El blog de la señora Horton

Dos mil años barajando

Escuchando este concierto de Navidad del año 1999 para celebrar el paso de siglo y de milenio en Viena, con todas las mejores voces de nuestra especie cantando ese villancico eterno, en un escenario lujoso, me he sentido emocionada. Emocionada por pertenecer a este grupo, el único trozo mínimo del universo conocido capaz de tener conciencia de sí mismo.

Si nos atenemos a los años de historia, llevamos dos mil años colonizando este planeta minúsculo. Somos los habitantes de una galaxia, una entre doscientos mil millones, que depende del Sol, estrella de poca categoría, una cualquiera entre otros trescientos mil millones, situada a veintisiete mil años luz del centro de la Vía Láctea, cerca del brazo interior de la espiral de Orión.

  Llevamos, como decía, dos mil años barajando: metiendo mano a la  naturaleza,  la propia y la que nos rodea. Y si muchas veces he criticado  duramente a este grupo exiguo de seres que se toman el trabajo desconcertante de tratar de mejorar todo para luego destruirlo, no es menos cierto que otras veces han destruido todo para crear algo mucho mejor que lo que se encontraron.

Desde que la primera bacteria se juntó con la primera arquea para dar paso a los organismos multicelulares y la evolución condujo a aquellos seres hasta nosotros, cosas también muy buenas se han sucedido. Escuchando ese espectáculo que les ofrezco al inicio de estas consideraciones, podrán comprender que no todo está perdido.  Durante estos dos mil años, este animal que somos ha compuesto la música más emocionante, ha escrito los mejores libros, los amores más generosos se han sucedido, los edificios más ricos se han levantado, las ciudades más espléndidas, los poemas más bellos y las teorías científicas más contundentes han sido imaginadas. Este es un mundo de lujo creado por individuos de lujo. Y todo es producto de nuestra rara especie humana.

¿Quiénes somos, en realidad? Somos un animal sexuado, de la especie de los mamíferos, del orden de los primates, del género homo, de la especie sapiens. Somos un cuerpo de millones de células, renovado día a día a lo largo de cuatro mil millones de años. Nuestro cerebro originario, reptiliano, se rodeó de otro límbico y más tarde se mejoró con el neocortex a través del cual comprendemos y manejamos el mundo. En el centro de nuestra psique reina el deseo como motor principal. Pero lo más importante de esta estructura es que tenemos autoconciencia, nos vemos vivir y somos capaces de crear entramados conceptuales complicados y simbólicos complejos Y sospecho que hay aún un futuro inimaginable esperando a quienes nos sucedan y parece que nuestra obra no vaya a encontrar fronteras.

Pero claro, no todo es bueno ni respetable en la Humanidad. Somos unos superpredadores. Los más peligrosos que existen: medio mundo muere abusado por el otro medio. El planeta en el que vivimos sigue siendo expoliado sin contemplaciones para el enriquecimiento de algunos y los hombres se defienden unos de otros invocando a dioses y a intereses (¿quizá sean la misma cosa?).

El hombre avanza y cuando ve obstáculos enciende guerras. Durante ellas, piensa, se desplegará un horizonte de descubrimientos que les impulsará a un avance acelerado...a costa de eliminar vidas tan valiosas como las propias y sembrar la destrucción y el dolor entre sus semejantes. ¿Que se podría pensar de esta colectividad vista desde fuera, desde un organismo ajeno y con diferentes reglas de las nuestras? ¿Tendrán los hechos que nos hacen llorar un sentido que no somos capaces de encontrar?  Si el bien y el mal son reglas frías que se fraguan en otras dimensiones a las que no tenemos acceso ¿son por ello inefables e incontrolables?

Podemos observar el mundo de los animales, pero nos está vedado nuestro mundo interior y no me refiero al de la persona, que aún puede con un ejercicio de introspección acercarse a lo que se cuece en sus fogones, sino al de la especie.

¿Qué significa ser humano? Pues según Pascal los homínidos somos un eslabón entre la nada y el todo; un eslabón que es incapaz de ver la nada de donde es sacado, ni el infinito hacia el que es atraído.

Es posible que vayamos a un infinito, pero lo que sí es rigurosamente cierto es que somos productores de cultura. Pero no al estilo de otros animales superiores que logran adoptar reglas universales para sus acciones culturales (forma de un nido, costumbres sexuales) no. Este homínido es capaz de crear formas individuales: un cuadro, un poema, una sinfonía que pasa a pertenecer a la especie como una de sus mejores banderas. Y todo esos actos individuales y derrochadores (toda creación es un derroche)  forman un tejido que reúne, define, diferencia y une a la especie.

Somos además, como dije, superpredadores: manejamos a la naturaleza, dirigimos sus pautas o se las cambiamos. Todo esto nos dota de una capacidad heurística, es decir la posibilidad de innovar manejando las cosas para nuestros propios fines: por ejemplo producir frutos con o sin semillas, es decir, castrarlos o no, a antojo.

Pero también nos diferenciamos de todos los demás vivientes en que realizamos la cópula cara a cara y en que sabemos que vamos a morir, cosas ambas que despiertan mareas de emociones a las que los animales no tienen acceso.

En definitiva, que usted y yo  somos unos mas de esos que entonan Noche de Paz en el vídeo de la Navidad de Viena, cantando emocionados por el nacimiento de un dios al que, pasados unos años, vamos a matar.

Doble P, dos PP
Lobos