Un zángano en el palmeral

BRUTALIZACIÓN GENERAL

Determinadas épocas del año, por ejemplo la primavera, son propicias para que emerjan, acaso con más encono, afecciones tremendamente molestas, aunque por suerte crónicas, como las alergias. Un detalle de cultura general y probable respuesta de las que se demandan en una primera tanda, para que se confíen los participantes en concursos televisivos de premios supermillonarios.


Nada hasta ahora por lo que preocuparse. Es verdad que son periodos inclementes para muchas personas, pero los medicamentos que se recetan surten o suelen surtir los efectos de alivio necesarios. Sin embargo, aunque sucede cada cuatro años- y también lo saben quienes ven la marca del mapa del tesoro donde hay que escavar, en ese espacio de fama televisada que renta cual si del mismísimo cuerno de la abundancia se tratara- “cada cuatro años”, digo, con  el respaldo de las autoridades sanitarias incluso, caen las barreras y un fenómeno de irritante e inmediata difusión contagia a todo hijo- o hija- de vecino. Hablo de la propaganda electoral, esa cantinela que llama a que pongamos a unos para que se quiten los otros en función, no de lo bueno que hacen- porque sus promesas son ponzoña que eliminaría elefantes- sino de la fe que debiéramos profesar por ellos… ¿Ellos? Los políticos, claro. Valerio, Román, Maximiliano Romo, Lucas Lucas… Por ejemplo. Que ellos, los políticos, protestarán anunciando la prístina y bondadosa vitola de todas sus actuaciones y el inmaculado interés por la ciudadanía y el bien común que tienen, claro está. Tan claro como que es materia, la originaria de los dichos bienintencionados propósitos, con la que se han hecho chistes, parodias y suele dar lugar al esperpento. Por lo tanto, podría quedar la cosa en otra oportunidad para perder las horas, escuchando monsergas acerca de algo que debiera ser mucho más serio. Podría proponer algunas "gracietas", hacer acopio de ironía y, por llover sobre mojado, saldar el asunto con el insustancial recordatorio de lo ya sabido. Mas, he ahí que, aprovechando unos momentos de relax porque ni siquiera combatir al “ultra malvado” Picudo Rojo merece dedicación exclusiva, leo un artículo de opinión publicado en el diario INFORMACIÓN DE ALICANTE*. La pieza, titulada BRUTALIZACIÓN DE LA POLÍTICA- de la que es autor Cecilio Nieto- se fundamenta en el concepto citado, según el articulista manifestación original debida al historiador francés G. L. Mosse. Parece ser que el cronista galo aplica la noción mencionada al fascismo y a sus dos características principales: la indiferencia ante la muerte en masa y el deseo de destruir totalmente al enemigo. Pues bien, interesado en ese juicio me adentro por los vericuetos de la prosa con la que se explica el señor Nieto, y enseguida me doy cuenta del error: el comentarista peca de lo que predica como inadecuado. Al menos al señalar sólo una parte de lo cierto, cuando hace hincapié, nada más, en lo que concierne a las huestes “zapateriles”, víctimas de las insidias insultantes y violentas empleadas por sus antagonistas conservadores. Y, ¿para qué? Pues para lograr- como se deduce de lo expuesto en la perorata a la que aludo- la “destrucción total del enemigo”. Del enemigo, en este caso, del enemigo Socialista… Como si los socialistas- y los otros y los otros y los demás- fueran angelitos inocentes dignos del Paraíso, siempre correctos, elegantes, incompetentes a la hora de conducirse de una manera distinta a la que dictan las pruebas y buenos argumentos. Como si hubieran acreditado un contrastado continuo de limpieza y, lejos de ejercer la “brutalización política” que sus partidarios- y ellos mismos- achacan a otros, promediaran una calificación matricula de honor en lo que a la política con mayúsculas se refiere. Vamos, ni ellos, ni nadie entre los de su “gremio” por desgracia… En fin, que cada cual escarba en el ojo vaciado del de en frente a ver cuanta sangre puede hacer aún y, aunque tampoco esto es novedad, que venga acompañado de violines y trompetas, frases, hechas, fotografías, documentales, videos, canciones, fiestas y todo tipo de oferta lúdica a propósito de lograr complacientes votos, es de lo más cargante. Bochornoso, antisocial, de vergüenza sin duda. De modo que, aunque fuera para próximas citas: ¿no se podrían ahorrar la farsa? Nos cuesta a todos tantísimo dinero…

*/      http://www.diarioinformacion.com/opinion/2011/05/05/brutalizacion-politica/1123143.html

¿Qué ha pasado?
Madre

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