Historia de Guadalajara

Historia de una provincia con un pasado mucho más apasionante del que a simple vista parece.

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EL CONDE DE ROMANONES: CACIQUISMO EN LA ALCARRIA

Publicado por en en Historia de Guadalajara

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Al contrario de lo que se suele pensar, Álvaro Figueroa y Torres Mendieta, más conocido como el conde de Romanones, no nació en nuestra provincia, pues al igual que muchas familias aristocráticas de la España del siglo XIX, la suya vivía en Madrid, lejos de sus dominios, pero donde la carrera política era mucho más prometedora que en las provincias. A pesar de eso, la vinculación de Romanones con Guadalajara es incontestable, pues sus padres eran los marqueses de Villamejor, título que llevaba asociadas importantes posesiones en la Alcarria y la Campiña y cuyos antepasados entroncaban con los antiguos Mendoza llegando hasta el mismísimo marqués de Santillana.

Romanones fue uno de los más importantes políticos del conflictivo reinado de Alfonso XIII, en esas décadas convulsas que precedieron a la Guerra Civil. Desarrolló su carrera política en Madrid, vinculándose al partido Liberal de Sagasta, llegando a liderar su facción más importante. Gracias a su habilidad para maniobrar en las siempre turbulentas aguas de la política, y a su inmensa fortuna, su ascenso político fue imparable, llegando a ser presidente del congreso de los Diputados en 1912 y presidente del Gobierno en 1912-1913, en 1915-1917 y en 1918-1919, además de ministro en diecisiete ocasiones. 

Ciertamente, el personaje de Romanones es interesante, pues fue uno de los dirigentes de uno de los partidos que hoy podrían denominarse como “progresistas”, salvando las distancias propias del paso de aquella España a la actual. De hecho, su política fue duramente criticada por los grupos más conservadores, mientras que sus partidarios le comparaban con los liberales británicos y franceses. En una ocasión, cuando se le comparó con el gran político liberal británico Gladstone, Romanones, siempre escéptico y de verbo castizo, respondió “a Gladstone le quisiera ver yo aquí con esta tropa”. Su carácter de hombre católico, pero partidario de alejar a la Iglesia del poder civil, y de profundizar en la libertad religiosa, le ganó enemigos en el clero, como el obispo de Tuy, a pesar de que llegó a firmar acuerdos muy beneficiosos para la Santa Sede.

No obstante su fama de político palaciego sin escrúpulos, a sus gobiernos se deben tres grandes avances sociales en España: la jornada de ocho horas, la libertad de cátedra, y la incorporación de los sueldos de los maestros al presupuesto del Estado, que hasta ese momento habían vivido de la caridad de los más pudientes (motivo éste por el que el conde goza de un monumento en la plaza de Santo Domingo de nuestra capital). 

En la otra cara de la moneda, y a pesar de este perfil tendente al progresismo, Romanones representa el caciquismo más despiadado de la España de la época. Guadalajara era el feudo del que Romanones conseguía los votos suficientes para ser diputado, siendo elegido por nuestra provincia de manera ininterrumpida desde 1888 hasta 1936, año del comienzo de la Guerra  Civil, lo que demuestra su control sobre la política local. 

Su incontestable dominio en las elecciones no se debía precisamente a su preocupación por la provincia a la que representaba, sino a su extensa red clientelar y caciquil, que cuidó con gran esmero. Romanones conocía su jurisdicción, y su enorme poder económico le servía para cambiar lealtades por favores para extender una enorme red de influenciass que le garantizaba los votos necesarios para ser elegido diputado, a veces desincentivando que incluso se presentaran los rivales, sabedores de la imposibilidad de ganarle, y en algunas ocasiones con su propio partido apoyando a otro candidato en Guadalajara. En la España del “pucherazo”, práctica por la que el partido en el gobierno manipulaba las elecciones para seguir ganando, Guadalajara permaneció fiel durante décadas al conde, inamovible ante las tendencias políticas conservadoras o liberales imperantes en cada momento. 

Ciertamente, Romanones supo cuidar los detalles, y asegurar que aquellas familias alcarreñas que le votaran tuvieran trabajo a cambio. Aquellos que tenían algo de formación y que demostraban su lealtad eran llamados a Madrid para servirle en oficios más cualificados. De hecho, en una de las ocasiones en las que perdió el poder, los periódicos madrileños bromearon diciendo que tendrían que poner un tren especial de Madrid a Guadalajara para devolver a todos aquellos que Romanones había colocado en puestos en los ministerios. 

