Un zángano en el palmeral

ALEGRÍA

Alegría es la palabra. El término elegido para titular este registro de signos escritos que se lee por estar a disposición de cualquiera que disponga de tiempo para hacerlo así. El nombre del primer espectáculo al que asistí, en Madrid, de los que se pueden ver por todo el mundo bajo el Grand Chapiteau blanco del Circo del Sol. Una maravilla recomendable como lo será- lo confirmaré en verano- Corteo, la gala que en este 2011 verán personas que residan o visiten las ciudades de Madrid, Alicante, Valencia y Sevilla.

Alegría de compartir el inesperado momento de una despedida que resulta ser un bombón. Un dulce ofrecido por quien se marcha y que comparte con los que se quedan sea cual sea el trato que tuvo con ellos. Una celebración amistosa que distingue por igual, en ese gesto- para los ciertamente próximos, habrase prolongado- a los que cruzaron palabra con quien se ausenta y a los que no. Un acto casi mágico, lleno de generosidad que deja los rastros de la insatisfacción más razonable: la apetencia de saber, apreciar, manifestar y recibir otro tanto… Alegría de recordar a una criatura tierna y simpática, hija de un matrimonio amigo, hermana de un muchacho noble y una mujercita inteligente- estudiante, actriz novel que emprenderá un viaje para ofrecer a los rusos el arte del que es capaz junto con sus compañeros- jovencita, digo, reciente subcampeona de Castilla La Mancha de bádminton en su categoría- tiene once años- cuyas carcajadas resonaron de contento al advertir que era una broma lo escuchado por teléfono, cuando alguien que debe ser clon del autor de esta pieza, se puso en contacto con ella para felicitarle. Repitió el nombre del guasón, alborozada por el resultado, y feliz de que fuera él quien obrara de ese modo… O, al menos, así fue percibida su risa. Fue una alegría originada en la atención que le presto a este portal de noticias mediante el cual supe del mencionado triunfo deportivo… Alegría por la suerte, por la “potra” que tiene mi sobrina. Una señorita alegre a su vez, inteligente, perspicaz, guapa y respaldada por la fortuna. Que se ofreció para vender unos talones de sorteo,  rifa con sustancioso premio para el ganador, y lo hizo sin éxito: las papeletas quedaron en su poder, casi íntegramente, porque fue perezosa a la hora de vender.  Y que dispone de un nuevo saldo en su cuenta de ahorro, consecuencia del azar que la ha elegido como triunfante poseedora del billete agraciado… En fin, alegría porque toca alegría. Alegría porque conviene estar alegres cuando la alegría se manifiesta y hace las veces de combustible, de gasolina para continuar, aunque sea a menos de 110 kilómetros por hora que es lo que exige el gobierno, decidido a que ahorremos gastándose el ahorro posible en proclamarlo y en sustituir las señales indicadoras de la velocidad a la que nos es permitido avanzar por las carreteras y autopistas. Alegría porque hay mucho “marrón” diario. Alegría porque, como dijo el poeta, hay que “defender la alegría”, incluso de ella misma.

Este es mi día
A LA BASURA

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