El blog de la señora Horton

El día de la Mujer Fatal

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Por la mañana hay en todas las casas quien se tira de la cama y pone a todo correr la cafetera antes de que los durmientes rebullan. El resto de su jornada es siempre un anticiparse a las iniciativas de los durmientes antedichos para allanarles el camino de espinas; un corretear aprisa entre esas magníficas estatuas. La mujer, que cada año celebra su «día» con muy buenas palabras, tiene sobre sí la idea maestra de que ha de cumplir en el silencio y supone con toda razón que el techo del mundo se caería sobre las cabezas de todas las estatuas que esperan desayunar, si ella decidiera no poner la cafetera con la que inaugura la jornada: podría no ponerla, desde luego, pero eso es tan improbable como que no saliera el sol

 

El problema de la mujer no es si tiene o no trabajo fuera de casa —trabajo hay para la mujer en todas las circunstancias, nunca ha habido en el mundo una mujer parada—, el problema de la mujer es que no sabe vender sus productos y ella misma cree que son cosa de la naturaleza; cree que su obra es lo dado, lo innato y que, sobre ese suelo, luego el hombre bordará sus tareas tan vistosas, hará sus juegos malabares tan aplaudidos.

A las mujeres nos dividen, quieras o no, en mujer-madre y mujer-fatal. Me temo que no pienso alabar a la primera en detrimento de la segunda, pues esa es una idea machista y destructiva que, aunque solapada, nos meten doblada los hombres entre las meninges. 

Un varón soporta mal que quien le pone el café sea capaz de sobrellevar la pesada púrpura de las virtudes femeninas entre las que se encuentra también la fatalidad. Ahí están mujeres de lujo como Melina Mercouri, Marilyn, Rita, y muchas más, que no sólo eran una inteligencia pensante y actuante, sino que se le podría acoplar el «¡Eres toda la Lira y eres toda la Esfinge!», exclamación pasmada de varón que se ha topado con algo que no entiende.

El mundo ya se sabe que es de los hombres y los hombres se ocupan de bendecir y alabar a la mujer trabajadora en su día. Pronuncian durante esa onomástica verdades que, no por ser antiquísimas, dejan de ser bienvenidas: que estamos laboralmente discriminadas, que quien se queda en casa no tiene reconocimiento social, que somos acosadas sexualmente que somos maltratadas por los que decían que nos iban a querer y muchas más desdichas y, pero yo, hoy, en este aniversario de 2015, voy a acordarme de ese filo fatal que poseemos, voy a acordarme de las malas mujeres a las que nunca se cita en su día, de las que llevan la perdición y la desdicha a los sacros hogares masculinos: de la mujer fatal que, contra  lo que cree el común, tampoco deja ni un instante de trabajar, aunque sea en el ominoso oficio de tejer tela de araña.

 Gioconda, Pentesilea, Salambó, Salomé... negras flores de las que sólo se ocupa la poesía, monstruas con sonrisa de mármol...Astarté,Ulalume: todas ellas mujeres inalcanzables, agujeros negros del mundo que se negaron a poner la cafetera de las que no se ocupa ni siquiera el corte inglés. Permítanme ustedes que levante mi copa también por ellas, representantes de ese borde oscuro femenino que nosotras rechazamos celebrar; que levante mi copa por ese aroma malvado que abandonamos en el lecho caliente cada mañana cuando nos tiramos de la cama para poner el café.

Rosas y espinas para la madre, colonia para el pad...
Nubes tóxicas e irritantes