Era habitual que Romanones acudiera a la provincia en los días de las elecciones, para comprar votos por dos pesetas, tarifa que él había fijado y que para los campesinos de los pueblos de la Alcarria era suficiente incentivo para votar a quien se les dijera. En una ocasión, su rival conservador, Maura, decidió disputarle el escaño pagando a los alcarreños tres pesetas por voto, esperando así arrasar en las elecciones. Cuando se enteró, Romanones se dirigió a Guadalajara y anunció que daría un duro a cada uno que le trajera su voto y las tres pesetas que le había dado Maura. Así, los electores se llevaron cinco pesetas cada uno, él pago las dos que solía dar, ganó las elecciones, y el pobre Maura quedó sin escaño ni dinero. De aquella jugada quedó la expresión “dar duros a tres pesetas”, que aún se escucha decir en algunas ocasiones a nuestros mayores.

No obstante su perfil de cacique, cabe decir que fue un hombre de gran cultura. Doctor en Derecho por la universidad de Bolonia, miembro de la Real Academia de la Historia, presidente de la Real Academia de Bellas Artes, fundador de un periódico y prolífico escritor, Romanones fue uno de esos políticos que supo utilizar su formación, ingenio e inteligencia para conseguir el poder. Altivo y pendenciero, se conocen varios duelos en los que participó durante su juventud. Era consciente de la fuerza de la palabra, y no dudaba en criticar a sus adversarios con feroz dureza, como cierta anécdota en la que un diputado rival, de muy escasa estatura, subió a la tribuna para exponer sus argumentos contra la política del conde. En aquella ocasión, Romanones interrumpió al orador y le dijo “perdone su Señoría, es mi deber recordarle que el reglamento de esta cámara dicta que todo diputado debe ponerse en pie para hacer uso de la palabra”. Las carcajadas de sus partidarios en la cámara hicieron callar a su rival, y a partir de ese momento ya dio igual lo que éste argumentara. Era su forma de hacer política, con ataques de brocha gorda que dejaban grandes titulares en la prensa, y que le hicieron ganar admiradores y enemigos por igual. A pesar de esta actitud, supo encajar bien las críticas y respetar la libertad de prensa, que muchas veces le caricaturizaba con su conocida cojera, consecuencia de una caída de un carruaje en su juventud. Suya es también la famosa anécdota de cuando intentó ser elegido miembro de la Real Academia de la Lengua, para lo cual trató de ganarse el voto de todos los académicos uno a uno, lo que exigía mostrarse servil y humilde con todos ellos, algo que sin duda debió ser duro para el entonces primer ministro de Alfonso XIII. Tras haber asegurado, al menos en teoría, los votos suficientes, Romanones regresó a sus labores políticas. La tarde en que la Academia estaba eligiendo al candidato para el sillón vacante, el conde estaba en el Congreso de los Diputados en una sesión ordinaria. A su asiento se dirigió uno de sus secretarios en mitad de la sesión, con la cara pálida, para informarle del resultado de la votación: “señor conde, no ha tenido usted ni un solo voto”. A lo que el cacique alcarreño contestó una de las frases más repetidas de la política española: “joder ¡que tropa!”.

Romanones, en definitiva, representa una época muy interesante de la política española en la que ésta estaba dominada por una clase aristocrática decadente, tan criticada por Ortega y Gasset, que fue incapaz de revertir la situación Española en uno de los momentos más bajos de su historia. Cuando estalló la sublevación militar de 1936 Romanones estaba dedicado a sus negocios, pero pronto comenzó a simpatizar con Franco, llegando a participar en la comisión encargada de justificar el golpe contra la República, y la falta de legitimidad de ésta. Tras la guerra, formó parte de las Cortes franquistas (1943-1946) falleciendo en 1950. Es significativo que uno de los personajes históricos más vinculados con nuestra provincia haya sido, precisamente, el prototipo del cacique español.

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Javier Plaza de Agustín (Guadalajara, 1980) es Doctor en Historia por la UNED, especializado en el estudio de la Edad Media en Castilla. También es licenciado en Historia por la UNED y en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Alcalá. Fruto de su pasión por la historia y su cariño por su tierra surge esta página, en la que se irán publicando distintos artículos sobre la historia de Guadalajara y sus pueblos, siempre con un estilo sencillo, así como la máxima rigurosidad y respeto a la verdad, con el objetivo de acercar al lector el conocimiento de la historia de una provincia con un pasado mucho más apasionante del que a simple vista parece.

Comentarios

  • Invitado
    Juan Pablo Mañueco Martínez Jueves, 05 Abril 2018

    ROMANONIA, ROMANONIA:
    dos siglos del mismo sistema caciquil en Romanonia (y la única forma de salir de él)


    Romanonia, Romanonia,
    tierra de caciques grandes,
    de políticos colonia
    y de cuanto, oh jefe, mandes.

    Romanonia, Romanonia,
    medio siglo te compraren
    -en pública ceremonia-
    votos que al cliente te ataren.

