Herreros y otros trastos viejos

Dinero que no vale

Hace unos días, saltaba la noticia de que están pensando en hacer “desaparecer” las monedas de 1 y 2 céntimos de euro porque resulta que valen más de lo que se marca en la cruz de la propia moneda. Al estar acuñadas en cobre en su mayor parte y haber subido tanto el precio de este metal en los últimos tiempos, resulta que a la UE le cuesta más acuñarlas que el valor que representan.

 

 Y la solución que se les ha ocurrido a las maravillosas mentes pensantes de los poderosos es: pues como valen más de lo que representan, se dejan de hacer y listo. Y para apoyar la “idea” argumentan que en otros países como Finlandia ya las han eliminado.

 Me parece estupendo que en Finlandia hayan tomado esa decisión, pero no creo que los resultados para la economía de los ciudadanos españoles sea la misma que para los ciudadanos fineses. Y lo puedo argumentar.

 En primer lugar, la renta per cápita en Finlandia es superior que en España.

 En segundo lugar, cuando Finlandia decidió adoptar el euro como moneda nacional, no experimentó una subida de precios reseñable, tan solo aumentaron el IPC previsto, igual que el año anterior. De hecho, los precios no se dispararon hasta 2009, momento en que comenzó la crisis, siete años después de que euro fuera su moneda oficial.

Sin embargo, en España, en el año 2002, el IPC subió un 4%, mientras que en 2001 los precios se incrementaron solo un 2,7%. Es una subida bastante significativa. Esto demuestra que la economía finlandesa y la española no reaccionaron igual a idéntica situación: la implantación de una nueva moneda.

Y los ejemplos son múltiples y de uso corriente, como el significativo aumento que sufrió el café, que empezó a valer 1 euro, cuando lo normal era pagar unas 80 pesetas-100 pesetas (pasó a costar 166 pesetas). Los sueldos sin embargos, se convirtieron a euros de la forma más escrupulosa posible y el famoso redondeo –siempre al alza- la mayoría no lo olieron.

Y ahora, los finlandeses han decidido retirar esos céntimos con valores de 1 y 2 y seguro que a la hora de redondear habrán seguido la máxima matemática, hasta tres, el redondeo se hace a la baja y por encima de tres, a la alta. Mi pregunta es: ¿Pasará lo mismo en España?

Si la honradez fuese norma, la respuesta es rápida: por supuesto. Pero como la experiencia es un grado y ya tenemos la triste experiencia de 2002, me da a mí, que los precios van a tender a subir y no poco. Porque muchos dirán: hombre un céntimo no va a ninguna parte. Y estoy de acuerdo, pero muchos céntimos sí. Y de hecho, deben suponer mucho, porque de lo contrario, si no fueran “a ninguna parte”, no se habrían planteado su eliminación.

Imagino que antes de elegir esta posibilidad (la de la muerte de los pequeños céntimos), los estadistas, políticos, economistas y banqueros, habrán tomado en consideración otras posibilidades, como acuñar las monedas en otro metal no tan valioso, por ejemplo, el mismo con el que se acuñaban las pesetas “morenas”.

De este modo, el valor de cada moneda sería el que se marca en su respectiva cruz y no tendríamos que esperar que primara la honradez a la hora de redondear precios hacia el cinco o la decena.

Al final, harán lo que les salga del moño, considerando como siempre lo que vaya bien a la macroeconomía y olvidando, de nuevo, a los sufridos ciudadanos de a pie, que tendremos que sufrir de nuevo un escandaloso aumento de los precios. Eso sí, seguro que los salarios se quedan tal cual o redondean a la baja.

 

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