Un zángano en el palmeral

Blanquistas 2

Antes de que se iniciara la primavera algunos proveedores de información meteorológica ofrecían sus vaticinios de cara a lo que habría de suceder durante la estación que antecede al verano, la que vivimos actualmente. Según los indicios que manejaban se arriesgaron a decir que sería un periodo seco y con pocas precipitaciones. El día 21 de junio, al iniciarse la tercera parte del año, cada cual, en la zona geográfica donde resida, podrá hacer una estimación exacta de lo sucedido y de si se cumplieron los pronósticos. Es como cuando los políticos, al principio de una legislatura, prometen esto, aquello y lo de más allá…

 Ellos intentan congraciarse con nosotros, también políticos, pero sin responsabilidades ejecutivas. Intentan que comprendamos lo muy atareados que van a estar para nuestro propio bien, demostrando a la vez que se ganan los dineros que perciben por atender a las necesidades de la comunidad, reparar los desperfectos, solucionar los conflictos, facilitar nuevas oportunidades de bienestar y establecer las normas que intentan contener esa inclinación humana a proceder como se dice que es propio de la selva… en la peor y menos recomendable de sus versiones. Y, en principio, no cabe la posibilidad de pensar que todos esos proyectos- a menudo parecidos pero que se llevarán a cabo de manera distinta, con distintos fines y conforme a distintos presupuestos ideológicos- que las distintas formaciones aseguran van a poner en marcha o culminarán una vez hayan conseguido la confianza de los votantes, constituyan un fraude o la salida a bolsa de solo humo. No existen pruebas y todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario. Otra cosa es conocer cuales son los presupuestos que se disponen para alcanzar las metas que se dicen son perseguidas. Qué sumas de dinero se van a destinar, de dónde proceden y si la consecución de lo prometido lleva aparejado una disminución de recursos en otras áreas de la administración. Es como la economía de casa. Alguien pude decidir que todos los fines de semana va a acudir a discotecas, bares, restaurantes, al cine y al teatro y, por eso mismo disfrutar de unos meses de alegre ocio y creciente cultura, pero, si cuenta con los mismos ingresos que en periodos en los que no ha hecho tales cosas, deberá de abstenerse en alimentación, higiene, comunicación, etcétera. Y como de esto no se habla, ni se comprometen datos precisos y, para qué vamos a engañarnos, a la mayoría le importa un pimiento porque con apoyar a los suyos ya está todo resuelto, sigue lo que sigue. Para los blanquistas, reincidir. No porque seamos inmunes al escarmiento; no porque salgamos a las calles a pregonar que somos los mejores y qué; no porque pensemos que esta va a ser la revancha de la revancha de la revancha… No. Los blanquistas sostenemos, porque nada ha cambiado- y si ha cambiado es para que todo siga igual- y, por lo tanto, en las municipales y en las europeas, también en blanco. Y si luego hay que reconocer que hemos sido muy pocos, pues es la vida. Es lo que hay.

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