    Romanonia, Romanonia…
    ¡Cómo no estar en tu sangre,
    la Corrupción, si es tu historia!
    Antes de abuelos de padres…

    Romanonia, Romanonia.
    A dos pesetas votares.
    Un voto, dos rubias novias.
    Y amén, ganes voluntades.

    Romanonia, Romanonia,
    ¡qué mala que son las hambres!
    ¡Así, de forma periódica,
    se saca de votos carne!

    Romanonia, Romanonia.
    Y una vez que el con-Trincante
    elevó voto a más sólida
    cifra: ¡a los doce reales!

    Romanonia, Romanonia.
    Duros a doce reales
    ofreció amo de victoria
    por voto y cuartos tunantes.

    ¡Todo quedó como antes,
    y arruinado el con-Trincante!

    Romanonia, Romanonia,
    Tras de cincuenta años antes,
    sigue contando la Historia
    cuarenta otros militares.

    Romanonia, Romanonia.
    ¡Ya la carne no probares,
    porque no se tiene memoria
    que en ese tiempo votares!

    Romanonia, Romanonia,
    Hoy caciquismo hay bastante…
    Mas de una forma de hoy propia:
    el dinero está en las calles.

    Romanonia, Romanonia,
    Los partidos te lo amarren
    y no te dan ni la copia:
    Pancartas, farolas, calles.

    Romanonia, Romanonia.
    Televisiones a mares.
    Radios que alaban sus glorias.
    Sólo buzonean grandes.

    Romanonia, Romanonia,
    Hoy ya no cobras tu parte,
    la caciquil ceremonia
    te manda… votes y calles.

    Romanonia, Romanonia.
    Y eso es lo que tú haces,
    Dimitir de cosa sólida
    En el cacique que nombras.
    ¡A orden de constitucionales padres!

    Romanonia, Romanonia.
    Pero caciques aquellos,
    E igual de caciques estos.
    Ya en dos siglos de muy cómica

    sólo formal ceremonia.
    ¡Compraron a tus abuelos y padres!
    ¡Y sigue contigo la historia ilógica!
    ¿Te extraña que “Corrupción” este país se llame?

    Romanonia, Romanonia.
    Te he vuelto a decir lo que pasa,
    ¡Atado de pies y manos te abraza,
    un sistema que quiere que no hagas nada!:
    ¡Votar, marchar y callar!, hasta una nueva llamada.

    Si quieres solucionarlo, repasa
    lo que aquí has leído y alarga
    la vista a las soluciones que sí traerán el mañana:

    ¡Eliminar la prohibición del mandato imperativo
    a los elegidos por sus votantes es la primera reforma constitucional que se haga!

    ¡Y la segunda crear de forma muy sencilla y barata
    el Cuarto Poder –el Poder Permanente de la Sociedad-
    que a los tres del Estado supervise, demande y manda!

    Si no, Romanonia, Romanonia,
    todos serán idénticos caciques.
    Aunque ahora señorías elegidas pero autárquicas, les llaman

    (Escrito a favor de la Constitución de 1978, que es respetable y aceptable dentro de lo que cabe.

    Pero que debe ser reformada no en los sentidos inútiles que se están proponiendo –para consolidar el bienestar de los partidos y de los políticos- sino especialmente eliminando el artículo 67.2 (que está ahí entremedias del articulado y del que nadie habla; pero que imposibilita con sus doce palabras toda opción de democracia verdadera, atando y anulando al votante; e instaurando un régimen caciquil de señorías autocráticas: ellos se lo guisan y ellos se lo comen )

    Juan Pablo Mañueco

    Sobre autor, vídeo:

    https://www.youtube.com/watch?v=HdKSZzegNN0

    La única solución, en una comedia de humor tremendamente divertida... "La comedia de la Vieja y Nueva Política"

    En papel:

    http://www.librerialua.es/index.php?menu=busquedas&valor=ma%F1ueco+comedia

    En libro digital

    https://www.amazon.es/comedia-Vieja-Nueva-Política-Antimaquiavelo-ebook/dp/B01HJF7O3Y/


    NOTA: Se observará que el texto comentario sigue bastante al hilo los conceptos sobre la Guadalajara/España de Romanones, en la que por cierto continuamos (pero ya, sin percibir duros a tres pesetas)

  • Invitado
    Juan Pablo Mañueco Martínez Martes, 03 Abril 2018

    Gran descripción de la época de Romanes en Guadalajara. Por cierto que si el señor conde fue "nuestro" respresentante político "de manera ininterrumpida desde 1888 hasta 1936", teniendo en cuenta que los métodos caciquiles en la política provincial (en toda vida pública alcarreña, en realidad) no han variado apenas... yo creo que a Guadalajara se le podía rebautizar como Romanonia eterna, y sería más exacto tal nombre.

    Felicidades al autor. Y un abrazo.

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Invitado
Invitado Miércoles, 25 Abril 2018

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