Un zángano en el palmeral

DIAGNÓSTICO

Estos días acudo al hospital. Los médicos especialistas intentan saber, mediante las pruebas oportunas, si sufro o no el “síndrome del galgo”, un trastorno cuyo nombre responde a características en ningún modo emparentadas con la trama de dopaje recientemente investigada por la Guardia Civil.

Esta rara enfermedad consiste en un apetito nocturno, desmedido y puntual- se registra siempre a la misma hora- que sólo se calma con la ingesta de dulces de todo tipo. Si tal impulso no se satisface, sucede un cuadro de ansiedad e insomnio similar al que padecen las personas privadas de la dosis de droga que necesiten. Como buen zángano siempre me gustó la miel y, en este caso sí, el hábito hace al monje.

He sido un goloso redomado, un galgo que decía mi madre, y puede ser que, de tanto destapar y destapar el bote de las galletas la gula que se me pueda atribuir se haya superado a sí misma… En fin, que no sé que será, será, ya me dirán los que sí saben. Y, entre los que saben, saben, porque se informan y nos informan, están los periodistas.

Precisamente los de GUADAQUÉ. Y lo digo porque se han enterado de algo bien interesante. Algo sucedido entre autoridades sanitarias y políticas en Castilla la Mancha. Parece ser que hay un acuerdo “suscrito por el consejero de Salud y Bienestar Social, Fernando Lamata, y el director del Instituto de Salud Carlos III”. Según el pacto al que aludo “se facilitará el intercambio de información entre el Registro de Enfermedades Raras de Castilla-La Mancha, creado en septiembre de 2010,  y el Registro Nacional de Enfermedades Raras, puesto en marcha en 2005 por el Instituto de Salud Carlos III”.

Así es que, cruzados todos esos datos, se podrán obtener informaciones indispensables para diagnosticar y paliar o curar, cual es el lógico deseo de pacientes y sanadores en estas lides del bienestar físico y emocional inmersos. Tanto es como relato, que pienso contribuir a la iniciativa contada poniendo a disposición de las autoridades el detalle de algunas enfermedades rarísimas que conozco y, actualmente, de dudosa solución…

Por ejemplo la malformación de las extremidades superiores o mal del cazo. Casi una dolencia laboral que afecta a políticos, empresarios y profesionales- mayoritariamente- acostumbrados a disponer las articulaciones de sus brazos de tal manera que, la recepción de todo tipo cobros a cuenta del encargo de ciertos favores, suceda sin que la mano derecha desconozca lo que hace la izquierda y, viceversa.

También el vaciado craneal mediante succión de agentes dípteros o perjuicio de la mosca cojonera. Cuadro de fiebres altísimas que conducen al delirio. Los enfermos se ven obligados a contactar con propios y extraños, incapaces de contener sus deseos por hacer público el número creciente de amigos que lo son suyos en Facebook o Twitter… Por supuesto hay más, muchos más y más terribles, pero, me disculpan, no son horas de amargar continuamente y, la broma puede llegar hasta aquí. Al fin y al cabo, por una vez, son buenas noticias.

Las listas
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