta a políticos regionales y provinciales. Tan ardua ha sido su labor de atemorizar, que ha llegado a asustar hasta a los habitantes de La Moncloa, en Madrid.

Emular al gran Oscar Wilde en su “El fantasma de Canterville” sería una osadía por mi parte, pero tomando su moraleja, podemos hacer una burda metáfora con nuestra dichosa Utopía de La Alcarria. Ups, perdón, quería decir autovía.

Hace muchos años, hubo un iluminado, de quien ya nadie (o casi) se acuerda que tuvo la genial y brillante idea de proponer construir una autovía que atravesara La Alcarria, sita en la provincia de Guadalajara (la mayor parte). En aquella época, las propuestas se hacían alegremente y costaba poco trabajo repetirlas varias veces, porque el pueblo estaba acostumbrado a que ninguna de ellas se cumpliera.

Y así fue como nació la Autovía de La Alcarria, una ilusión que no tenía sitio ni geográfico ni sobre el papel. Pasaron los años y la idea autovítica iba creciendo y desarrollándose, sobre el papel de los periódicos, que no sobre ninguno oficial. Algunos pensaron que iba a tener hasta hijos. Pero casi en su madurez, fue asesinada.

Nunca nadie supo quién había sido el asesino, ni Hércules Poirot lo habría descubierto, tal era el misterio que sobrevolaba sobre el fatídico suceso. Pensaron que se quedaría durmiendo el sueño de los justos, pero hete aquí que, al sentir que tenía una deuda con el reino de los vivos, su fantasma permaneció en este mundo, negándose a atravesar el umbral que lo llevaría al Otro.

Desde entonces, el fantasma de la Autovía persigue a todos los que tratan de habitar en su casa, La Alcarria. Les obliga a decir mentiras, a realizar promesas imposibles. Los hostigados por el fantasma, para tratar de apaciguarlo, destinan cada tanto, ciertas cantidades de dinero.

Estos montos, son insignificantes para la Utopía. Sin embargo, si se lo dieran a un humilde mortal, podría haberse construido un castillo, hacer un foso, recuperar con técnicas genéticas un dragón y contratar varios bufones y lameculos con los que crear una corte. Esto al fantasma le cabrea más, porque no sabe dónde va a parar el parné, ya que él ni lo huele.

Nada hay que calme al fantasma. Lo han intentado los políticos provinciales, pidiendo a Madrid más dinero. Pero Moncloa cierra el puño, cual Escarlata O’Hara, y jura que no se construirá semejante carretera. Lo han intentado los regionales. Para conseguirlo, han mandado hasta a los oradores más entrenados. Pero Moncloa sigue en sus trece.

Se niega a apaciguar al fantasma a golpe de talonario, más aún ahora, con la crisis económica que hay en el país. Los regionales dicen que no se preocupe, que le emprestan las primeras partidas hasta que puedan pagar. Pero se hacen los remolones porque, en el fondo, saben que un día u otro, el fantasma se rendirá y dejará de atormentar y se perderá en la memoria como las lágrimas en la lluvia.

RIP Autovía de La Alcarria, tus posibles usuarios te extrañan.
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