Un zángano en el palmeral

BLANQUISTAS… y 3

Los periodos de negociación política que se llevan a cabo para constituir centros de poder conforme a las necesidades de las distintas administraciones, coinciden con una de sus posibles metáforas: el crupier da la voz de inicio, “Hagan juego, señores”, y, cuando concluye el tiempo estimado inicialmente, avisa de que las apuestas ya no pueden ser modificadas. No caben más ni caben menos: “No va más”. Por lo tanto, cálculos y calculadoras, filias y fobias, estrategias e iniciativas, propuestas y proposiciones, matrimonios, divorcios, poliamor… variedad y combinaciones. Salvo que, seguramente no van a contar con nosotros: los blanquistas…

 Porque, claro, merecemos un lugar entre los que participan de las oportunidades administrativas que, en mayor o menos medida, han logrado todos los demás. Los que votaron tan torpemente como para que su intervención fuera considera nula, no, pero quienes hemos hecho uso de nuestro derecho a manifestar un parecer válido y que, fruto del cual, se origine un tipo de poder y de influencia, no nos vamos a quedar de brazos cruzados. No, así caigan chuzos de punta o se alíen las arenas del desierto para promulgar el estado de sol permanente más allá de los límites razonables. Tenemos derechos y tenemos obligaciones. La obligación de estar en desacuerdo con todos y, sin embargo, parcialmente o en toda su integridad, dar por buenas algunas iniciativas que han dicho que piensan emprender partidos y políticos de todas las ideologías. Incluso de las peores, sean cual fueren esas ideologías… como parecerá de tontos el hacerlo y como creo que por ese camino- el de explicar que, dar por buena una parte, no es lo mismo que aceptar como ideal el todo- solo se llega a tratar al lector de tonto, ahorro a la concurrencia detalles y disculpas. La obligación de manifestar, a nuestra vez, medidas que contribuyan al bien común- un servidor, por ejemplo, está muy preocupado por establecer normas educativas y sancionadoras que permitan proteger a los peatones de los distintos agentes invasores que entorpecen su libre paso por el espacio público que se nos destina- … que contribuyan al bien común, y permanezcan en los códigos sin miedo a que se modifiquen o se neutralicen por mor del capricho de tal o cual responsable que alcance el poder. La obligación de decir que estamos aquí, que somos una minoría y que también hemos hecho nuestra apuesta. Que nadie se extrañe, si la bolita cae en la casilla que hemos elegido, la inmediatez de nuestro premio y que nos manifestemos orgullosos de haber votado en blanco. 

Noticias taurinas frescas, para una canícula a mod...
¡Ay qué pesados!