Herreros y otros trastos viejos

El embudo

Creo que la única ley que nadie incumple en este país es la del embudo, ya se sabe, para mí lo ancho, para los demás lo estrecho. Digo esto, porque me han llamado la atención las reacciones que ha habido tras los comentarios de la política de Juventudes Socialistas Beatriz Talegón y las que están mereciendo los "discursos" de los actores premiados en la gala de los Goya 2013.

 

Dijo Talegón que no se podía debatir sobre justicia social en la sala de un hotel cinco estrellas, criticando al PSOE, su partido, que haya perdido su esencia. Y la gente estuvo de acuerdo. En un primer momento, todo el mundo la alababa, pero la rosca giró en su contra. Aparecieron las voces críticas, acusándola de ser una hipócrita que vive y ha vivido del partido sin rechazar nunca nada de lo que se lamentaba.

No sé quien tiene la razón, porque no la conozco y creo que no ha publicado su nómina aún, aunque como está de moda, lo mismo esta semana nos sorprende con su "nominita" de 1.500 euros netos, una cosita normal, nada de lujos. Me pregunto qué opinarán los que se tienen que apañar con 400 euros... En fin, el tema seguirá coleando, seguro, porque dentro de su propio partido le han nacido unos cuantos enemigos, me temo.

Dijo una verdad, pero sucede que la mujer del emperador no sólo deber ser honrada, sino parecerlo y, por lo visto, las voces críticas aducen con fuerza argumentos que indican que no es la más adecuada para lanzar semejantes frases sin caer en la más pura demagogia. Me sorprende que la acusen de eso, cuando es lo que vienen haciendo todos los políticos, desde mi humilde punto de vista.

Y ahora, viene la otra parte del embudo, porque Talegón se ha llevado el lado estrecho. La parte ancha se les aplica a los actores que salían ayer a lanzar críticas contra los desahucios, el Sáhara, etc. en la gala de los Goya, que la verdad, no sé para qué la hacen con tanto boato cuando si no llega a ser por "Lo imposible", éste habría sido un año estrepitoso para el séptimo arte en España.

Maribel Verdú, por ejemplo, critica un "sistema obsoleto e injusto" que "roba a los pobres para dárselo a los ricos" (ricos como ella). Supongo que ese sistema al que se refiere es el capitalismo, vestida con un traje de firma francesa, carísimo por supuesto, y siendo la imagen de una importante cadena de centros comerciales, igual que la protagonista de "Lo imposible" dicho sea de paso.

Podría haber ido a la gala como Angelina Jolie a la premier de una película en 2007 con un vestido que, según proclamó a los cuatro vientos, le había costado 26 dólares. Verdú, con su traje de cientos de euros, dedica el premio a quienes han perdido sus casas después de haber sido imagen de una empresa que vendía hipotecas, animando a la gente a ello. ¿En qué quedamos? ¿Es bueno hipotecarse y fomentar el consumismo o no? Es que con su actitud no me queda claro.

Es un poco como lo que me pasaba a mí con mi padre cuando era pequeña. Me decía, a las nueve de la noche: "Vete a la cama que es tarde" y yo le contestaba: "Me voy cuando tú te vayas" y mi padre, invariablemente, me respondía: "Haz lo que te digo, no lo que hago".

Pues eso debe pensar Maribel Verdú, que hagamos lo que dice, pero no lo que hace... En fin, es más fácil decir que hacer las cosas. Me solidarizo, sin embargo, con Candela Peña, porque es verdad lo que dijo: los hospitales públicos adolecen de muchas cosas. Puedo decir de primera mano, no por experiencias ajenas, que en el Hospital Universitario de Guadalajara, no dan agua (pero no de ahora, de hace tiempo), que sí hay mantas, si las pides, pero para el enfermo.

Que en determinadas habitaciones la calefacción puede no funcionar y dejar el espacio a unos simpáticos 11ºC (en invierno) por un defecto de construcción que no se puede arreglar (según dicen), que no hay crema para los enfermos inmovilizados, que no hay suficientes colchones antiescaras, que no hay parches para curar esas escaras, que no hay suficiente material en general. Entiendo lo que dijo Candela Peña y creo que es verdad.

Y es ese tipo de cosas, las que nacen de las experiencias propias, las que se pueden denunciar alto y claro sin miedo a que salga alguien y nos ponga la cara colorada. Al resto de defensores de las causas que no mueven un dedo para ayudar a nadie y que hacen gala de lo contrario de lo que predican, les digo que no merecen ningún crédito.

Espejito espejito...
O nosotros o los estrafalarios